La huella de Blázquez
Foto de la familia Blázquez Pérez. En centro (el más alto), un joven Ricardo Blázquez - f.heras
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La huella de Blázquez

El presidente de la Conferencia Episcopal Española no ha perdido nunca el contacto con su pueblo natal, Villanueva del Campillo, que se siente orgulloso de su ilustre vecino

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El presidente de la Conferencia Episcopal Española no ha perdido nunca el contacto con su pueblo natal, Villanueva del Campillo, que se siente orgulloso de su ilustre vecino

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  1. Villanueva del Campillo

    Foto de la familia Blázquez Pérez. En centro (el más alto), un joven Ricardo Blázquez
    Foto de la familia Blázquez Pérez. En centro (el más alto), un joven Ricardo Blázquez - f.heras

    A medio camino entre Ávila y el Valle del Jerte, al norte del puerto de Villatoro, se encuentra Villanueva del Campillo, un pequeño pueblo de cuidadas casas empedradas donde están censados apenas un centenar de habitantes, aunque como les ocurre a muchos pueblos castellanos, en verano dobla su población. Allí, en lo alto del municipio, justo detrás del Ayuntamiento y a escasos metros de la Plaza Mayor, se ubica la humilde casa donde nació el arzobispo de Valladolid y recién nombrado presidente de la Conferencia Episcopal Española, Ricardo Blázquez, y fue en su imponente iglesia parroquial donde decidió consagrar su vida a Dios.

    Apenas contaba con una decena de años, cuando en «la escuela de los niños», una coqueta construcción serrana precedida de unos arcos y un bonito patio en la entrada, don Ricardo comenzó a cultivar su amor a los libros. Al poco tiempo se marchó al Seminario Menor, en Arenas de San Pedro, pero siempre que tenía vacaciones volvía a Villanueva del Campillo a echar una mano a su familia. «Ricardo siempre ha sido una muy buena persona. Sus padres eran ganaderos y él siempre que podía, les ayudaba», detallaba ayer a ABC el alcalde, Ándres Romero.

    El segundo de ocho

    Ricardo Blázquez fue el segundo de ocho hermanos -el primero murió cuando aún era un niño-. Simeón es el mediano y ya recuerda poco de cuando eran pequeños. «Enseguida se fue al Seminario y no ha dejado de estudiar en toda su vida», apunta este abulense de nacimiento y madrileño de adopción -se marchó hace muchos años a la capital a trabajar-, de gran parecido al arzobispo de Valladolid. A Simeón le preocupa la carga de trabajo que le supondrá a su hermano su nuevo cargo al frente de la Conferencia Episcopal de Valladolid. Recuerda que hace tiempo ya estuvo en el mismo puesto, pero era más joven y además, insiste, «tuvo una operación gorda y está delicado del corazón, aunque se cuida mucho».

    A pesar de la distancia y de sus viajes, muchos al extranjero, Simeón no pierde el contacto con su hermano mayor: «Nos llevamos muy bien todos aunque, con todos sus viajes, le vemos muy poco. Esta tarde le llamaré para ver qué tal. Seguro que sigue en Madrid». Desde que se jubiló, hace tres años, el hermano de Blázquez pasa mucho más tiempo en el pueblo abulense, en la casa que heredaron de sus padres y donde suele descansar el arzobispo de Valladolid siempre que puede escaparse a su pueblo natal: «Siempre está liado escribiendo».

    El alcalde asiente: «Ricardo es una persona muy inteligente a la que siempre le gustaron los estudios». Hoy, su pueblo, que le nombró Hijo Predilecto el 18 de abril de 2005, se siente muy orgulloso de su vecino más conocido: «Villanueva del Campillo está muy satisfecho de que una persona de esta villa haya llegado tan alto. Es una alegría para nosotros», apunta el primer edil.

    Cuando el próximo verano la plaza de Villanueva del Campillo, en cuyo centro alberga un restaurado verraco, vuelva a engalanarse con motivo de las fiestas patronales del 15 de septiembre, en honor al Santísimo Cristo del Velo, los entrañables vecinos de esta pequeña localidad abulense volverán a recibir con los brazos abiertos a «don Ricardo». Mientras tanto, presumen de su ilustre vecino.

  2. Carmen Blázquez, su hermana: «Ayudaba mucho en casa cuando venía del Seminario»

    Carmen Blázquez, hermana del presidente de la Conferencia Epíscopal
    Carmen Blázquez, hermana del presidente de la Conferencia Epíscopal - f.heras

    En el número 13 de la Calle Mayor, en una casa empedrada a escasos metros de la Plaza Mayor del pueblo, vive su hermana Carmen, a quien Monseñor Ricardo Blázquez visita con frecuencia. «Suele venir bastantes veces. En las fiestas -alrededor del 14 de septiembre- se queda aquí todo el fin de semana y luego, durante el resto del año, sí que se escapa de vez en cuando, aunque sea de paso».

    En la entrada de la casa, junto al horno -hasta su jubilación Carmen y su marido regentaron una panadería-, descansan en un mueble las fotografías de la familia, entre ellas, una perteneciente a los padres del hoy arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española. Junto a ellas, Carmen muestra otra instantánea del libro de familia numerosa que tenía más escondida y apunta en ella a Ricardo, el segundo en nacer y el más espigado de los ocho hermanos, mientras en su rostro luce una sonrisa de orgullo: «De pequeño, Ricardo era un niño normal y corriente. Cuando venía del Seminario ayudaba mucho en casa y si tenía que ir con las vacas, porque de ello dependíamos la familia, pues lo hacía».

