El papa Francisco declara Venerable a Sor Clara Sánchez
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El papa Francisco declara Venerable a Sor Clara Sánchez

A los 20 años de edad, esta monja ingresaba en la Orden de las Hermanas Pobres de Santa Clara en el convento de Santo Domingo en Soria

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El papa Francisco aprobó hoy la promulgación del Decreto que reconoce las virtudes heroicas de la religiosa clarisa Sor Clara de la Concepción Sánchez, un paso que se producía en el transcurso de la Audiencia que concedió al prefecto de la congregación para las Causas de los Santos, y que la convierten en Venerable Madre.

La Diócesis de Osma-Soria preció que éste supone un paso decisivo en el camino hacia la Beatificación de la madre Clara, si bien para que la celebración pueda llevarse a cabo hace falta un milagro reconocido por la Santa Sede y atribuido a la intercesión de Sor Clara que, en estos momentos, está siendo estudiado en Roma.

Tras conocer el nombramiento, el obispo de la Diócesis oxomense,Gerardo Melgar Viciosa aseguró que «la promulgación del Decreto es un paso muy importante de cara a su Beatificación. A este paso le seguirán otros como son el reconocimiento del milagro como auténtico por parte de las comisiones de médicos, teólogos y Cardenales, y el reconocimiento y la firma del Decreto de Beatificación por parte del Papa».

Asimismo, Melgar Vicioso manifestó un profundo agradecimiento al Santo Padre Francisco por el Decreto, y felicitó a la madre abadesa y a toda la comunidad de Hermanas Pobres de Santa Clara de la Diócesis por este día de gozo. «Rezamos para que el proceso de Beatificación siga su curso de modo que, muy pronto, podamos ver firmado el Decreto que permita su Beatificación».

En el monasterio de Hermanas Clarisas de Soria, la noticia fue recibida con una «enorme» alegría. Su abadesa, Sor Ignacia María, afirmó que hoy «es un día muy grande para todas nosotras pero también para toda la Diócesis de Osma-Soria». «La madre Clara, ha dicho, es hoy más que nunca un pilar de la comunidad; queremos vivir sus ideales y transmitirlos a las próximas generaciones de religiosas que Dios nos regale, especialmente el amor a Jesús en la Eucaristía».

Tal y como recordó, Sor Ignacia María, muchas de las hermanas mayores conocieron personalmente a la madre Clara y el recuerdo que tienen de ella es el de haber vivido con una santa. «Todas las que tuvieron la alegría de convivir con ella poseen el mismo recuerdo: haberse sentido especialmente queridas por ella».

El Decreto de las virtudes heroicas es un juicio emitido por la Congregación de las Causas de los Santos que establece que Sor Clara vivió una vida en profunda unión con Dios y fiel a las enseñanzas de la doctrina de la Iglesia. «Teológicamente es un testimonio del florecimiento completo de las virtudes en la vida de la religiosa», añadió la Diócesis.

Una vez que la Santa Sede da el visto bueno a la «Positio» (documento que recoge los testimonios de los testigos, los principales aspectos de la vida, virtudes y escritos de la Sierva de Dios, aprobada por una Comisión de teólogos consultores, y por los Cardenales y Obispos de la Congregación para las Causas de los Santos), el Santo Padre, como ha sucedido esta mañana, autoriza la promulgación del Decreto de heroicidad de virtudes con lo que la Sierva de Dios pasa a ser considerada Venerable.

Vida de Clara Sánchez

El 14 de febrero de 1902 nacía Juana de la Concepción Sánchez García en Torre de Cameros (La Rioja). Hija de Leopoldo (maestro) y Agustina tuvo seis hermanos más y con dos años de edad se trasladó junto a su familia al municipio soriano de Rebollar. Desde niña se le observó una «innegable» predisposición para la vida religiosa: fueron muchas las veces que, en vez de ir a jugar con otros niños, se le encontraban en actitud contemplativa en el interior de la iglesia del municipio. Su deseo de ser religiosa debió de esperar varios años por el respeto y obediencia a su padre, cuyos principales deseos eran que continuara con sus estudios.

A los 20 años de edad ingresó en la Orden de las Hermanas Pobres de Santa Clara en el convento de Santo Domingo (Soria). Fueron 53 años de vida «ejemplar» ocupando diversos y variados cargos: ejerció de sacristana, tornera, ropera, vicaria, ecónoma y abadesa (este último servicio durante 17 años). En todos ellos destacó por su «sencillez y sumisión», explicó.

Murió repentinamente víctima de un infarto de miocardio el 22 de enero de 1973 en Soria. Cuando la noticia se divulgó por la ciudad fue unánime el clamor que se empezó a propagar: «¡Ha muerto una santa!».

Se expuso su cadáver en el coro bajo del monasterio y fueron cientos los fieles que acudieron a despedirse de ella; dos religiosas, sin parar, no daban a basto a pasar por sus restos mortales rosarios, estampas, medallas, entre otros, ¡pues la convicción profunda de los fieles era que acababa de morir una santa!. Fue enterrada en el pequeño cementerio de la comunidad; el 20 de abril de 1982, como paso necesario para el proceso de Beatificación, se produjo la exhumación de sus restos y su cuerpo fue encontrado incorrupto (habían pasado nueve años desde que fuera enterrada en la tierra y en un terreno que poco favorecía este hecho prodigioso). Hoy día su cuerpo se encuentra en una de las capillas del monasterio siendo visitado a diario por multitud de fieles.