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DegeneraCiU, o el mourinhismo salvador

Personalmente, no creo que haya mayor derrota para un auténtico sentimiento barcelonista que pasarse al mourinhismo o al cholismo de Simeone

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No hace tanto tiempo que uno podía corear, con la discreción y la natural reserva de quien no canta ni en la ducha, esa coplilla tan optimista de los aficionados del Barça que dice eso de que "ser del Barça es lo mejor que hay". Pero, hay que ver hasta dónde nos va empujando este retorcido camino cada vez más estrecho y degenerativo desde que hemos descubierto la condición maligna de Madrid... Primero, hubo que alterar levemente la coplilla y aceptar que mejoraba con "ser de Guardiola es lo mejor que hay", pero ayer mismo (y a la espera de lo que pasara en el partido que anoche enfrentaba al Atlético de Simeone con el Chelsea de Mourinho), hubo que improvisar sobre la marcha una tajante modificación de la letra: "ser de Mourinho es lo mejor que hay"..., Y en eso está el proceso de futuro inmediato del Barça, en ver quién le echa una mano, aunque sea enemiga, para impedir el éxito del demonio madrileño, lo cual le evitaría de modo sorprendente y enfermizo tener y asumir el sentimiento de derrota. Personalmente, no creo que haya mayor derrota para un auténtico sentimiento barcelonista que pasarse al mourinhismo (o al cholismo de Simeone, si fuera el Atlético de Madrid quien le disputara la final de la Champions al Real Madrid). Pero, en fin, al menos en el terreno de lo futbolístico, hay una alternativa oscura a la que agarrarse para tener la sensación de victoria, aunque enfermiza. Pero, en los otros terrenos, y especialmente en el político, no hay modo ni real ni ficticio de que los "aficionados" se sacudan de encima todo este largo proceso de degeneración (¡lo del islamista radical en las listas de CiU!), a pesar del esfuerzo de los impulsores del proceso por hacer pasar por normal lo enfermizo, como intenta ese paladín de lo superfluo que es Francesc Homs cuando sugiere que el puñetazo a Pere Navarro va en el cargo. Casi todo lo que suele decir Frencesc Homs tiene la profundidad intelectual de un plato de postre, pero hay ocasiones como ésta en las que debería ponerse una bola roja en la nariz: no se sabe si lo que en realidad pide es otro puñetazo para él, o para su cargo. Ojalá que en lo futbolístico gane la Champions el mejor, y en lo político, pues el menos tontorrón.