Los cines Palacio de la Música alumbrando la Gran Vía en 1999
Los cines Palacio de la Música alumbrando la Gran Vía en 1999 - ABC

El «The End» de las salas de cine de Madrid

En las últimas tres décadas han cerrado 85 cines: en 1980 había 117 salas y ahora solo 32; el Renoir de Cuatro Caminos es la última víctima

FERNANDO R. LAFUENTE
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Borges escribió que los únicos paraísos que nos quedaban eran los paraísos perdidos, pero alguna vez estuvimos en el paraíso. Durante generaciones. Fueron las salas de cine. José Luis Garci es quien con más pasión y sentido escribió sobre los nuevos templos del siglo XX en el emocionado capítulo titulado, «Les enfants du paradis», de su libro Mirar de cine (2011). Ha contado el rito que sacralizaba el hecho mágico de ver una película en las salas de proyección, las nuevas catedrales erigidas con la grandiosidad de alcanzar una tarde, con la «sesión continua, sesión eterna» (Garci), el cielo del ensueño, la pasión, las aventuras y el esplendor.

La cola para entrar, la taquilla, las entradas (con sus diseños modernos y únicos para cada sala), el jubiloso acceso al hall, el portero que cortaba las entradas, los acomodadores con el haz de sus linternas, la señora de los lavabos, los ambientadores perfumados y el chico que vendía las chocolatinas, allí uno entraba con los amigos y las chicas, si había suerte, y surgía el momento sublime en que se apagaban las luces, el telón se abría a derecha e izquierda y la pantalla, la inquietante pantalla, aparecía para transportar a cada uno de los presentes al reino de las sombras y los sueños. Después del final, el paseo hacia casa o hacia un bar para comentar lo que había visto, los comentarios, las preferencias y las obsesiones.

De las 117 salas que había en Madrid en 1980 apenas quedan 32 abiertas

Todo eso agoniza lenta y calladamente. La sangría de cines que se cierran, de salas que ya no volverán a reunir a cientos, miles de espectadores en sus butacas, en el entresuelo y en el «paraíso» (las zonas más baratas del aforo), parece irreversible. Si se contempla la cartelera de ABC hace ahora más de treinta años (1980) se descubre, con los ojos plenos de asombro y melancolía, cómo de las 117 salas apenas quedan hoy, domingo 6 de octubre de 2013, 32.

La entrada a comienzos de ese año de 1980 costaba 1,50 euros, esta tarde, 9 euros. En el Broadway madrileño, la queridísima y cosmopolita Gran Vía, de los trece cines de entonces, sobreviven tres Callao, Capitol y Palacio de la Prensa, el resto o se han convertido en teatros (de musicales), o en salas de espectáculos o en tienda de ropa. De una calle cinematográfica por esencia, como fue la calle Fuencarral ese mismo año se podía elegir entre los cines Bilbao, Fuencarral, Paz, Proyecciones, Roxy A y Roxy B y los Minicines (3), ahora sobreviven el Proyecciones y el Paz.

En un barrio como el de Garci, el del Retiro, se podía elegir entre el Ibiza, Narváez, Sáinz de Baranda, Alcalá, Salamanca, Tívoli y Benlliure. El tiempo ha laminado las pantallas; así fue en todo Madrid.

Sin sesión continua

En los aledaños en donde uno vivía la sesión continua desapareció como fueron cerrándose cines modestos, los Ave María, Lavapiés, Olimpia, Monumental, Odeón, Fígaro, Consulado, San Carlos, menos mal que el origen de todos, el primigenio Doré se ha reconvertido en sede de la Filmoteca Nacional. Qué decir de Cuatro Caminos, en donde está semana se ha cerrado el último de una pléyade de populares salas, más de cincuenta. Y así en cualquier barrio popular de Madrid, ya fuera del centro o de la periferia.

Adiós al paraíso, adiós al momento en que, en la más acogedora oscuridad uno se metía en la pantalla y aislado de todo y todos pasaba la tarde de los sábados y los domingos entre gentes extrañas a las que admiraba y reía y sufría con ellas; ahora vienen otras costumbres, otras maneras de contemplar el cine.

Pero aquellas tardes, en aquellas salas fueron para varias generaciones un paraíso en la esquina de su casa.