El conselleiro de Educación y Cultura, Román Rodríguez, en los exteriores de San Caetano
El conselleiro de Educación y Cultura, Román Rodríguez, en los exteriores de San Caetano - Miguel Muñiz
Entrevista

Román Rodríguez: «Usar el gallego como arma de diferenciación política es un error»

El conselleiro de Educación critica que «se haga bandera política de la lengua» y defiende el decreto plurilingüe: «Está fomentando el equilibrio»

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Con el curso escolar ya iniciado y después de medio año al frente de la Consellería de Educación y Cultura, Román Rodríguez (Lalín, 1968) analiza para ABC los retos de futuro de un departamento que coordina a más de 30.000 docentes y mil centros educativos.

—Hace siete meses que llegó a la Consellería proveniente de la portavocía de Educación en el Partido Popular. Hagamos un poco de balance, ¿se ven diferentes las cosas cuando uno ocupa los mandos de la nave?

—Son ópticas diferentes y complementarias. Desde la portavocía se ve más la aplicación política de las medidas a tomar y la traslación a la sociedad de esas medidas. Cuando estás dentro de la caldera, en la cocina del barco, no solo ves esa parte, sino que también ves cómo, para poder implementar medidas positivas para el conjunto de la comunidad educativa, hay detrás una gestión administrativa importante, que hay que tener muy en cuenta. Quizás la principal diferencia es que en el ámbito parlamentario se trabaja en temas de comunicación política, de defensa y de planteamientos. Dentro de la Consellería se combinan ambas funciones.

—Uno de los cambios que ha marcado su llegada al Gobierno ha sido la puesta en marcha del servicio de gratuidad solidaria de libros. Una medida no exenta de polémica. ¿Tienen algo de razón los que se quejan del nuevo modelo?

—Aquí lo importante es que los libros lleguen a las familias que realmente lo necesitan. Yo creo que una administración siempre tiene que tener un carácter de solidaridad y potenciar mecanismos de equidistribución de renta en el conjunto de la ciudadanía, buscando un equilibro social. Se hizo en su momento a través del sistema de gratuidad y se está haciendo ahora con los fondos de libros. Lo que se plantea es un sistema combinado donde en algunos cursos se mantiene el sistema de cheque, y en otros se pasa al sistema de fondo. El paraguas principal de la medida es que las familias que más ayuda necesitan la reciban. Puede hacerse vía cheque directo o vía banco de libros.

—Las últimas estadísticas hablan de una cobertura del 66 por ciento entre los alumnos gallegos...

—Sí, en torno al 70 por ciento.

—Las Ampas criticaron que la Xunta se estaba aprovechando de los fondos de manuales que ellos habían puesto en marcha con anterioridad para nutrir los de los centros...

—Si todos ponemos como principal objetivo ayudar más a las familias que más lo necesitan, sin duda llegaremos más lejos en el sistema. Las Ampas plantean que exista un préstamo universal, por eso hacemos un llamamiento a que colaboren con los fondos públicos aportando los recursos que las familias han depositado, y así llegaremos más lejos todos. Creo que lo que importa es que los fondos sean lo más amplios posibles, para llegar a cuanta más gente mejor. Ahora bien, nosotros partimos de que la mayor parte de los escolares, un 70 por ciento, va a recibir ayudas. Si podemos incrementar ese porcentaje, perfecto.

—Hablemos de la enseñanza universitaria. El pasado julio aproximó posturas con los rectores al presentar el nuevo plan de financiación que estará dotado con 2.470 millones, lo que supone una subida del 17%. El reparto excluye criterios históricos y promueve la financiación por resultados. Dos modificaciones importantes.

—Las universidades gallegas tienen un protagonismo sustancial en el progreso de Galicia. La universidad está implicada en el desarrollo social y económico y creo que en materia de financiación se están dando pasos importantes. Pero no solo debemos trabajar en la financiación, sino en otras líneas estratégicas. Una de ellas es la especialización de los campus, en los que estamos avanzando progresivamente. También caminamos hacia una racionalización de la oferta educativa, ligada con la especialización. Es decir, hay que acabar con las duplicidades y buscar una mayor imbricación con la sociedad civil, que es una cuestión fundamental.

—Un inciso, ¿cuándo se va a conocer el reparto definitivo de fondos?

—Tenemos ya de manera inmediata el Consello de Universidades. De ahí se podrán ir precisando datos, pero no serán estáticos. El plan de financiación tiene un fondo estructural y uno por resultados que se conectan. Del estructural ya se conoce la cantidad que recibirán, lo que no se sabe es cómo va a evolucionar. Ahora mismo se parte con un porcentaje por resultados que es del 33 por ciento, pero se va a llegar en el año 2020, como mínimo, a un 40. Con lo cual, tiene que haber un ajuste progresivo del fondo estructural para que sea más eficiente.

—En nuestra Comunidad y, en general en España, ¿se premia poco la excelencia académica?

