Cataluña en España, una historia común
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Cataluña en España, una historia común

Paseo en doce capítulos por algunos de los episodios más significativos de nuestra historia hispánica común

juan carlos valero /abc. es
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Paseo en doce capítulos por algunos de los episodios más significativos de nuestra historia hispánica común

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  1. La desapasionada realidad científica desmonta la mitología nacionalista

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    Ricardo de la Cierva escribía que “la historiografía catalana ha nacido y vive aún con finalidades que no son siempre históricas, que son de cobertura política”. En su opinión, la construcción nacional ha partido “de la intuición del hecho diferencial para retrotraerlo a la historia más remota”. Un hecho diferencial que se basa en encubrir lo que De la Cierva denominaba el “género de la historiografía nacionalista, por cebarse en lo diferencial encubriendo lo hispánico”.

    Para esta historiografía romántica, Cataluña tiene una existencia como nación muy anterior a España y al margen de ella. En su particular visión histórica, España ha sido freno a las aspiraciones políticas, culturales y económicas de Cataluña y ha constituido su mayor enemigo. Los objetivos son claros: la emancipación nacional es una empresa que da continuidad lógica al devenir de una Cataluña enfrentada permanentemente a España.

    ¿No es éste, sino, el fin último del famoso Congreso celebrado por la Generalitat de Cataluña titulado “España contra Cataluña”? Los organizadores se enrocaron ante las críticas en el argumento de que el conflicto España-Cataluña es “una realidad indiscutible”.

    Historiografía científica

    Pero la realidad indiscutible de la historiografía nacionalista se da de bruces con la realidad de la historiografía científica que surgió como crítica a las primeras escuelas historiográficas románticas de “construcción nacional”. Pierre Vilar afirmó que debemos “renunciar, pues, a la imagen de una Cataluña ahogada por el centralismo real, castellano”, mientras John Elliott explicaba que “esta interpretación conspirativa tiene más de las fobias decimonónicas que de las realidades del siglo XVIII”.

    También García Cárcel afirmaba en una reciente entrevista que no se puede hablar de un “enfrentamiento continuo y una postura victimista de Cataluña frente a una España permanentemente opresora y tiránica desde la noche de los tiempos”.

    ¿Podemos escribir una historia de Cataluña desapasionada? ¿Podemos interpretar la historia de Cataluña fuera de los mitos y de las manipulaciones políticas que tanto daño están haciendo en la visión de pasado, presente y futuro de los catalanes? Este es el objetivo de ABC para este año: dar cumplimiento al anhelo de Josep Pla cuando decía que “la historia romántica es una historia falsa” y se preguntaba: “¿tendremos algún día en este país (Cataluña) una auténtica y objetiva historia?”.

    Una historia que, como afirmaba Capdeferro siguiendo los pasos de Vicens Vives, “efectúe una profunda revisión y renovación de la Historia de Cataluña, expurgándola de tergiversaciones, mistificaciones, mitificaciones y exaltaciones improcedentes”. Porque, en definitiva, como decía hace poco John Elliott en una entrevista concedida a ABC, “la primera necesidad es siempre desmitificar la historia, que está llena de mitos, porque cada país tiene su tradición, o sus memorias históricas, que muchas veces son distorsionadas, por razones políticas o por lo que sea”.

    Porque desde sus comienzos, Cataluña ha tenido un papel importante en España y España ha tenido una especial significación para Cataluña y los catalanes. Una historia de la que hemos seleccionado doce episodios especialmente significativos en la historia de Cataluña y España que demuestran que España ha sido, siempre, para Cataluña, tal y como decía De la Cierva, el “género”.

    Doce temas que nos pasearán por la historia de Cataluña con algunas aportaciones sorprendentes: el nacimiento en 415 en Barcelona de Hispania como primer proyecto hispánico independiente de Roma; la historia de la Marca Hispánica y de los condados catalanes; la vocación hispánica de la historiografía medieval catalana que veían en la unión de los diferentes reinos su objetivo último; los reyes católicos como una unidad que hace de España una de las naciones más antiguas de Europa; el protagonismo activo de los catalanes en América en lo político, religioso y comercial; la guerra de los Segadores como conflicto civil y social interno; el 1714 como un conflicto internacional y una lucha interna entre dos pretendientes al trono español; el siglo XVIII como el siglo del despegue económico de Cataluña; la Guerra de Independencia como un estallido patriótico español de los catalanes y los siglos XIX y XX como los de los grandes proyectos regeneracionistas catalanes para la transformación de España.

