La violencia se impuso a los votos
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La violencia se impuso a los votos

El fin de las obras de Gamonal (Burgos) tras días de disturbios y protestas sienta un peligroso precedente

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A golpe de pedradas, gritos, spray y mechero, la violencia se ha convertido en vencedora en la batalla de Gamonal, el barrio burgalés epicentro de la noticia y la polémica en los últimos días a raíz de la oposición vecinal para la conversión en bulevar de la calle Vitoria que degeneró en disturbios y vandalismo, obligando a desplegar a más de 300 antidisturbios. Uno de los proyectos destacados del programa electoral con el que el popular Javier Lacalle fue aupado a la Alcaldía en mayo de 2011 -recibió el 80% de los votos, ganó en este barrio, y también el PSOE abogaba por la remodelación de la vía y un aparcamiento- ha quedado hecho más añicos que las marquesinas, cabinas de teléfonos o lunas de las oficinas bancarias objeto durante varios días de la ira de los violentos, que ni siquiera se retiraron cuando el regidor anunció que sucumbía a la presión y enterraba el proyecto definitivamente.

La batalla campal ha sido durante cinco días la amarga guinda con la que terminaron las manifestaciones en contra de una obra que iba a suponer 8 millones de inversión, más otros cinco para el aparcamiento privado en el subsuelo, eliminando las plazas en superficie. Precisamente ésta era una de los mayores críticas de los vecinos de un barrio falto de sitios de estacionamientos y donde la doble fila está permitida y no sancionada.

«Es mucho más importante la convivencia» que «60, 50 ó 40 obras», asumía el alcalde al anunciar este viernes por la tarde la paralización definitiva de los trabajos. Dijo «no sentirse derrotado» y haber tomado la decisión «libremente» y «sin presiones». Pero lo cierto es que la marcha atrás de un proyecto en teoría «dialogado» y que recibió el apoyo de parte del vecindario a través del Consejo de Barrio ha llegado justo cuando la violencia tomó Gamonal, se extendió con peligro por otros puntos de España y las redes sociales bullían llamando de nuevo a la movilización para este fin de semana en Burgos. Sin olvidar la firme oposición de los vecinos, muchos cerrados en banda. «Que tape la zanja y aquí no se hace nada», se escuchaba estos días en la calle Vitoria.

El bulevar ha sido «la gota que ha colmado el vaso», reconocen varias voces e incluso los propios manifestantes, que han encontrado aquí la «excusa y un gran motivo» para la movilización, degenerada en violencia. Ahora, el temor de que Gamonal sienta un peligroso precedente para combatir lo que no se comparte. Atacar a los bancos «especuladores» y «lo público» está justificado para quienes, con la cara prácticamente tapada, aguardan al refugio de la oscuridad de la noche para emprenderla a golpes con aquello que se cruza a su paso y no es de su agrado. La presencia policial es todo un estímulo para estos jóvenes, rodeados buena parte del día de olor a «porro» y litrona en mano. Es ver el despliegue de los antidisturbios sobre la «zona cero» y que los ánimos, de por sí ya tensos, se calienten. Apuestan sobre cuántas «lecheras» lograrán movilizar a la vez que piden a gritos la marcha de a Policía, que para muchos constituye «una provocación», olvidando que el viernes 10 todo estalló sin que los antidisturbios hubieran intervenido. En unos minutos, vallas de obra al suelo, contenedores derribados y consumidos por el fuego -han ardido casi un centenar- y lanzamiento de piedras y botellas de vidrio contra escaparates y agentes en una zona de guerra en obras donde encontrar munición arrojadiza es fácil.

Complacencia

«Parece que ahora está más o menos tranquilo. ¿Se prevé jaleo?», preguntamos a uno de los agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) a la luz del día. «Ahora, sí. Empieza cuando vengan los jóvenes», responde, convencido y preparado para otra noche más de disturbios en la calle Vitoria. Y es que, entre los muchos vecinos que han salido a protestar de forma más o menos pacífica, tanto el Ministerio del Interior como los policías sobre el terreno aseguran que se han colado grupos radicales y violentos que son los que alientan las algaradas. Esperan a que de la zona se despeje después de las manifestaciones para entregarse al vandalismo y descargar un chorreo de insultos contra los antidisturbios y empezar con otra noche de violencia.

«Como en el Líbano»

En el barrio, algunos lamentan la imagen, «como si esto fuera el Líbano», pero otros, sin participar en los actos vandálicos, amparan, disculpan y comparten que se recurra a las piedras y el fuego para hacerse oír e imponer su criterio. Y ahora que las obras han quedado enterradas, piden más, amparados por su «victoria» y convencidos de que su «lucha» sin cuartel ha dado resultados. Entre la masa, ni siquiera es necesario escuchar lo que se dice en la asamblea para jalear, gritar e insultar con el resto. Solo dejarse llevar por el clima de protesta. La calle es suya, tanto que los medios no lo han tenido fácil. Asambleas sobre el asfalto que prohiben grabar. Un ejemplo a plena luz del día: un cámara que osó subirse a una cabina para tomar imágenes, tras el abucheo, la invitaron «a bajar, o te bajamos nosotros».