—Tenemos que apostar por que las universidades sean cada vez más excelentes, pero excelentes en el sentido global de la palabra. Es decir, excelentes en la capacidad de dar una formación orientada a la necesidades del país, excelentes como plataforma de oportunidades y también excelentes en el acceso. Las gallegas son las universidades con las matrículas más bajas, y la excelencia es defender la igualdad de oportunidades.

—Después del momento de crisis vivido, la relación con la empresa privada es muy importante. ¿Habría que fomentarla más?

—Sí, debemos avanzar hacia ello. La universidad no puede estar de espaldas a la sociedad y no puede estar de espaldas a los sectores productivos, porque puede aportar mucho a la investigación y a la innovación. Tiene que haber conectividad entre universidad y sectores productivos, como en las universidades norteamericanas. Eso no quiere decir que la universidad sea menos pública, no privatiza, ni nos lleva a que haya menos oportunidades. Lleva a que el trabajo que se hace en las universidades tengan mayor reflejo en la sociedad.

—Ese tándem está funcionando muy bien en la FP. La gente joven lo está respaldando porque las empresas están involucradas.

—Uno de los grandes aciertos desde el 2009 fue apostar por la Formación Profesional. Pasamos de una formación que era el patito feo a una FP muy valorada y con prestigio. Se tomaron medidas importantes que consiguieron que se esté buscando el nivel que tiene en países europeos avanzados. Se impulsó la formación dual y centros vinculados con el mundo laboral. Se crearon ciclos ligados con nichos de empleo, como domótica y turismo. También becas con 14.000 jóvenes que hacen la formación en centros de trabajo. Hubo una auténtica revolución silenciosa que puso en valor la FP y consiguió que se transformase en una formación muy demandada.

—¿Es la salida a los terribles porcentajes de desempleo juvenil?

—Es una herramienta muy positiva para reducir el paro juvenil. De hecho, los alumnos de FP tienen unas tasas más bajas que otros colectivos. Es una de las mejores herramientas que hay para luchar contra el paro y también contra el fracaso escolar y el absentismo.

—Saltemos de las aulas a los tribunales. Hace unos días se supo que la RAG se plantea recurrir el decreto del plurilingüismo ante instancias europeas, pese a que el Constitucional ya no admitió su último recurso. ¿Insisten en un debate agotado?

—Para nosotros, desde hace tiempo, lo importante es que el actual decreto sirve para lo que fue ideado: para tener un sistema equilibrado de aprendizaje de las dos lenguas oficiales abriendo la puerta al inglés. Y creo que se está haciendo con normalidad. Hay un sistema equilibrado, los datos así lo demuestran, y lo que más nos importa es que los gallegos y las gallegas sean capaces de tener un conocimiento pleno de lo que son los dos idiomas oficiales. A partir de ahí tenemos que trabajar en potenciar el uso, que sí vemos que hay que fomentarlo en algunos sectores, y por eso estamos trabajando en esa línea. Pero es una cuestión que no tiene más recorrido. El decreto se está desarrollando y está fomentando un equilibrio lingüístico.

—¿Se puede decir que en Galicia existe un bilingüismo armónico?

—En Galicia nunca hubo problemas en el uso de nuestras lenguas, afortunadamente. Cada uno habla con libertad la lengua que quiere, gallego o castellano. Cualquier persona en la calle habla la lengua que desea con total normalidad y —salvo casos muy puntuales que puede haber y que son absolutamente anecdóticos— lo que importa es que cualquier persona usa con total libertad la lengua que quiere en sus relaciones sociales.

Obviamente, nosotros tenemos la misión de fomentar el gallego. Creo que la Xunta lo ha hecho en el ámbito de la política lingüística y de promoción, desde hace muchos años. Lo que sí debemos tener es un conocimiento amplio de nuestra lengua. En este caso, la escuela es capaz de garantizar ese conocimiento. Yo entiendo que no existen problemas en la calle sobre el uso de una lengua o de la otra. En la sociedad conviven con total naturalidad ambas lenguas.

—Los reproches de A Mesa pola Normalización atacando la política lingüística de la Xunta, pese al intento de acercamiento de esta verano en la firma de un manifiesto común, ¿son reflejo y ejemplo de que el gallego se usa como arma política?

—En un momento se dijo que había que hacer normal en la ley lo que es normal en la calle. Y yo digo que también hay que hacer normal en el ámbito educativo lo que es normal en la sociedad. Es decir, en la sociedad no hay un problema, ni un conflicto lingüístico. Usar el gallego como arma de diferenciación política es un error. Dentro del PP hay un gran número de personas, unas castellanohablantes y otras gallegohablantes. Y todas tenemos el mismo cariño y el mismo respeto hacia el gallego, igual que cualquier persona que milite en otra formación política. Usar el gallego como una bandera política es un error y le estamos poniendo una etiqueta que no beneficia. Debemos usar nuestra lengua con libertad y no para dividir, sino para unir.