  2. La primera corte se constituyó en Cataluña

    Restos romanos de Barcino
    Restos romanos de Barcino - abc

    razón que se podría decir que España nace siglos antes de la creación de entidades hispánicas como Castilla, Cataluña. León o Aragón, productos fruto de los avatares, circunstancias y dinastías de la reconquista cristiana, que buscaban la restauración del reino de España que más tarde sería recordado como la Patria Hispana, que era a su vez el patrimonio y el territorio propio del rey de la nación de los godos. Una nación en la que quedaban incluidos tanto los hispanorromanos como los godos.

    Y la primera corte de la Patria Hispana se constituyó en Cataluña, ya que Ataúlfo, rey visigodo, y primer rey de España junto con Gala Placidia, primera reina, establecieron su corte en Barcelona. Ambos fundan un reino que con el tiempo se consolidó. El rey aportó el poder militar y la necesidad de establecer a su pueblo en su soñado lugar definitivo. La reina, fue su gran valedora y legitimadora frente al imperio romano. Hábil política, aportó su conocimiento de los resortes del poder. Su intervención, hizo posible al acuerdo de dar Hispania a los visigodos.

    Así, el nuevo reino de Hispania resolvía dos grandes problemas para el acosado imperio, recientemente dividido en dos: oriente y occidente. Por un lado, encargaban al pueblo godo la expulsión de Hispania de los invasores suevos, vándalos y alanos a cambio de obtener su anhelado reino y, por otro lado, dando Hispania a los visigodos, que les costaría algunas décadas consolidar, Roma se deshacía de su permanente amenaza. Los visigodos habían invadido el imperio y la misma Roma, que saquearon e incendiaron en el año 410, al mando de Alarico.

    Los godos siempre invadían con su pueblo a cuestas en busca de un establecimiento que hacía años reclamaban al imperio, creando serios problemas, arrasando cosechas y ciudades para su mantenimiento. Intentaron su establecimiento en la península itálica o en el norte de áfrica, granero del imperio, lo cual hubiera sido letal para Roma. Hispania era la solución mejor para ambas partes.

  3. El objetivo común era la reconquista de España

    Los Reyes Católicos
    Los Reyes Católicos - abc

    Los condados catalanes se crean entre los siglos IX y X y con el tiempo conformaron Cataluña. Nacen por la misma época y con complicaciones sucesorias similares que los condados de Castilla o Aragón, más tarde elevados a reinos. Por matrimonio, compartieron soberano con Aragón y Sicilia y, por conquista, con Valencia y Mallorca.

    El concepto de Corona de Aragón, moderno, puede llevarnos a confusión, ya que es un sólo soberano el que tiene los territorios y los gobierna conforme a los fueros de cada uno. Tras la unión del Conde Ramón Berenguer IV con la reina Petronila de Aragón en 1137, se une Cataluña y Aragón.

    Los condados de la marca hispánica, cuyos habitantes eran conocidos como «spagnuls» y sus vecinos peninsulares tenían una misma meta y ambición: la reconquista de España y la restauración del reino como lo fue en época goda, rota por la invasión. Así lo prueban hechos, matrimonios entre las dinastías peninsulares y citas, culminando con el matrimonio de los Reyes católicos.

    Barcelona fue liberada en el 801 por las tropas de Luis el Piadoso en nombre de su padre Carlomagno. Diez condes son nombrados hasta la llegada de Wifredo el Velloso de la estirpe hispanogoda.

    Con la muerte de Martín I «el Humano» en 1410 se extingue la línea agnaticia de los Condes de Barcelona y Reyes de Aragón y pasa en 1412, por el Compromiso de Caspe, a Fernando de Antequera, hijo de Leonor de Aragón y nieto de Pedro III «el Ceremonioso».

  4. Desarrollo de la conciencia de pertenencia a España

    Como apuntó Maravall, «España es un ámbito de poder regido solidariamente por varios reyes»
    Como apuntó Maravall, «España es un ámbito de poder regido solidariamente por varios reyes» - abc

    La creación y desarrollo de los diferentes reinos hispánicos no niega el desarrollo de una conciencia de pertenencia a una comunidad histórica propia, de la que Cataluña no fue una excepción. Este hecho quedó constatado en los trabajos de los cronistas medievales de la Corona de Aragón y muy especialmente de Cataluña, donde existe la conciencia de la pertenencia a una España plenamente definida mucho antes de la llegada de los musulmanes, e, incluso, de los godos.

