El Deportivo vivió ante el Milan una de sus grandes noches europeas
El Deportivo vivió ante el Milan una de sus grandes noches europeas - afp
DEPORTES: 20 AÑOS EN GALICIA

El legado eterno del Súper Dépor

En las últimas dos décadas, el equipo coruñés ha pasado por momentos de gloria que serán inolvidables para muchos aficionados en toda España

Actualizado:

A mediados de la década de los 90, un históricamente equipo modesto de provincias se atrevía a desafiar la hegemonía de Real Madrid y Barcelona. El Deportivo de La Coruña avanzaba desde su vuelta a la Primera División del fútbol español con paso firme, hasta llegar a convertirse, en cierto modo, en el equipo de todos. El cuadro blanquiazul, comandado por Arsenio Iglesias, se apuntalaba sobre los flamantes campeones del mundo en el 94 Bebeto y Mauro Silva, a los que rodeaban los Fran, Manjarín, Alfredo, Paco, Liaño o Djukic, precisamente este último protagonista de una noche que el deportivismo quiso olvidar por siempre con su fatídico penalti. El golpe fue duro, pero la temporada siguiente (94-95) el equipo se lamió las heridas, repitió posición y, lo más importante, consiguió su primer título, la Copa del Rey, ante el mismo Valencia que fuera verdugo un año antes, y al que seguiría el segundo, la Supercopa de España.

Tras unos años de inestabilidad en el banquillo, en el 98 llegó Javier Irureta, y con él la segunda época dorada del Deportivo. Tras una temporada gris, la 99-2000 se vistió de rayas blancas y azules casi en su totalidad. Los coruñeses se colocaron en cabeza en la primera jornada y no volverían a alcanzar el liderato hasta la duodécima, pero ya para no soltarlo nunca más. Al contrario de lo que puediese parecer, el título de Liga no fue fácil, ni mucho menos. Con serios problemas fuera de casa, el Dépor fue el campeón con menos puntos (69) desde que las victorias suman 3 en España.

Los fantasmas del pasado asolaban La Coruña los días previos. Aún con todo a favor (bastaba un empate para ser campeones) la sombra del penalti de Djukic seguía siendo alargada y nadie quería volver a sentir aquella frustración. Pero la ciudad venció al miedo y se engalanó de nuevo con los colores del equipo, volvió a ilusionarse y a sentir que la Liga podía quedarse en ella. Así, un estadio lleno hasta la bandera, con el césped inundado de papeles, se convirtió en una olla a presión que quería acercarse con cada grito y cada canto al sueño. Y no hubo que esperar mucho, pues en el minuto 4 se produjo la imagen que pasaría la historia. Víctor ejecutaba un saque de esquina y Donato, que había corrido endemoniado hasta el primer palo, se elevaba sobre el cielo coruñés. En ese rápido instante se paró el tiempo para muchos. Con un simple giro de cabeza, el hispano-brasileño espantaba todas las «meigas», todos los infiernos y todos los tormentos de la historia de un club al que poco le faltaba para cumplir un siglo. El resto del partido fue el anticipo de la fiesta de después, y el segundo gol de Makaay el broche de oro que certificaba que el sueño era una realidad.

Champions

Aunque el Deportivo ya había paseado su nombre por Europa en más de una ocasión, el título liguero le hacía debutar en la máxima competición continental y el conjunto blanquiazul se empeñó en demostrar que no llegaba para ser una mera comparsa, sino que iba a querer un papel protagonista. Cinco participaciones seguidas en las que ganó en plazas tan complicadas como San Siro, Delle Alpi, Highbury, el Parque de los Príncipes o el Olímpico de Múnich. Pero aquel fútbol brillante no fue suficiente para hacerse con el título y en 2004, cuando parecía que tenía todo a favor tras deshacerse del todopoderoso Milan en una eliminatoria para el recuerdo, el Oporto de un todavía casi desconocido Mourinhoapeó al Dépor en las semifinales de «su» Champions.

Del cielo a la tierra

Y como es imposible que lo bueno dure siempre, La Coruña tuvo que renunciar a competir entre los grandes. Los años de bonanza cargaron al club con una pesada losa económica fruto de un gasto sobredimensionado, lo que obligó a apretarse el cinturón y bajar el nivel de las plantillas. Comenzó entonces una trayectoria en bajada que desembocó en el descenso de 2011, tras el que el Deportivo se volvió a convertir en el equipo «ascensor» que había sido antaño, cambiando de categoría cada temporada hasta el presente.

Lejos quedan ya los viajes por Europa, el fútbol deslumbrante y el equipo capaz de no parecer sobre el papel peor que ningún otro en el mundo. Ahora mismo a los coruñeses les queda la añoranza de cuando maravillaban allá donde iban y el orgullo de que aún hoy, viajen a donde viajen, cuando dicen el nombre de su ciudad siempre haya alguien que les responda con un cariñoso y admirado «Deportivo».