Una joya para la raíz del castellano

Una joya para la raíz del castellano

Siloé última la edición facsímil del «Cartulario de Valpuesta», uno de los testimonios más valiosos del origen de nuestro idioma, mientras trabaja también en la «Carta Náutica de Mecià de Viladestes» y en la «Vida y Milagros de San Luis»

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Con la máxima de resucitar arte oculto, aquellos libros guardados en recónditas bibliotecas cuyo acceso está muchas veces restringido a unos pocos privilegiados, nació hace ya casi dos décadas la editorial Siloé. Su principal valor, cuidar con esmero las réplicas de las joyas bibliográficas; un trabajo que desde 1997 ha sido respaldado en forma de numerosos galardones-los dos últimos, los concedidos por el Ministerio de Cultura en la categoría de Mejor Edición en la modalidad de Facsímiles por el Bestiario de Westminster y el Libro de las Horas de Luis de Laval-.

Con una treintena de ediciones facsímil a sus espaldas, la editorial burgalesa no abandona los retos y estos meses se afana en concluir el Cartulario de Valpuesta (los becerros gótico y galicano de la Iglesia de Valpuesta), cuya edición verá la luz este mismo 2014.

Hallados en un monasterio al norte de la provincia de Burgos, el trabajo de Siloé comenzó por la restauración de los originales, que actualmente alberga el Archivo Histórico Nacional, para proceder después a su edición facsimilar, de la que realizarán 898 copias.

La importancia de este cartulario -conocido también en Castilla como becerro, y en León y Galicia, como tumbo, debido a que su gran tamaño obligaba a guardarlo tumbado- radica en que es un documento trascendental para el estudio del origen de nuestro idioma. «Es uno de los testimonios más valiosos del antiguo castellano. Con él podemos ver su nacimiento primitivo», explica el catedrático de Paleografía de la Universidad de Valladolid, José Manuel Ruiz Asencio, quien trabajó en la obra Los becerros gótico y galicano de Valpuesta, editada en 2010 por el Instituto Castellano y Leónes de la Lengua, en colaboración con la Real Academia Española.

Los cartularios servían fundamentalmente de instrumento administrativo. Son libros donde se copiaban los documentos de una determinada institución para no tener que manejarlos sueltos. «Al principio se copiaba el documento entero y luego, del siglo XV en adelante, se hacía sólo el resumen», detalla el profesor Ruiz Asencio.

Una de las curiosidades del cartulario cuya edición facsímil prepara Siloé es que la mayoría de los documentos reunidos proceden del cementario de Valpuesta: «Son los servicios funerarios, lo que la gente pagaba para recibir sepultura en el atrio de Valpuesta». Además, contiene donaciones, permutas, ventas, juicios, confesiones, juramentos, inventarios, contrataciones de reparaciones de la iglesia... textos cuya verdadera importancia reside en el elocuente rastro que dejaron de la lenta evolución del latín hacia el romance castellano.

34 escribas

El grueso de los 187 documentos valpostanos abarca los siglos X al XIII, pero ocho de ellos datan del siglo IX. El estudio realizado en 2010 por el catedrático de la Universidad de Valladolid y su equipo supuso «un pequeño avance» en el conocimiento del trascendental documento lingüístico, ya que identificaron a los 34 escribas que participaron en su redacción: «Encontramos aproximadamente 22 letras visigóticas, las más antiguas, y el resto, carolinas, más modernas», detalla el profesor. Ahora, Siloé acompaña su edición facsimilar con un libro de estudios que presenta un minucioso análisis de estos escribas, datando su trabajo y ordenándolos cronológicamente.