    Este concepto de España, ya trabajado por autores anteriores como Orosio, Juan de Bíclaro o Isidoro, era plenamente compatible con la identificación de los diferentes pueblos con sus reyes, lo que demuestra que, ni existió unas “conciencias nacionales” separadas en la España medieval ni el concepto de España es un concepto moderno e inventado.

    Así se ve por ejemplo en las “Ystories d’Espanya, les conquestes d’Espanya” que dedica capítulos a los primeros pobladores de Spanya y los reyes de Espanna, en el anónimo de los Gesta Comitum Barcinonensium, en el Recort de Gabriel Turell, que hace referencia a “tanta bella obra como se muestra en España” o en el Libre de feyts d’armes de Catalunya del pseudo Boades que repetidamente habla de “esta tierra nuestra de España que se llama Cataluña”.

    Como apuntó Maravall, “España es un ámbito de poder regido solidariamente por varios reyes”. De esta forma, en la crónica de Jaume I se habla de Cataluña como “el mejor reino de España, el más honrado y más noble”, mientras que la crónica de Desclot hace referencia a los condes de Barcelona como condes “de España, de la tierra de Cataluña” o en la de Muntaner que comenta de los reinos de España que “si son una carne y una sangre y llegasen al entendimiento (…) tomarían todo el otro poder del mundo”.

    ¿Es España un concepto únicamente geográfico o tiene una connotación de identidad? Autores catalanes como el de Flos Mundi, se autodefinen como españoles: “Yo, empero, qui son spanyol, teixiré o reglaré la dita historia”. Mientras, Despuig refiriéndose a Cataluña dice: “Aquesta provincia no sols és Espanya, mas és la millor d’Espanya”. Y Joan Margarit, obispo de Girona del siglo XV afirma en su Paralipomenon Hispaniae que su obra “surge del puro amor a mi patria” en referencia a España, de la que dice que su antigüedad es mayor que la de ninguna otra nación europea.

  5. Fernando el Católico, el genio ordenador de la Cataluña del Renacimiento

    Fernando el Católico
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    El Rey Católico y con él los Austrias, sus sucesores, son las únicas figuras que han logrado ganar la absolución del pecado de anticatalanismo en los últimos tiempos. En efecto, hasta los años 30, la excomunión de la historia de España empezaba en 1412 con el Compromiso de Caspe, pues en él se había consumado el crimen de instaurar en Cataluña una dinastía castellana: los Trastámara. Un ejemplo lo tenemos en el libro “La Iniquitat de Casp”, publicado en 1930 del arquitecto e historiador, Domènech i Muntaner.

    Gracias a la gran y perspicaz obra de Jaume Vicens, y a pesar de las acusaciones de poco patriota que le endilgó el periodista historiador Antoni Rovira i Virgili, las desgracias de Cataluña empezaron con Felipe V en 1714 de manera que nos hemos ahorrado 300 años de repudio.

    El rey Fernando fue el genio ordenador de la Cataluña del Renacimiento, pórtico de la Edad Moderna, todo ello en hermandad con Castilla y mezclando las dos tradiciones dinásticas en una común política que ya fue percibida en Europa como española.

    Fernando II de Aragón solucionó el peliagudo problema constitucional catalán que había originado una guerra civil entre 1462-1472. Instauró el recurso de contrafacció (inconstitucionalidad) a dirimir ante la Real Audiencia para los conflictos entre el Rey y la Generalidad. Instauró el sistema de insaculación (sorteo) para elegir la Diputación del General y el Consejo de Ciento de Barcelona, acabando así con las guerras intestinas de los bandos de la Biga y la Busca. Igualmente dio una amplia amnistía para los que se sublevaron contra su padre en 1472. También puso fin al secular conflicto social agrario catalán, liberando a los campesinos remensas en su condición de siervos de la gleba, a la par que aseguraba su permanencia como colonos enfiteutas en las propiedades del señor.

    Desde el punto de vista internacional, en 1493, recuperó el Rosellón de manos francesas, lo reintegró al Principado y después lo defendió con tropas castellana. Como testimonio de aquella época queda la construcción de la Fortaleza de Salses.

    Previendo que el centro de gravedad de España estaría en Castilla, y para salvaguardar las particularidades de la Corona de Aragón dentro de la común política española, Fernando el Católico creó el Consejo de Aragón en 1494, que en la Corte velaría por el encaje catalán, aragonés y valenciano en la administración de la monarquía.

