Un último empujón antes de dejar el nido
Michael, en la cocina de uno de los hogares tutelados que la Fundación Adsis tiene en Valladolid - f.heras
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Un último empujón antes de dejar el nido

Cerca de 50 jóvenes en riesgo de exclusión prolongaron el acogimiento en 2013 tras cumplir su mayoría de edad

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A sus 26 años, Rosi no puede presumir de haber tenido una vida sencilla. Tampoco Michael, que a sus apenas dieciocho confiesa, con una tranquilidad que asombra, «no haber tenido mucha suerte con su familia». Ambos tienen más en común que ese mal trago que les ha hecho pasar su todavía corta experiencia vital. Su participación en el programa de transición a la vida independiente que gestiona la Fundación Adsis, en el marco de la red de Servicios Sociales de la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades. El programa, que va dirigido a los jóvenes que han pasado a la mayoría de edad en el sistema de protección, pero también para aquellos que se encuentran en situación de desamparo, sin recursos y sin un apoyo familiar externo, articula una serie de mecanismos para que sea menos costosa su transición a la vida adulta. «Es un proceso de preparación a la vida autónoma en el cual se atiende a la persona en todas sus dimensiones con el fin de que desarrolle una estructura humana, personal y psicológica de tal forma que le permita prosperar en sus habilidades para tener una inserción no sólo laboral, sino también social, normalizada», detalla la directora de la Fundación Adsis en Castilla y León, Aurora Corona.

Michael es relativamente «novato» en el programa, pero Rosi pasó por él hace ya más de nueve años, aunque sigue manteniendo los lazos con sus educadores. Llegó a la Fundación porque le «salió mal» una acogida y era el único recurso que tenía. Entonces había cumplido 17 años. Recuerda que su experiencia fue «muy buena». Primero, en un hogar tutelado y más tarde en el programa de transición, donde aprendió a desenvolverse sola. Cuando salió abandonó sus estudios de Estética para trabajar, primero, en un supermercado, y después, en el sector de la hostelería, donde aún continúa hoy: «Tuve suerte con los educadores y los compañeros».

Rosi es el mejor ejemplo del «alto nivel» de éxito conseguido en el programa, considera Aurora, para quien los resultados hay que verlos a largo plazo. «Sólo después de salir es cuando puedes valorar objetivamente si el trabajo que hiciste está teniendo resultados. Si los chicos están sabiendo resolver en la vida cotidiana los problemas que les surgen, ya que la sociedad les va a someter a muchas situaciones inesperadas donde se van a encontrar solos».

Cuatro «patas»

No obstante, no todo es un camino de rosas y el equipo de la Fundación Adsis se ha encontrado con «chavales» cuya «difícil» historia familiar les había marcado tanto que les ha resultado complicado superar los traumas para interiorizar este proceso de preparación a la vida adulta. «Evidentemente, dentro del proceso nos hemos encontrado con casos donde no lo hemos conseguido, pero sí es cierto, y sobre todo desde que abrimos los servicios de transición a la vida adulta y el Programa Enlace, que es un recurso que brinda nuestro apoyo después de que salen, que estamos teniendo un gran éxito».

Y es que este sistema de preparación a la vida adulta tiene varias «patas». La primera son los «hogares tutelados», que van dirigidos a menores que se encuentran dentro del sistema de protección con edades comprendidas entre los 14 y 18 años. Una segunda tiene que ver con servicios de transición, para chicos de entre 18 y 21 años con un periodo máximo de permanencia de año y medio, y la tercera y cuarta son los programas «Enlace» y «Te Acompaño», proyectos de acompañamiento que se basan en promover la relación personal entre un voluntario y un joven, ofreciendo un vínculo en ese proceso de maduración. «Ha habido relaciones que se iniciaron en estos programas y continúan de por vida», comenta Aurora visiblemente satisfecha con los resultados.

Durante 2012 prolongaron el acogimiento tras cumplir su mayoría de edad un total de 62 jóvenes. En 2013, 38 jóvenes permanecían con prolongación de actuaciones en familia de acogida y once en acogimiento residencial. ¿Cómo se decide la ampliación del tutelaje? «Depende de las circunstancias», explica la directora de la Fundación Adsis: «Es un diálogo entre la Gerencia de Servicios Sociales y los técnicos correspondientes que llevan el caso del chico y ven en qué momento está y qué necesita. Contemplas el proceso y valoras qué le puede ayudar más».

Son muchos los miedos que abordan a los jóvenes al salir. Rosi recuerda que su principal pavor era saber si iba a ser aceptada por los demás. «Es el miedo a que sepan tu historia y comenten ‘¡oh! una chica problemática que no ha llevado una vida normal’». Luego está el temor de no ser capaces de desenvolverse en su propia casa, «donde no hay una vocecita que te diga lo que puedes hacer».

Este desasosiego no fue exclusivo de Rosi. Lo ven los educadores en cada caso. «Yo tengo miedo a salir y no poder encontrar un trabajo porque me rechacen después de haberme pasado toda mi vida en centros», reconoce Michael, que desde hace muchos años lleva bajo el cobijo del sistema de protección junto a sus hermanos -ahora convive con uno de ellos-.

Ninguna maleta en la puerta

«Nuestra experiencia es que en esas condiciones, con esos temores, no se va nadie», señala el educador Alfonso de Nicolás, dirigiéndose al responsable Michael, en apariencia, más maduro que muchos jóvenes a su edad. «Hasta hoy a nadie se le ha puesto una maleta en la puerta y se le ha dicho: ‘Chico, búscate la vida’».

Alfonso recuerda que en el programa, además de aprender a organizar la vida cotidiana con actividades tan sencillas como hacer las tareas del hogar, saber qué comprar o administrar el dinero, se aborda la problemática de cada uno y se da mucha importancia a la formación y a la búsqueda de empleo: «Somos muy pesados diciendo que esto es un recurso educativo y ponemos mucho énfasis en que ellos crezcan como personas dotándoles de habilidades, estrategias…».

Todos los recursos de formación del programa son «externos». Tras aprobar la ESO, Michael está inmerso ahora en un curso del Ecyl impartido a través de la Fundación Juan Soñador. Desde el inicio de la crisis, Adsis está haciendo hincapié en los programas formativos para los jóvenes con el fin de paliar la falta de empleo. «El tema laboral hoy hace aguas y es una de las patas sobre la cual vertebra todo el proceso de separación para la vida autónoma», apunta con pena Aurora Corona. «Hoy por hoy es muy complicado y hay que pedir ayudas», insiste Alfonso. Actualmente, el equipo de la Fundación Adsis en Valladolid lo integran ocho personas, entre trabajadores sociales, educadores y pedagogos. Los hogares tutelados tienen doce plazas, seis para chicos y seis para chicas, y los servicios de transición, ya mixtos, son para ocho.

Por desgracia, Rosi y Michael no son los únicos jóvenes que han pasado por una niñez y adolescencia adversas. Han sido muchos más y sigue sucediendo. Con motivo de su 20 aniversario, la Fundación Adsis editó el libro «Mirando al futuro», donde 26 jóvenes que han pasado por experiencias vitales complicadas comparten sus vivencias y aprendizajes con el fin de mostrar a la sociedad que la vida de un niño nunca se puede dejar al amparo de la suerte.

¿Y ahora… como «pinta» el futuro para Rosi y Michael? Ambos, como otros tantos testimonios que recoge el libro, lo miran con esperanza: «Yo pretendo seguir como hasta ahora y mantener todos los pasos que he ido dando». Michael también lo tiene claro: «Quiero seguir formándome para encontrar un trabajo».