El cerdo Antón vive ahora en la Granja Escuela de Belelle
El cerdo Antón vive ahora en la Granja Escuela de Belelle - abc

Antón, el cerdo indultado

El cariño despertado por un entrañable cochinillo en la parroquia del concello coruñés de Ortigueira, Espasante, permite salvar su vida cuando su final ya estaba escrito. Se rompe de este modo una tradición vigente durante algo más de un siglo

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En Espasante, una pequeña parroquia costera del municipio coruñés de Ortigueira, se mantiene desde hace 150 años una curiosa tradición. Según la costumbre, para conmemorar al patrón del pueblo, San Antón, se cuidaría durante un año a un cerdo y mediante una rifa, después de que el cerdo recorriese con plena libertad las calles de Espasante, se subastaría, donando las beneficios obtenidos para la construcción de la capilla o para sufragar los costes de las fiestas del santo. En la actualidad, esta tradición apenas ha cambiado, enraizándose hasta convertirse en acervo cultural del propio municipio. De hecho, la única novedad es que por primera vez en la historia, este año se le concedió el indulto al cerdo Antón, pues así se les denomina a todos los cochinillos.

Normalmente, en la subasta anual del cerdo, suelen «ganarlo» familias que no son oriundas del pueblo, por lo que se lo ceden a carnicerías. Este año, la rifa sorteada cayó en manos de un turista madrileño, que dejó a Antón a cargo de la Comisión de Fiestas, nueva cada año para organizar la crianza del cochinillo. Y entre sus miembros, Agustín que, según confiesa, se encariñó con Antón y rehusó de inmediato la idea de su sacrificio.

Debido a este desvío de la tradición, se tuvo que obrar diferente, por lo que los integrantes de la Comisión decidieron mantener al cerdo seis meses más para que estuviese presente en el pueblo durante el santo de su patrón.

Finalmente, después de sopesar la viabilidad de todas las opciones de la manera más rápida posible —ya que una nueva comisión se convocaría próximamente para dirigir la junta de fiestas del siguiente año— contactaron con diversas asociaciones y decidieron donarlo a la más plausible, la Hípica y Granja Escuela de Belelle, en Neda. Como dice Agustín, «fue como magia, de esas que aparecen a veces en la vida en nuestros caminos».

Desde entonces, el propio integrante de la Comisión de Fiestas acude a visitarlo dos o tres veces cada semana y asegura que «está muy precioso». Además, desde el pueblo se están intentando organizar excursiones a la Granja Escuela con el objetivo de reencontrarse con el querido cerdo Antón.

Asimismo, Fernando Beceiro, director de la Hípica de Belelle, explica lo novedoso del indulto. Cuenta que la Comisión varía cada año, «algún año ni siquiera se pudo adquirir el cerdo porque ésta no se pudo constituir», señala. Y con cada nueva junta hay una variación de sus componentes, que suelen desvincularse enseguida de él. «Este año los miembros de Fiestas se implicaron más con él, cuidándolo desde que era pequeño y lógicamente se encariñaron, sobre todo Agustín, su salvador», asegura el responsable de la Granja Escuela. Y esa fue la razón por la que les resultó más complicado de lo habitual atenerse a lo estipulado por la costumbre.

Suscitando polémica

Esta arraigada tradición es muy respetada en el pueblo, al igual que lo son las festividades de San Antón. Por ese motivo algunos habitantes del pueblo no vieron con buenos ojos la donación del cerdo, pues desde siempre se había sacrificado y no concebían otra vía posible.

Agustín tuvo que hacer uso de sus dotes de convicción y finalmente hizo entender al sector que clamaba por el sacrificio, que «no pasa nada por romper una tradición, este año se decidió su indulto, los tiempos cambian y con ellos las tradiciones se renuevan. Lo importante es que el fin, que es conmemorar a nuestro patrón, se mantiene».

Según Agustín, eximir al cerdo —al que se refiere como si fuese una persona— fue además, un homenaje a sus antecesores. Durante estos días llegará el nuevo Antón y quién sabe si éste correrá la misma fortuna que su tocayo.