  6. Cataluña aportó religiosos, gobernadores y virreyes

    A partir del segundo viaje de Colón a América, la presencia de catalanes fue general
    A partir del segundo viaje de Colón a América, la presencia de catalanes fue general

    Uno de los mitos más extendidos en la historiografía romántica catalana es la supuesta exclusión de los catalanes en la empresa americana. Esta imagen es absolutamente falsa. Como el propio Vicens Vives reconoce en "Notícia de Catalunya", “es absurdo el lamento que tanto vuelo tomó a finales del siglo XIX respecto de la exclusión deliberada de los catalanes del comercio de América”.

    A partir del segundo viaje de Colón a América, la presencia de catalanes fue general: el padre Bernat Boïl le acompañó junto a 12 monjes del monasterio de Montserrat, siendo encomendado Vicario Apostólico de las Indias Occidentales. De hecho, las tres primeras iglesias fundadas en América por los españoles fueron dedicadas a Montserrat, y a las patronas de Tarragona y Barcelona, Santa Tecla y Santa Eulalia.

    La participación no fue sólo evangelizadora, ya que los catalanes participaron también en las misiones militares. Pere Margarit fue el jefe militar de la expedición y gobernador de la fortaleza de Santo Tomás; Miquel Ballester fue alcalde de la fortaleza de la Concepción de Vega Real en la Isla de Santo Domingo, siendo el primero en extraer caña de azúcar en el año 1505.

    A partir de aquí, la lista parece no tener fin: Joan de Serrallonga, lugarteniente de Colón, descubre Terranova; Miguel Rifós, participa como lugarteniente en la expedición de 1526 al Río de la Plata; Joan D’Espes, conquista Nueva Andalucía; Juan Rodríguez Cabrillo, explora California y descubre la bahía de San Diego, las islas del canal de Santa Bárbara y la bahía de Monterrey; Bartolomeu Ferrer llega hasta Oregón; Joan Orpí i del Pou funda en la actual Venezuela, Nueva Barcelona; Pere Alberni, miembro de los voluntarios catalanes, explora el Pacífico norte y descubre la actual Isla Catalana,

    Y en el ámbito político destacan como gobernadores Pere Fages y Gaspar de Portolà (California), Esteve Miró (Tucumán), Ignasi Sala (Cartagena de Indias), Pere Carbonell (Venezuela) o Joaquim d’Alòs (Paraguay). Y como virreyes tenemos a Gabriel Avilés (Reino de la Plata y del Perú), Antoni Oleguer (Río de la Plata), Francesc Romà (Yucatán) o el famoso Manuel Amat, virrey del Perú y descubridor Tahití.

    Pero si ya Carlos II había concedido a Barcelona la categoría de puerto franco para poder comerciar con las Américas, será el XVIII el gran siglo para los catalanes en América. La pérdida de las posesiones italianas y la apertura económica y comercial que supuso la Nueva Planta y las liberalizaciones de Carlos III, permitieron a Cataluña un boom económico y comercial sin precedentes.

  7. Revolución guerracivilista contra el «establishment»

    La revuelta se ha utilizado como una revolución nacional
    La revuelta se ha utilizado como una revolución nacional - abc

    La revuelta de los segadores ha sido utilizada por la historiografía nacionalista catalana como una “revolución nacional” catalana contra la opresión de la monarquía española, una imagen de una Cataluña levantada contra España y luchando por su libertad. Es absolutamente falsa.

    El proceso fue mucho más complejo. A los problemas del alojamiento de tropas, del aumento de los impuestos y de los planes de Olivares de reformar las instituciones del principado y de toda España había que añadir una revolución social preexistente que se extendía del campo a la ciudad: las rivalidades entre bandoleros, el odio de los pequeños agricultores contra los nobles y las enemistades de los ciudadanos contra las oligarquías sociales explotaron en una auténtica revolución social incontrolable.

    Así, lo que había comenzado siendo un alzamiento controlado en Barcelona, pronto se convirtió en una revolución con aspectos de guerra civil incontrolable que afectaba a todos los “ricos”, a los aristócratas y nobles de las principales ciudades y a todos los que detentaban autoridad, que eran considerados como traidores. Este era el sentido al grito de “Viva el Rey de España y muera el mal gobierno”.

