Rocío Ybarra
Rocío Ybarra - MIKEL PONCE
DEPORTE FEMENINO

Rocío Ybarra: Un hockey de pura garra

Rocío Ybarra, capitana de la selección de hockey hierba, firma una carrera brillante que nació en Jolaseta y sigue en Holanda

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Desea que la huella Ybarra se signifique hoy y mañana por la garra, por el trabajo, por morir por cada bola, por la pasión incondicional por el hockey hierba. Lo suyo fue un enamoramiento sin flechazo. La cosa fue cuajando con el tiempo. Pero ella ha ido escribiendo su historia con una convicción rotunda. Lo dice su juego firme y veraz, poderoso y físico, y pulido desde sus inicios en Jolaseta -«ese club es mi casa, es el que me hizo como persona; siempre seré amarilla»- hasta competir con fiereza y el respeto que se ha ganado en la cuna de su deporte, que es Holanda. Rocío Ybarra Solaun (Bilbao, 26/12/1984), capitana de la selección española de hockey hierba, dos veces olímpica -Atenas y Pekín, donde logró diploma-, jugadora del Oranje Zwart de Eindhoven, mantiene un discurso limpio y con voz potente para bucear por sus adentros y contar un relato de pureza deportiva.

Su madre jugó al hockey. Su abuelo materno, de hecho, estuvo en la selección, y el hermano de éste, además, fue olímpico. Ella y su hermana gemela, Lucía, seguían inquietas desde la banda de los campos los partidos de su madre. También de su hermano, quien igualmente tiró por aquello del palo y la bola. «Un día pensé que yo también quería que vinieran a verme jugar y empecé con el hockey. Al principio tampoco me gustaba realmente. Me empezó a atraer un poco más cuando se comenzaron a apuntar amigas. Veía un planazo estar con las amigas haciendo deporte fuera del colegio», recuerda.

Lo que comenzó como un juego, siendo ella ambiciosa, de carácter, de marcarse objetivos, y buscar y alcanzar retos en su relato, tuvo su punto de inflexión hacia el alto rendimiento: «Mi caso fue curioso. Teníamos en el equipo a dos chicas que eran fueras de serie. María López de Eguilaz, nuestra portera de la selección, y Bárbara Malda. Dos amigas que entraban en la selección. Entonces me dije y le pregunté a mi entrenador: ‘Yo también quiero ser buena, ¿qué tengo que hacer?’».

De Jolaseta a Holanda

Confiesa que sus principales cualidades no eran técnicas, sino más bien físicas y de disciplina. «¿Cómo podía hacer para ser una buena jugadora sin tener ninguna cualidad innata para el hockey hierba? Horas de entrenamiento. Machacar mucho el tema físico, las colocaciones, esas cosas que se podían mejorar sin tanta técnica», explica, al tiempo que subraya que lo que tenía claro era que «quería llegar lo más alto posible que Rocío Ybarra pudiese llegar. Currando mucho he llegado a ser una deportista de elite».

Las raíces de Rocío están en el club Jolaseta: «Es el equipo de mis amores, en el que empecé en Bilbao. Me enseñó a ser la persona que soy y a tomar responsabilidad dentro del campo. Hubo un momento que en el que tuve que dar un paso más para poder llegar a la selección. Vinieron cinco años en los que entrenaba en Madrid durante la semana y competía luego con mi equipo». La bilbaína destacó y la fichó el Polo, uno de los grandes de la liga española, donde pasó tres vitales temporadas. «Fue una experiencia buenísima y ya en el primer año ganamos la competición», recuerda.

Entonces dio el salto a jugar fuera de España. Fichó por el Hamburgo. «Era el mejor equipo donde podía haber caído. Fuimos subcampeonas de Europa y de la liga alemana. La táctica alemana me ha aportado mucho a mi hockey. Es un juego de pase mecánico. Pase, pase y pase», explica Ybarra, a quien su crecimiento le acabó por llevar a Holanda, a la cuna de la disciplina en hierba. Aterrizó en el Kampong de Utrecht, luego pasó cuatro temporadas en HDM de La Haya -«es donde más he aprendido»- y acaba de firmar, con objetivos más altos, por el Oranje Zwart de Eindhoven.

Continuo aprendizaje

«A Holanda pensé que llegaba sabiendo mucho y me di cuenta de que todo me aportaba y que tenía que aprender mucho. Allí es la fuerza, la garra, la técnica, el llevarte todo por delante», detalla Rocío, que empezó jugando de defensa, pasó al centro del campo y acabó como delantera. Otro mundo en todo caso. En España, un deporte casi desconocido, pese a los grandes logros obtenidos en Juegos Olímpicos; en Holanda, por ejemplo, siente el deportista la consideración profesional y el reconocimiento de los aficionados y los medios.

Rocío Ybarra es igual a hockey. Siente que nunca será capaz de devolverle lo que le ha dado: «No sería la misma persona sin el hockey. Le debo todo. Desde mis habilidades sociales, a mi carácter, al hecho de vivir en un país extranjero, el haber aprendido idiomas, el conocer gente de alrededor del mundo». Ella, formada académicamente en TAFAD y en Magisterio, espera poder trasladar a los niños y niñas su experiencia y una parte «de lo que quiero a mi deporte, que tiene muchos valores».

Reconoce Rocío un solo ídolo en su vida: «No tengo palabras para mi hermana Lu -Lucía-. Es una persona a la que me encanta parecerme y quisiera parecerme incluso más. Tiene un carácter buenísimo. Siempre está con una energía brutal. Siempre tiene una ilusión que contagia. Es la persona que me anima y me empuja a estar aquí -con la selección en las semifinales de la Liga Mundial, que se disputan en Valencia, en busca de un billete para Río 2016-. Todo lo que se consiga es para ella y para toda la gente que quiere al hockey».

Su carrera ha crecido en paralelo con la selección española. De novata a líder. Y aprendió de nombres como Silvia Muñoz, Maider Tellería, Mar Feito, Erdoitza Goikoetxea o Nuria Camon, entre otras, de las que espera haber cogido lo mejor para trasladarlo a sus compañeras.