Trampas en el monte: A la caza del ciclista

Estacas de un metro clavadas en el suelo o alambres de espino que atraviesan caminos son solo algunos de los obstáculos con los que los deportistas de montaña se pueden topar en los montes. Las mancomunidades se desmarcan de las acusaciones. Hay cuatro imputados por un accidente medular grave

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Casi al mismo tiempo que la afición por la bicicleta de montaña ganaba adeptos en la Comunidad gallega, en los senderos de los montes afloraron trampas de todo tipo para ahuyentar a los deportistas de los caminos. Estos obstáculos —en algunas ocasiones rudimentarios, en otras más elaborados— empezaron a denunciarse hace un par de años, cuando la nómina de afectados se engrosó y los ciclistas «pasaron de tener miedo a la carretera y los coches, a tener miedo al monte». Aunque no está clara la identidad de las personas que se esconden detrás de estas peligrosas trampas, de lo que no cabe duda es de la intencionalidad de alguna de ellas. «Una estaca clavada en diagonal en medio de un sendero no es una casualidad, es un claro intento de homicidio», explica Juan Torrado, presidente de la Asociación de Ciclistas Gallegos, en un charla con ABC.

Sin ánimo de criminalizar a ningún colectivo, Torrado acude a los «intereses encontrados que marcaron la historia de los montes gallegos» para encontrar explicación y sentido a esta caza del ciclista. «No se puede generalizar y está claro que detrás de cada trampa hay una persona distinta, no siempre del mismo colectivo», aclara para después incidir en los conflictos de propiedades que derivan de esta lucha por el terreno. «A veces hay senderos abiertos que nos encontramos y que, como no hay carteles ni indicaciones, no sabemos si son públicos o privados. Pero eso no justifica la violencia de algunos obstáculos que nos hemos topado», profundiza. Entre las sorpresas a las que los deportistas de montaña se enfrentan en los montes hay desde troncos colocados en medio de los caminos hasta tablas con clavos o piedras de grandes de dimensiones. Una de estas últimas fue la culpable de que un aficionado de la bicicleta acabase postrado en una silla de ruedas, víctima de una grave lesión medular, el pasado año en un sendero de Vigo. Torrado conoce la historia de primera mano. Narra que la víctima estaba practicando descensos de carácter técnico en un circuito preparado para ello. En la recepción de uno de los saltos, a la salida de una curva, el ciclista se encontró con una piedra, impactó con ella y cayó al suelo. Un compañero lo encontró tendido en mitad del camino. «Cuando vio lo que había pasado, este chico se fue a la sede de la comunidad de montes y su vicepresidente le dijo que la piedra la había puesto él. Después, cuando se enteró de la gravedad del accidente, se desdijo de sus palabras», relata Torrado. Según las actas de la comunidad de montes, «había que hacer lo que fuera para sacar a los ciclistas del monte», revelan desde esta asociación. Cuatro personas están imputadas por el accidente.

Fotos y denuncias

Fuera de Galicia, donde por el momento la mayoría de las incidencias que se han registrado son de carácter leve, han salido a la luz casos de cortes en el cuello con hilos de nylon o alambres de espino. Desde la Asociación de Ciclistas explican que, aunque por fortuna aquí los ciclistas las han detectado a tiempo, también hay obstáculos de ese calibre. En un monte de las afueras de Santiago con senderos muy pronunciados, apareció hace unos meses un alambre de espino que cruzaba un camino a la altura del cuello. Sobre estas trampas —que a menudo son retratadas y publicadas en las redes por quienes las encuentran para denunciarlas— Torrado reconoce que «hay medios en una sociedad civilizada, como vallar una propiedad o poner letreros, antes que acudir a la violencia».

La dimensión que el problema de la trampas en los montes ha adquirido en los últimos tiempos desembocó la pasada semana en una reunión entre aficionados, policía y Xunta para poner fin a estas peligrosas prácticas. Una de las medidas de implantación directa será la vigilancia del monte por parte de agentes de la Policía Autonómica. Ellos se encargarán de controlar la seguridad de los caminos y de detectar posibles obstáculos y denunciar a sus autores. A cambio, los ciclistas advertirán sobre vertidos ilegales e incendiarios, sabedores de que «el monte en Galicia está controlado por nosotros».

En la otra cara de la moneda de la caza al ciclista están los propietarios de los montes, el colectivo más señalado. Los representantes de la Mancomunidad de Montes de Pontevedra, Castrove y O Morrazo (una de las zonas con más denuncias), se desmarcan de las acusaciones y aclaran que no tienen conocimiento «de que ninguna comunidad de montes de Galicia haya adoptado este tipo de medidas, ni de que tengan la pretensión de adoptarlas en el futuro».

La voz de los propietarios

Su portavoz, Carlos Morgade, incide en que no van a defender el uso de medios violentos, pero recuerda que los montes vecinales «son propiedad colectiva de los vecinos de cada parroquia o lugar». «El monte no es un jardín» , ejemplifica Morgade para sostener que «algunas de esas trampas están en fincas particulares y responden al interés del dueño de que gente ajena no les pase por esas propiedades». Y después, expone, está el monte comunal. Un espacio que, en palabras de este portavoz de mancomunidades, invitan a los visitantes a usar porque «no nos estorban » . Eso sí, con limitaciones. « Los usos del monte están regulados y lo que encontramos a veces es gente que hace un uso irresponsable de él. Todos los años las comunidades de montes nos gastamos mucho dinero en arreglar las pistas. Aún así hay muchas que no están en buen estado, y hay zanjas y piedras», refiere a propósito del riesgo de algunos terrenos.

Hablando de las trampas que muchos ciclistas han localizado, Morgade sale en defensa de los propietarios. «Nosotros no asumimos que una comunidad pueda poner trampas que puedan causar daños a usuarios. Es más, invitamos a la gente a que haga uso del monte, pero no un uso agresivo. Creemos que hay irresponsabilidad por parte de algunos usuarios, como gente de las motos o de los quads, pero nos cuesta creer que haya comunidades de montes que hagan eso intencionadamente». Dividido, en el monte gallego se extremarán a partir de este otoño los controles para defender los derechos de unos y otros y, sobre todo, devolver la paz a los caminos.