    Esta división también tuvo una dimensión personal: Tamarit, a consecuencia de la condena a su padre por parte de las autoridades reales que disminuyeron su fortuna, y Claris por las disputas que tenía con el obispo de la Seu d’Urgell y con el propio virrey. Por su parte, el líder de los segadores, Rafael Goday, era una preso común recién fugado de la cárcel al que la Real Audiencia había condenado a muerte días antes.

    La confusión ante los acontecimientos fue aprovechada por Pau Claris para imponer su solución: la convocatoria de Cortes apenas tuvo repercusión con una escasa presencia de los Brazos, nombró una Junta de 36 en representación de los brazos que era más fácilmente manipulable, estableció el nombramiento de un comandante en jefe de “cualquier nación” cuando las conversaciones con Francia hacía tiempo que habían comenzado en secreto y forzó la negativa de la Junta de los 36 a la propuesta de conciliación de Olivares, aunque la asamblea de los Brazos habían discrepado del acuerdo.

    Las consecuencias de la aventura de Claris fueron terribles: en vidas humanas por las pérdidas en el campo de batalla y por la peste que asoló Cataluña; en recursos económicos por el aumento desmesurado de los gastos públicos y por un sector comercial arruinado por el cierre del mercado italiano y español y la competencia de los productos franceses y en el orgullo de los catalanes por la división y mutilación de Cataluña en dos con la pérdida del Rosellón.

  8. Los ingleses lograron engañar a un sector de catalanes

    La falta de sucesión de Carlos II aguijoneó las ansias expansivas de las potencias europeas
    La falta de sucesión de Carlos II aguijoneó las ansias expansivas de las potencias europeas - abc

    La decadencia del Gran Imperio de los Austrias españoles en la segunda mitad del reinado de Felipe IV, seguida de la de Carlos II, tuvo, obviamente, gran repercusión en Europa y por extensión, en el continente americano. El medio siglo de preponderancia francesa, fundamentado principalmente en la decadencia hispánica y la aparición de nuevas potencias en el norte y este de Europa, reclamaban un nuevo orden internacional.

    La falta de sucesión de Carlos II, perfectamente previsible, aguijoneó las ansias expansivas de las potencias europeas, especialmente de las que podían exhibir derechos sucesorios. Ya en vida del monarca español hubo varios tratados de reparto cuyos principales firmantes eran Francia y el Imperio. El “leit motiv” de estos tratados consistía en el reparto de las posesiones europeas que pasarían en su mayoría al candidato que no obtuviera la corona de España.

    Francia mantuvo con España bajo Carlos II tres guerras. En la última llegó a tomar Barcelona (1697), pero luego se reconcilió y supo captar la voluntad del monarca, que en su testamento de 25 de octubre de 1700 deja todas sus posesiones al nieto de Luis XIV y de María Teresa Infanta de España, Felipe, duque de Anjou. Parece que Carlos II creyó que la potencia francesa podría mantener la totalidad de la herencia española.

    En el lado opuesto, el emperador de Alemania, Leopoldo, deseaba que como jefe de la rama menor de los Austrias se sentara en el trono de España su hijo segundo, el archiduque Carlos, también nieto de una infanta de España.

    La guerra fue inevitable y media Europa, encabezada por Austria e Inglaterra, se alió en 1701 contra Francia y España. La guerra, que duró hasta 1713, tuvo alternativas diversas pero tanto en Italia como en los Países Bajos ganaron los aliados y en España y América triunfaron los Borbones.

    En los reinos de España también hubo enfrentamientos entre parte de la Corona de Aragón y Felipe V. Éste logró imponerse en Almansa y Villaviciosa. Un sector de Cataluña engañado por las promesas inglesas, que querían abrir un segundo frente en la Península, se sublevó en 1705 contra Felipe V y finalmente sucumbió el 11 de septiembre de 1714.

    De este conflicto sobresale la política inglesa que retiró el apoyo al Archiduque en 1711 cuando éste se convirtió en Emperador al morir su hermano José. Este giro inglés fue la sentencia de muerte de las aspiraciones de los austracistas catalanes.

    El tratado de Utrech reconocía que España y sus posesiones ultramarinas eran para Felipe V y las posesiones europeas se distribuían entre Austria y Cerdeña. Inglaterra se reservaba Gibraltar, Menorca y algunas concesiones comerciales en América.

  9. El siglo del despegue demográfico y económico

    La historia del siglo XVIII en Cataluña es el mejor desmentido a una premeditada política anticatalana
    La historia del siglo XVIII en Cataluña es el mejor desmentido a una premeditada política anticatalana - abc

    La historia del siglo XVIII en Cataluña es el mejor desmentido a una premeditada política anticatalana por parte de los Borbones a lo largo de la centuria.