    Fue ejerciendo de monaguillo del padre Fidel, cuando apenas contaba con doce años, cuando al hoy presidente de la Conferencia Episcopal le despertó la vocación religiosa. «Siempre fue muy estudioso y tuvo muy buena cabeza», apunta Carmen. Desde entonces, Ricardo no ha soltado los libros. Dicen que su gran biblioteca es su «hobby» y entre sus publicaciones destacan obras como «Las comunidades neocatecumenales. Discernimiento teológico» (1987), «La esperanza en Dios no defrauda; consideraciones teológico-pastorales de un obispo» (2004), «Iglesia, ¿qué dices de Dios? (2007) o la que hasta ahora es su última obra, «Del Vaticano a la Nueva Evangelización» (2013).

    Tampoco abandona el papel y la pluma durante su estancia en Villanueva del Campillo. Le gusta madrugar para retirarse a escribir, casi siempre en la que fue la casa de sus padres, que ahora comparte con su hermano. «Aquí normalmente hay mucho jaleo y prefiere estar en la otra casa». Quienes lo tratan le definen como noble, cercano, recto... «¡Con la familia no es serio! Es uno más y si nos ponemos a jugar o hablar, él se une como un hermano más», detalla Carmen al ser preguntada por su carácter. Lo que no disimula es su admiración por «don Ricardo», ahora más si cabe, aunque es consciente de que su nuevo cargo al frente de la Conferencia Episcopal Española es de «mucha responsabilidad» y «él ya es mayor» -cumplirá 72 años-. En cualquier caso insiste, «¡cómo no vamos a estar orgullosos viniendo de una familia humilde como somos y viendo donde ha llegado!». Todo eso sí, añade, fruto de tesón, constancia y trabajo.

  3. «Procuraba resolver todas las situaciones tensas»

    Ricardo Blázquez recibió en 2009 la Medalla de Oro de la Universidad Pontificia
    Ricardo Blázquez recibió en 2009 la Medalla de Oro de la Universidad Pontificia - d.arranz

    «Es una muy buena persona. No es un hombre que provoque situaciones tensas, sino que procura resolverlas». Así define el catedrático de Orígenes del Cristianismo y Patrología de la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA), ya jubilado, Ramón Trevijano, al que fuera su compañero Ricardo Blázquez durante su etapa como profesor de la institución académica. Su «tendencia», recuerda Trevijano, era «conceder lo más posible» y «creo que a él no le importaba tomar fatigas que no le correspondían, ni quedar mal personalmente, pero cuando estaban en juego cosas más fundamentales sabía mantenerse firme y dejar las cosas claras». Compartió docencia con Blázquez en la Facultad de Teología desde 1978, año en el que el nuevo mandatario de los obispos españoles fue nombrado decano hasta 1981, momento en el que Trevijano tomó las riendas, mientras que el ya ex decano se mantuvo como docente hasta Juan Pablo II le nombró obispo auxiliar de Santiago de Compostela en 1988. El catedrático coincidía a diario con Blázquez entre clase y clase -unos diez minutos-: «No ponía en juego su función para nada, sabía plantarse firme y sacar su autoridad, pero él tendía en lo posible a ceder, era una personas demasiado buena a veces». Entonces, el hoy presidente de la Conferencia Episcopal Española vivía en un piso que la Diócesis de Ávila tenía en una céntrica plaza de la capital salmantina para sus seminaristas. Aficionado a «hacer salidas en coche los sábados con un par de amigos o con estudiantes», Trevijano recuerda, al menos, dos viajes con Ricardo Blázquez, del que dice que «era un compañero agradable», a los municipios extremeños de Hervás y Garrovillas de Alconétar.

    * Texto de Nunchi Prieto

  4. Patricio Fernández, secretario. De pueblo en pueblo en su Golf azul

    Blázquez saluda a Sáenz de Santamaría
    Blázquez saluda a Sáenz de Santamaría - heras

    «Siempre ha querido conducir un camión. Es una ilusión suya», recuerda entre risas el secretario personal de Ricardo Blázquez, Patricio. Ahora que asciende, bromea, habrá que intentar conseguir uno para ir «de pueblo en pueblo», una tarea fija en su día a día, en el que siempre que «tiene un hueco, coge su coche», un golf azul. Sencillo y privado, ni siquiera tiene móvil, su «cercana» relación con fieles y párrocos es la principal característica que destaca de su vida en Valladolid, donde fue designado arzobispo hace cuatro años. Su llegada fue multitudinaria. Apenas había aterrizado y le invadió la «emoción» de 20.000 personas en la beatificación del Padre Hoyos. Su discreción, le mantuvo en un segundo plano, salvo con el «malentendido» sobre si la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, era idónea como pregonera de la Semana Santa por estar casada por lo civil y con quien no se vio afectada la cordialidad. Además, contribuyó a restaurar la festividad del Corpus Christi en la ciudad.

    *Texto de María Gajate