El arte de los primeros hombres en el Museo Arqueológico Regional de Madrid
Felinos dibujados en la cueva de Chauvet, con una gran sensación de movimiento - abc
Exposición

El arte de los primeros hombres en el Museo Arqueológico Regional de Madrid

El Museo Arqueológico Regional presenta una exposición de las obras que legaron artistas anónimos hace 30.000 años

SARA MEDIALDEA
Actualizado:

Bisontes y caballos en las paredes de una cueva, ciervos esculpidos aprovechando la forma de un hueso, sensuales venus sobre piedra... Trabajos de artistas sin nombre, realizados hace decenas de miles de años por civilizaciones que consideramos menos evolucionadas, pero cuyo legado artístico aún nos asombra. Y quien tenga dudas, sólo tiene que acercarse al Museo Arqueológico Regional –en Alcalá de Henares– para ver «Arte sin artistas: una mirada al Paleolítico», la mayor muestra sobre el Paleolítico europeo nunca vista, que reúne piezas que salen por primera vez de los museos que las custodian.

La exposición, que permanecerá abierta hasta el 7 de abril, reúne piezas que se remontan a los 42.000 años de antigüedad. Proceden de los yacimientos más importantes de este periodo: Altamira, Tito Bustillo, Atapuerca, El Castillo, Morín o Isturitz (en España), y La Madelaine, La Ferrasie, La Marche o Mas D’Azil (en Francia).

Puede verse, por ejemplo, la «Venus del Cuerno», cuyas rotundas curvas abandonan por primera vez el Museo de Aquitania (Francia) para ser expuesta en otro país. O el hacha bifaz de piedra de Atapuerca, conocido como «Excalibur». O el propulsor –un antecedente del arco con el que se ayudaba a lanzar a más distancia y con más precisión las armas– decorado procedente de Mas D’Azil. Auténticas joyas de este arte prehistórico de cuyos autores apenas sabemos algo, salvo que eran unos genios.

Genios anónimos

«La belleza de estas representaciones es tal –dice Enrique Baquedano, director del Museo Arqueológico Regional–, que uno se pregunta si hemos avanzado mucho plásticamente en estos 14.450 años desde que se pintó el techo policromado de Altamira».

La muestra está comisariada por el profesor de Prehistoria de la UNED Sergio Ripoll y tiene como objetivo, en sus propias palabras, «rendir homenaje al legado de estos artistas anónimos». A lo largo de diez secciones, explica el medio físico en que se desarrollaron estas manifestaciones, qué útiles se utilizaron para pintarlas o cincelarlas, con qué técnicas se pintaron, qué colores se usaron y cómo se obtenían, qué motivos se representaban y qué significaban éstos.

La muestra permite detenerse ante el hacha bifaz «Excalibur», localizada en 1998 en la Sima de los Huesos de Atapuerca, una cavidad de 14 metros de profundidad en la que se hallaron restos de al menos 30 individuos, y que supone aún hoy un gran misterio. Si los humanos que allí yacen cayeron por accidente o catástrofe natural (más improbable) o si fueron arrojados ha sido objeto de estudio muchos años. Esta última posibilidad es la que triunfa, más después de encontrar «Excalibur», un hacha tallada por ambas caras, en cuarcita roja y que parece entrañar que ha existido alguna creencia o comportamiento simbólico cuando se depositaron allí los cuerpos.

Profundizando sólo un poco, es posible conocer cómo ese curioso objeto vertical que cuenta en su punta superior con la talla de un cervatillo de reno que mira a dos pájaros parados en su grupa es en realidad un propulsor, un instrumento hecho sobre hueso, que se utilizaba para apoyar la lanza y convertir su lanzamiento en algo más preciso y potente. Una herramienta de caza, pero embellecida por deseo de su propietario y que ha llegado hasta nuestros días en un magnífico estado de conservación.

Son 140 las piezas. Desde que el abate Breuil bautizara, a comienzos del siglo XX, a la cueva de Altamira como «la Capilla Sixtina del arte paleolítico», todos los estudiosos se han mostrado asombrados por su belleza.