    La primera negación es respecto a la unanimidad catalana contra Felipe V pues muchos catalanes fueron fieles al rey Borbón, manteniéndose fieles al juramento prestado en las Cortes de Barcelona de 1701-1702 que reconocía a Felipe V señor del Principado. El ejemplo de Cervera asevera lo expuesto.

    Como se ha advertido ya desde hace tiempo, en el Real Decreto de Nueva Planta de Gobierno del Principado de Cataluña de 16 de enero de 1716 hay ciertamente elementos de castigo a una rebelión considerada como una traición pero tiene también elementos renovadores y racionalizadores de la estructura política, administrativa y financiera de la Cataluña de los Austrias. El resultado se vio a final de siglo y el balance fue altamente positivo.

    Para contrarrestar esto se afirma que ya en 1680 había signos de recuperación pues justamente el siglo XVIII demuestra que el régimen borbónico como mínimo no fue un obstáculo a esta recuperación y posterior expansión.

    La prueba más patente del despegue catalán fue el salto demográfico único en su historia, pues Cataluña pasó de 400.000 habitantes en 1717 a más de 800.000 en 1787, es decir, duplicó la población en setenta años. Por su parte Barcelona, casi la triplicó.

    En el plano económico el Principado se sitúa a la cabecera industrial de España con la fabricación de los estampados de algodón llamados ‘indianas’ así se desarrolló un importante comercio con América y la primera fuente de ingresos de la monarquía a mitad de siglo fueron los derechos de aduana que superaron al catastro. Con esto quedó patente lo beneficiosa que fue para la economía catalana la libertad de comercio con América decretada el 12 de octubre de 1778.

    El catastro, es decir, la imposición directa sobre la riqueza particular, gran sueño del reformismo borbónico, en Cataluña hubo la única aplicación que tuvo lugar en España.

    La actitud de los catalanes respecto a las dinastías reinantes cambió radicalmente al llegar Carlos III que, como rey entró en España por Barcelona en 1759 siendo recibido entusiásticamente por los gremios barceloneses que veían en América Hispana el gran mercado. Este gran recibimiento fue inmortalizado en una colección de gravados llamados ‘la máscara real’, obra maestra de los grabadores barceloneses del siglo XVIII.

  10. La primera derrota de Napoleón fue en el Bruch

    El detonante de la La Guerra son los hechos del 2 de mayo 1808 en Madrid
    El detonante de la La Guerra son los hechos del 2 de mayo 1808 en Madrid - abc

    La Guerra de la Independencia Española (1808-1814) enfrentó a España contra el Primer Imperio Francés. Napoleón conocía bien la desunión de los “partidos “ de la corte y logra las abdicaciones de bayona, el secuestro de la familia real para instalar en el trono español a su hermano José Bonaparte.

    La Guerra, tiene su origen en el Tratado de Fontainebleau (27 de octubre de 1807), Manuel Godoy preveía la invasión de Portugal con tránsito de las tropas francesas aliadas por España. Con ello Napoleón obtiene el control militar “como aliado” de las principales plazas de españa.

    El detonante de la La Guerra son los hechos del 2 de mayo 1808 en Madrid. La población resentida decide enfrentarse con las tropas imperiales, aun en contra de su propia Junta de Gobierno. La difusión de las noticias de la brutal represión y de las abdicaciones de Bayona del 5 y 9 de mayo se extendieron por el famoso llamamiento del alcalde de Móstoles a declarar la Guerra a Napoleón.

    Destaca Lérida con la “Sacramental” del 28 de mayo , la primera ciudad de España que se organiza legalmente en defensa de España y de su rey legítimo, creando una Junta de Gobierno y una milicia armada

    La guerra se desarrolló en varias fases. Destacó por el surgimiento de la Guerrilla que, junto con los ejércitos regulares aliados dirigidos por Wellington provocaron el desgaste progresivo de las fuerzas bonapartistas. Hubo éxitos de las fuerzas españolas en verano de 1808, con la Batalla del Bruch, primera derrota de Napoleón en la Historia, Bailén y las Gloriosas las resistencias de Zaragoza, Gerona, Valencia.

    Pero en otoño entra el mismo Napoleón al frente de al Grande Arme, y se inicia un duro y largo periodo derrotas para España.

