el mentidero

«Glamour» independentista

Los dirigentes de CiU siempre han estado obsesionados con tener un «star system» catalán

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Un consejo (ibérico) quiero dar: basta ya de fórmulas academicistas que nada dicen y mucho confunden. Que para proponer eso, un «consejo ibérico», como fórmula de encaje de Cataluña territorial, más le valía al Consejo Asesor para la Transición Nacional hablar claramente de Estado libre asociado. O de confederación. Términos ambos que conocemos porque existen -Puerto Rico, Suiza...- y no son entelequias.

Aceptemos que hay un hecho diferencial catalán, pero lo de la innovación semántica se nos va de las manos. La propia expresión «transición nacional» ya induce a error, muy calculado probablemente por los nacionalistas, pues no sabemos si se refiere al medio de conseguir la independencia o a la independencia en sí misma. Fácil entonces asegurar que el fin justifica los medios. O que la democracia está por encima de las leyes. O basar ambos principios en una sentencia del Tribunal Internacional de La Haya sobre Kosovo que no se ha leído. Esto último va por la escritora y periodista Pilar Rahola, a la que el presidente Artur Mas colocó en el Consejo Asesor para darle un toque mediático. Rahola rodeada de juristas y catedráticos me recuerda a Barbara Stanwyck en la película «Bola de fuego», de Howard Hawks, donde interpreta a una bailarina de cabaret rodeada de circunspectos profesores de música, muy al estilo Blancanieves y los siete enanitos.

Los dirigentes de CiU siempre han estado obsesionados con tener un «star system» catalán. De ahí que sean tan rápidos a la hora de reclutar famosillos, sobre todo si son patriotas. Jordi Vilajoana, el único amigo que Mas dice tener, la lió parda en 2000 cuando aseguró, en calidad de consejero de Cultura, que a las artistas catalanas les faltaba «glamour». Trece años después, su sucesor, Ferran Mascarell, ha hecho alarde de la cantera artística catalana convirtiendo a la periodista Bibiana Ballbè en comisaria del Arts Santa Mònica. Pero al consejero le salió el tiro por la culata, nunca mejor dicho, pues Ballvé presentó en la televisión catalana el polémico programa «Bestiari Il·lustrat» donde se simularon disparos contra el Rey. Esta joven, convertida en prescriptora cultural gracias a Mascarell, ha sublevado al mundo intelectual por organizar una especie de «rave» en el citado centro. Ha habido bastante ensañamiento contra Rahola y Ballbè, y fastidia que ellas paren los golpes que merecen los verdaderos responsables del patinazo, aquellos que les encomendaron tareas para las que no eran del todo adecuadas.

Quienes todavía no han dado ningún susto son los comisarios de los fastos del Tricententario de 1714. Se trata de Toni Soler y Miquel Calçada, el primer elegido por el Ayuntamiento de Barcelona y el segundo, por la Generalitat. Son periodistas y humoristas, aunque Calçada se enfada mucho cuando alguien escribe su apellido con zeta porque dice que hace años que se lo cambió. En la recepción navideña del alcalde de Barcelona, Soler y Calçada (qué gran nombre para un grupo musical) bromearon con el líder municipal del PP, Alberto Fernández, asegurando que tenían prevista una «performance» soberanista que incluso a él le gustaría.

A él le hizo cero gracia.