Aníbal, la batalla de Cannas y Don Mariano Rajoy

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Releyendo recientemente algunos pasajes de la historia llamaron mi atención los acontecimientos que rodearon la estrepitosa derrota de los romanos en la batalla de Cannas. Aníbal llevaba cierto tiempo paseándose por la Península Itálica y ya había infringido a los romanos tres sonoras derrotas en Tesina, Trebia y Trasimeno.

El Senado había puesto al mando de los ejércitos romanos a Fabio Máximo, quien conociendo las debilidades propias y las fortalezas ajenas, había decidido que presentar una batalla frontal contra Aníbal era peligroso, por lo que se decidió por una táctica de hostigamiento continuo a las tropas cartaginesas, para desesperación de Aníbal que sabía que, fruto de este desgaste, su situación se hacía insostenible en el tiempo.

Sin embargo, como pasa muchas veces en la vida, los romanos querían algo espectacular y decisivo y prestando oidos a las insidias de un tal Minucio Rufo, depusieron a Fabio Máximo por su aparente ineficacia. Su puesto fue adjudicado a dos cónsules, Terencio Varrón y Emilio Paulo, que con un ejército mucho más numeroso que el de Aníbal decidieron presentar un combate frontal; pero Aníbal con unas fuerzas muy inferiores en número logró exterminar las tropas de los dos cónsules, de los cuales sólo Varrón sobreviviría.

A pesar del fracaso Varrón fue recibido con honores en Roma pero es evidente que la estrategia de Fabio Máximo hubiera sido la correcta. España pasa por momentos difíciles pero la solución no pasa por grandes gestas ni por declaraciones grandilocuentes, sino más bien por una estrategia de constancia, de firmeza, de rumbo claro, evitando confrontaciones estériles aunque no las inevitables que deriven de la defensa del Estado de Derecho y de la Constitución.

Es evidente que el presidente Rajoy practica este tipo de estrategia que es la que España, a mi juicio necesita: no hay sitio en una situación como la presente para soluciones “a lo Varrón” por muy heroicas que parezcan, sino para las políticas de hechos, disciplina y resistencia, eso que los ingleses denominan como “endurance”. Sobran pues los Minucios Rufo que propician gestos inútiles, pero sobre todo los del interior.