Rocío Gutiérrez posa con su stick en el polideportivo Virgen del Carmen Beteró
Rocío Gutiérrez posa con su stick en el polideportivo Virgen del Carmen Beteró - MIKEL PONCE
DEPORTE FEMENINO

Rocío Gutiérrez: Liderazgo en brillante silencio

La defensora gaditana de hockey hierba, una de las referentes españolas, busca con las «RedSticks» el sueño de Río 2016

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Nadie es imprescindible. Pero sí hay quien es rotundamente importante en un grupo. Esas piezas angulares que dan sentido a un bloque. Quienes su presencia es claramente subrayable en el deporte de equipo. Rocío Gutiérrez Sierra (San Fernando, Cádiz, 20/7/1985) es una líder silenciosa. Desprende hockey. Y sobre un campo, firme, seria, granítica en la retaguardia, se eleva como la figura en la que sus compañeras se apoyan, bien sea con la selección española, con las «RedSticks», o con su equipo, el laureado Club de Campo Villa de Madrid. Ella, tímida, pero apasionada en su discurso, de mirada brillante cuando habla de su deporte, que al tiempo es su vida, no busca o pretende ser protagonista, pero ciertamente lo es.

El hockey hierba le viene de cuna. Su padre fue portero del CH San Fernando. Rocío empezó con el stick y la bola con siete años. Se iba con su padre, que ya no estaba en activo, pero perseveraba en su intento logrado por revitalizar el hockey en Cádiz, y buscaba una esquinita en los campos para comenzar a golpear con el palo: «Me apasiona el hockey. Para mí es muy importante la figura de mi padre. A veces, los padres conocen el deporte de sus hijos, a veces no. Pero no siempre están totalmente involucrados. En mí caso, sí está ligado. Se lo cuento todo y él sabe de qué está hablando cuando me tiene que aconsejar o decir algo. En casa he tenido apoyo absoluto».

«Guti» brilló desde pequeña. Ya siendo infantil, tras acabar en quinto lugar con el San Fernando en un campeonato de España infantil, le convocaron para un plan de detección y tecnificación (PDT) en Bilbao. «Nadie me dijo exactamente si valía o no. Sentía poco a poco que las cosas me salían, que me gustaba, que disfrutaba con el hockey y era lo que quería hacer», recuerda al bucear por sus orígenes.

Progresó con su club y en las categorías inferiores de la selección. Con 17 años ingresó en el CAR de Madrid. Compaginaba su formación y los entrenamientos de la semana con los viajes para jugar con el San Fernando los fines de semana. Así fue el primer año. El segundo fue similar, pero ya en División de Honor con el Club Egara de Terrassa. Una temporada en la que descendieron, pero que le llevó de nuevo a su equipo de siempre, que precisamente ascendía a máxima categoría.

Fue en 2006 cuando llegó al Club de Campo Villa de Madrid. Uno de los grandes de la liga española. «Llevo nueve años y he disfrutado muchísimo y sigo disfrutando. Es increíble todo lo que he vivido y además hemos ganado muchísimas cosas», explica la gaditana. Siete ligas y seis copas de la Reina en hierba, y siete campeonatos de España de sala, en su haber. En Europa, cuentan con el último tercer puesto logrado, aunque siempre queda la compleja muralla de los equipos holandeses por derribar.

Confiesa que las medallas y los trofeos no los guarda ella, sino que se los custodia su hermano: «Cuando voy a su casa y los veo en realidad pienso en el tiempo que pasa y lo que hay ahí de trabajo, pero me da la sensación de que estoy viendo los logros de otra persona», cuenta Rocío. El reto es seguir trabajando duro y afrontar lo nuevo que presenta cada campaña, aunque existe un objetivo común que es lograr ganar a un conjunto holandés.

El sueño de los Juegos

Las ensoñaciones de Rocío, como las de sus compañeras de la selección, le llevan a Río de Janeiro: «Eso sería increíble. Hay compañeras que han estado que cuentan una experiencia para la que a veces no tienes palabras para describirlo. Pero eso lo tienes que vivir y yo lo quiero vivir con este grupo, que está súper unido y que se ha tomado muy en serio los objetivos».

España disputa en Valencia las semifinales de la Liga Mundial y los premios llevan a Río. Rocío ya había participado con las categorías inferiores. Pasados los Juegos de Pekín, hacia 2010, llegó a la absoluta y disputó el Mundial de Argentina. Luego, hubo un corte para ella. Pero en 2013, Adrian Lock, actual seleccionador, la recuperó para ser una protagonista mayúscula en la retaguardia, proyectando además su personalidad en el grupo.

Rocío, que finalizó sus estudios de Publicidad y Relaciones Públicas, se dedica en cuerpo y alma al hockey. «Es un estilo de vida. Lo es todo para mí ahora mismo. Vivo de ello. Y una parte importante que me llena es mi labor como entrenadora, porque me encanta el poder dedicarme a la base, a las niñas, para que no se apague la ilusión por seguir jugando a hockey, y con el ‘special hockey’», asegura, al tiempo que entiende que lo que ella le ha dado a su deporte es «pasión, entrega y dedicación».

A sus 30 años, la gaditana se encuentra perfectamente en lo físico y quiere seguir en esto. La Selección y Río. Su club. Derribar a las holandesas. Las experiencias y los retos no tienen puertas. La historia es, en todo caso, seguir brillando con el hockey hierba.