    Las tornas cambian en 1812 cuando Napoleon retirar efectivos para la campaña de Rusia. Se suceden las victorias del verano de 1812 Arapiles , Vitoria, SanMarcial. Por el Tratado de Valancay que libera y restaura a Fernando VII y dejaba a España libre de la presencia extranjera. Pero la contienda no termina hasta el 10 de abril de 1814 en la Batalla de Toulouse. Napoleón declaró: "Esta maldita Guerra de España me ha perdido".

    La contienda tuvo como consecuencias el inicio de la perdida de las provincias de América y un complejo trasfondo de profundos cambios sociales y políticos propician el surgimiento de una nueva y reforzada identidad nacional española.

  11. Voluntarios catalanes lucharon en Tetuán y Cuba

    El siglo donde la vocación hispánica de Cataluña se expresa con mayor fuerza es el siglo XIX
    El siglo donde la vocación hispánica de Cataluña se expresa con mayor fuerza es el siglo XIX - abc

    El siglo donde la vocación hispánica de Cataluña se expresa con mayor fuerza es el siglo XIX. La implicación de los catalanes en la construcción y defensa de una nación española moderna alcanza cotas muy significativas y entusiastas. Estos hechos han quedado relegados al trastero de la cultura histórica oficial en Cataluña, pero la voluntad nacionalista de construir un pasado a medida no puede borrar el testimonio que siguen ofreciendo las fuentes históricas.

    La historia habla sin tapujos del patriotismo español de la mayoría de catalanes durante un siglo convulso, caracterizado por las revoluciones políticas, el avance industrial, el progreso científico y la consolidación del paradigma liberal.

    La nación española contemporánea, entendida como un acuerdo de convivencia enraizado en un recorrido histórico y sostenido por las naciones de libertad e igualdad, empieza a delimitarse en las Cortes de Cádiz. Mientras una mayoría de catalanes se oponía y combatía la ocupación francesa, un grupo destacado de dirigentes catalanes participaba activamente en las Cortes de Cádiz, que sentarían las bases para el desarrollo de una nación liberal moderna. El catalán Ramón Lázaro de Dou fue su primer presidente y Antoni Campmany, uno de sus protagonistas más destacados.

    En Cataluña se gestaron muchas de las propuestas –más o menos acertadas- de renovación política, social y cultural de España. El general Prim fue el muñidor del pacto revolucionario que acabó con el reinado de Isabel II y fue el principal valedor del monarca Amadeo de Saboya. Unos años antes, Prim había encabezado las tropas españolas en África, logrando la toma de Tetuán.

    Bajo sus órdenes formaba un notable batallón de voluntarios catalanes, a los que Prim arengaba en catalán recordándoles que eran “el orgullo de la patria”. Es también conocido el cuerpo de voluntarios catalanes que luchaba en Cuba “por la honra de España y para mantener la integridad territorial”.

    También serían catalanes algunos de los principales dirigentes de la Primera República. Destacan los personajes de Figueras y, sobre todo, Pi y Margall, adalid del federalismo republicano en España. Ambos ocuparon la jefatura del Estado. Fue en Barcelona, ciudad pujante y convulsa, donde nacieron la UGT y la CNT.

    Sin embargo, la implicación política catalana no se limitaba a las filas progresistas. Cataluña fue uno de los principales bastiones del carlismo, un movimiento tradicionalista hondamente comprometido con “los derechos históricos” de las regiones, pero también con la unidad española.

  12. Guía de superación del Antiguo Régimen español

    Carles Aribau fue uno de los impulsores de la Renaixença
    Carles Aribau fue uno de los impulsores de la Renaixença - abc

    La semilla del romanticismo herderiano encontró en Cataluña una tierra fértil para su implantación y crecimiento. En el tercer decenio del siglo XIX, empezó a gestarse en Cataluña un movimiento cultural que reivindicó con creciente intensidad la historia, la lengua y las leyes propias. Suele fijarse como fecha de inicio del Renacimiento cultural catalán (Renaixença) el año 1833, cuando Bonaventura Carles Aribau publicó su "Oda a la Patria". La escribió con motivo de su traslado profesional a Madrid, y en ella evoca con tono nostálgico los paisajes, los colores y, sobre todo, la lengua de su infancia: el catalán.

