corrococos

Tiempos de revoltosos

obdulio jovaní
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Tan cargado va uno de años, que hay que ponerse a veces al ralentí, ir bajando bultos en el «descarregaor», cargar de fluidos y resolver las diatribas de hoy.

En «garaje de primera» estuve, fue en la UCI del Hospital Clínico Universitario de Valencia. Rigor, protocolo eficaz. «Cuando duelen ya, afligidos, los témpanos de la piedra, se apretujan y acongojan las angosturas del frío, las afiladas tinieblas; cuando lloran su orfandad las esperanzas. Y huye el tiempo por las horas, colmatadas de añoranzas. En los huertos del dolor, ángeles de batas blancas cultivan gozos en flor».

Salí, pues, de la paz de un claustro medicinal. Del tiempo de reflexión que dura junto a una bata, unas zapatillas, un libro y un gotero. Porque, entretanto, lo que hay es una permanente dialéctica de contrarios, unos y otros sometidos a sus conveniencias, de lo que diría Nietzsche «las convicciones», de la idea que piensan hasta someterla por el otro.

Aquí seguimos los acosos y derribos de los presupuestos, en tiro y arrastre del de enfrente. La idea es morbosa, estrepitosa y deslenguada, la voz agudizada y respondona. Es el tiempo de revoltosos y conjuretas. Y apresurados. O lo dejamos todo para levantarnos o exigimos su égira.

Así, cuando se conoció la proposición del PSOE (allá por 1880), ¡la estampida!: los cargos públicos serán remunerados. Oído el pregón, la cartuja se hizo libertad, se repararon sandalias y capuchones y se repartió tanto de tanto que se está apresurando una contestaturía de siglos que te dé todo al mismo tiempo.

Y antes de «la pela es la pela», ahora es lo de Quevedo: «Ten un euro y tendrás un euro». Todo esto si cumple usted la consigna. Llame ya.

Recurramos a Fray Luis de León: «A España, a quien amaste, que siempre al buen principio el fin responde».