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Los insectos y la dieta de los políticos

Es sólo cuestión de acostumbrarse, aunque si nos hemos acostumbrado a la versión más deteriorada del «fast food» no nos resultará muy difícil meter la lengua en un hormiguero

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SEGÚN la FAO , la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, hay que ir pensando ya en que los insectos pueden ser una solución para el hambre en el mundo futuro. En realidad, no se trata más que de actualizar ese refrán que dice que todo lo que vuela, a la cazuela; y lo que se arrastra, y lo que trepa por la pared, y lo que anida en el jardín... Aunque, mientras que unos nos lo vamos pensando, al parecer hay varios millones de personas por el mundo que comprueban a diario el alto contenido en proteínas, fibra y minerales de los escarabajos, orugas, saltamontes, hormigas y hasta moscas.

Por esta parte del mundo tenemos la ventaja de que existe la figura del «restaurador», del profesional que coge un puñado de cigarras, se las trabaja con esto y aquello, y te presenta un plato delante que no baja de los cien euros. No es difícil imaginarse hasta dónde podría llegar la creatividad de los grandes co cineros de la actualidad con un buen terrario delante.

Es sólo cuestión de acostumbrarse, aunque si nos hemos acostumbrado a la versión más deteriorada del «fast food» no nos resultará muy difícil meter la lengua en un hormiguero. Hay que comer de todo, como decían las abuelas de antes y demuestran los políticos catalanes de ahora, que, según un estudio de la SEEDO (Sociedad Española para Estudio de la Obesidad), son los que tienen un mayor porcentaje de sobrepeso de la sociedad, lo cual fue comprobado por el doctor Formiguera mediante el prosaico sistema de medirles la cintura a la mitad de los parlamentarios autonómicos, sólo a los que se prestaron a ello voluntariamente, lo que hace sospechar que algunos, los más orondos, se escabullirían prudentemente de la cinta métrica.

Esto no quiere decir que haya que animar ya a nuestros políticos a seguir los consejos de la FAO se pongan ahora a una dieta rica y variada en «bichos», bastante tienen ya con ese «sapo» que se desayunan cada mañana.

Pero, si les diera por ello, seguro que un corto plazo de tiempo veríamos como en la habitual superpoblación de insectos empezarían a surgir especies en peligro de extinción. Donde ponen el ojo, ponen la bala.