    La Renaixença fue una fuerte pulsión intelectual por redescubrir y revitalizar la identidad cultural catalana, muchos años soterrada por la hegemonía lingüística y hermenéutica de Castilla. En el fondo del movimiento late la concepción romántica de que la lengua es el alma del pueblo. Así, los impulsores del Renacimiento catalán recorrieron pueblos y valles a la búsqueda de expresiones y palabras genuinas. Siguiendo otra idea de corte romántica, los renaixentistes indagaron y propugnaron la recuperación del derecho catalán, entendiendo que el derecho de un pueblo contiene, de algún modo, la arquitectura de su espíritu. Entre las figuras de la Renaixença destacan Joaquim Rubió i Ors, Jacint Verdaguer, Milà i Fontanals, Duran i Bas o Àngel Guimerà.

    Otro de los ejes del proyecto Renaixentista fue la recuperación de la historia de Cataluña. El historiador Víctor Balaguer lamentaba que la historia de España se redujera a las gestas de Castilla y se propuso desenterrar los principales cuadros históricos y las principales “glorias” de la historia catalana. En los historiadores ‘renaixentistes’ se dio una llamativa mezcla entre romanticismo y liberalismo. Al reivindicar la tradición catalana medieval, aseguraban defender un modelo constitucional y protoliberal que debía servir de guía para la superación del Antiguo Régimen en España.

    De todos modos, si bien la Renaixença tuvo tonos displicentes con Castilla, no fue un movimiento antiespañol. Historiadores de prestigio han subrayado el “doble patriotismo” que caracterizó al periodo. Por un lado, una defensa acérrima de la identidad catalana. Por otro, un compromiso claro con el proyecto nacional español. Prueba de ello es la biografía de dos de los grandes padres de la Renaixença aquí citados. El autor de la Oda a la Patria coordinó pocos años más tarde la monumental Biblioteca de Autores Españoles. Víctor Balaguer, a su vez, ocupó cargos ministeriales en el Gobierno de España.

  13. Los catalanes y la transformación de la España del siglo XX

    Homaneja a Prat de la Riba
    Homaneja a Prat de la Riba - abc

    A lo largo de los últimos cien años, España ha sufrido una profunda transformación en su estructura política, económica y cultural. En muchas ocasiones, esta renovación en las formas de vida y de pensamiento no se ha producido en contra de los catalanes, sino que ha sido precisamente promovida e impulsada por catalanes. Basta pensar, por ejemplo, en el influjo cultural que ha jugado Barcelona en la renovación de las letras españolas e hispánicas. Cataluña aporta hoy mismo grandes escritores al acervo literario español: Juan Marsé, Eduardo Mendoza, Enrique Vila-Matas, Javier Cercas o Carlos Ruíz Zafón pueden ser tomados como ejemplos. Figuras como Miró y Dalí completan la imagen de embajadores de la cultura española en el mundo.

    Barcelona fue uno de los principales focos regeneracionistas tras la pérdida de Cuba y Filipinas. El reformista Polavieja, por ejemplo, encontró en la burguesía catalana un buen aliado. Una parte importante de los sectores regeneracionistas barceloneses se acabarían integrando en la Lliga Regionalista, que no sólo defendió la autonomía de Cataluña, sino también una amplia modernización económica, administrativa y política de España. Cambó, líder regionalista, fue ministro y combatió tanto el centralismo como el independentismo.

    Cataluña se situaría también en la vanguardia de las propuestas revolucionarias para España. La Federación Catalana fue siempre la más potente dentro de la CNT. En Barcelona se editaba el diario anarquista de cabecera para toda España, Solidaridad Obrera. Dirigentes catalanes tuvieron un papel destacado en la instauración de la Segunda República. De hecho, algunos dirigentes de ERC ocuparon Ministerios en el gobierno central entre los años 1931 y 1933.

    Los documentos escritos y gráficos revelan que en Cataluña hubo también un extenso franquismo sociológico y político. Franco contó en sus gobiernos con 18 ministros catalanes. Algunos serían decisivos en la apertura económica de España. Laureano López Rodó diseñó los planes de desarrollo que permitirían el despegue económico de España, en buena medida aupado por la potente industria catalana.

    Cataluña se destacó también por ser uno de los centros más activos contra el régimen de Franco. Esta oposición se articuló principalmente entorno al catalanismo político-cultural, al PSUC y a los movimientos sociales de base. Miquel Roca (ligado al nacionalismo) y Jordi Solé Tura (vinculado al PSUC) fueron padres de la Constitución. Cataluña se volcó e impulsó la Transición. El apoyo electoral en Cataluña al proyecto constitucional superó el 90%.