El campeón que tuvo que vender su medalla
Francisco Aritmendi fue el primer español en hacerse con el Cross de las Naciones

El campeón que tuvo que vender su medalla

Se cumplen 50 años desde que Francisco Aritmendi se convirtiera en el primer español en ganar el Cross de las Naciones

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Pocos recordarán la efeméride que el deporte español celebrará el próximo 21 de marzo. Medio siglo ha pasado de la gesta de un pequeño y delgado atleta alcarreño. Francisco Aritmendi se convirtió en el primer español en vencer en el Cross de las Naciones, lo que ahora conocemos como campeonato del mundo de campo a través. Lo hizo de manera totalmente sorprendente y sin haber estado nunca en las quinielas de los ganadores. Y a pesar de haber sido uno de los deportistas de moda de la época, ahora pocos le reconocen cuando sale a correr. Continúa viviendo en el mismo piso de protección oficial que consiguió tras caer en el olvido y en la penuria que le obligaron incluso a vender su medalla de oro para poder comer.

De origen muy humilde, Francisco Aritmendi Criado (Málaga del Fresno, Guadalajara, 1938), pasó hambre como muchos niños de la posguerra. Un joven maestro de Cogolludo, Don Gonzalo, fue el que le metió dentro «el gusanillo» del deporte, cuando le ofreció participar en el campeonato provincial de Guadalajara. En aquella primera carrera quedó segundo. «Y le cogí gustillo a la cosa», dice con una media sonrisa. De ahí a Bilbao, a su primer campeonato de España, donde terminó el trigésimo. Al año siguiente, repitió en la competición provincial, pero esta vez quedó primero. Y en el campeonato de España logró colarse en el podio con el tercer puesto. «Llevaba unas zapatillas de cáñamo que se quedaron en el barro, y me volví a la pensión descalzo», cuenta.

«Después estuve un tiempo sin competir, hasta que fui a ver a un familiar en Madrid que conocía a otro atleta y me ofrecieron correr en su club». Así fue su primer «fichaje» por un equipo grande y empezó a vislumbrar un futuro como deportista. «Quería ser algo en la vida. Y veía que valía para correr», rememora. Se entrenaba por las noches después de trabajar durante todo el día «con pico y pala». A los 21 años, mientras cumplía el servicio militar en Zaragoza, ficha por el Club Arenas de esa ciudad y luego recala en el Barcelona.

Airtmendi recorre el mundo

Aritmendi comienza a ganar todas las carreras en las que participa, pero no le pagan por el ello. El club catalán le ofrece un contrato de trabajo que nunca llegó. En lugar de eso, trabaja limpiando el estadio. Participa en su primer Cross de las Naciones, en el que es muy criticado por su comportamiento «alocado» durante la carrera, según algunos medios. «Duele mucho que te critiquen cuando estás haciendo una cosa sin cobrar», asegura. Pero este episodio le sirve para dar un empujón definitivo. Llega al Cross de la Naciones de 1964 con energías renovadas, pensando que acabará entre los cinco primeros, aunque los expertos no le contemplan entre los favoritos. De la salida de Dublín, donde se disputa el campeonato, parten 250 corredores y Aritmendi coge pronto la cabeza. «Hacía un tiempo como el de Lasarte, donde había estado entrenando. Llovía, había barro... Hizo un día especial para mí». Poco a poco va dejando atrás a los favoritos. «Pensaba que tenía que ganar, que me había preparado para ese triunfo. Me decía a mí mismo: “esto va a ser un bombazo en España, te va a cambiar la vida”». Y ganó, pero no le cambió la vida. Al menos, como él había pensado.

Héroe nacional

Cuando regresó a España, se encontró país rendido a sus pies, aunque el contrato nunca llegó. Tiene una audiencia con el mismísimo Francisco Franco. «Para ir a ver a ese señor tenías que ser un fenómeno. Fue Bahamontes, Santana, El Cordobés, Pedro Carrasco... se pueden contar con los dedos de una mano los que fuimos», asegura. También tuvo una audiencia con Don Juan Carlos, que fue a verle en alguna competición -«vestido con vaqueros y camiseta» recuerda-, y estuvo charlando con él después de entregarle la copa. La Federación Española de Atletismo ve el potencial de Aritmendi y le paga los gastos para que se entrene en Vodolaen (Suecia), donde se prepara para los Juegos Olímpicos de Tokio del 64. El entrenador Kostar Olander llegaría a dudar de que hubiese sido él quien ganó a Gaston Roelants en el Cross de las Naciones. Pero Aritmendi empieza a hacer buenas marcas, bate el récord de España y viaja confiado a la cita olímpica. Sin embargo, al llegar a Japón, queda cuarto de su serie y no consigue meterse en las finales. «Tuve muy mala suerte, tuve muy mala suerte», repite con la lengua entre los dientes.

De vuelta a España, y a pesar de que sigue ganando carreras, no se encuentra a gusto en el Barcelona. Y una lesión complica su situación. «Andaba como un pedigüeño, pidiendo favores a todo el mundo. Y me cansé». Su mujer, Conchi, confirma cómo llegó a ser su situación: «No teníamos ni para comer. Iba a robar patatas para hacernos una tortilla con manteca». Incluso llegó a vender la medalla que le acreditaba como campeón del Cross de las Naciones. «Lo que he llorado... Muchos me dicen que me retiré muy pronto, pero ¿quién me daba de comer? Lo hice con todo el dolor de mi corazón».

Vuelta a Guadalajara y retirada del deporte

Tras un tiempo en Lasarte, en casa de sus suegros, Aritmendi vuelve a Guadalajara, donde, cosas del destino, consigue un trabajo gracias a un antiguo compañero de carreras. Abandona el deporte por completo, aunque dice haberllorado muchas veces mientras descargaba camiones. «Yo nunca fue profesional, sino amateur. Pero que un aficionado como yo llegue hasta ese punto...». Aritmendi ve una «mano negra» que estuvo detrás de que se retirase diez años antes de lo previsto, con apenas 28. «No le debo nada al deporte español, pero el deporte español me debe a mí mucho. Yo fui el padre de toda la gente que ahora vive de esto». Después de todo lo que ha pasado, dice no fiarse de nadie, que le ha cambiado el carácter. Pero, a pesar de todo, el lebrel de Cogolludo sigue, a sus 75 años, enfundándose las zapatillas mañana sí, mañana no, para practicar el deporte que le llevó a ver su nombre en los titulares de todo el mundo.