viviendo en san borondón

El Castillo de la Luz, de espaldas al mar

Cuesta mucho creer que de nuevo Gran Canaria prefiera y elija vivir de espaldas al mar, ¡siendo isleños sus habitantes!

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Mucho se habló, se discutió e incluso se falseo la verdad, cuando corporaciones municipales anteriores a la presidida por Saavedra, trataron de dar utilidad pública al Castillo de La Luz y sus aledaños, incluyendo la réplica de la carabela «La Niña». Se intentaba dinamizar la zona que une el Parque de Santa Catalina con la Estación Marítima de los añorados jet-foil. Se quería embellecer la ciudad y que fuera a la vez un barrio de gran interés turístico. El istmo es hoy un cadáver sin acabar de enterrar.

En otro tiempo fue una mixtura entre cosmopolita y pueblerina, era puerta de entrada y bienvenida a la ciudad desde el mar, con el incentivo del «comercio de indios», a la vez que lugar de evasión ante tanta estrechez de rancias miras y la evidente decadencia de un quiero y no puedo de la emergente burguesía local.

Al parecer la margarita se ha deshojado, decantándose la actual corporación por dedicar todo el parque que aloja el Castillo de la Luz a una exposición permanente de esculturas de Martín Chirino. No sólo el interior del castillo, también amplias zonas de los jardines. Para ello hay que desahuciar de nuevo a «La Niña», como algo sin valor que estorba. Ese espacio urbano ya no será aquel importante Museo del Mar que no tiene la ciudad. Sólo salva la honrilla en los papeles el que mantiene la Marina en la Base Naval. Ahora será otra galería de arte más.

Oponerse a este uso tiene el gran peligro de que los amantes del arte tachen al que no lo apoye de ir contra la cultura, mejor dicho de «su» concepto de cultura. Eso no tiene por qué ser cierto cuando se trata de elegir entre dos cosas buenas, aunque una mejor que la otra.

Dudo que exista alguien que no aprecie en mayor o menor medida, por uno u otro motivo cultural, la obra de Martín Chirino, de Pérez Galdós o, en el plano político, los papeles de Juan Negrín. Pero, al menos en mi opinión, no son esas las prioridades para la revitalización de la ciudad en el terreno del ocio turístico y cultural, máxime cuando es necesario gastar fondos públicos escasos para rehabilitar el espacio, instalaciones y la adquisición de los fondos a exponer. Además, suma y no acaba el carísimo mantenimiento y gastos de personal posterior, sin una clara posibilidad de rentabilizar algo tanto esfuerzo económico que lo justifique.

El uso como Museo del Mar del que se habló para ese espacio urbano, conexión entre el Museo Elder de las Ciencias y la antigua Estación Marítima, tendría un valor didáctico y turístico añadido que muy posiblemente no tenga como galería de arte dedicada a Martín Chirino. Conviene recordar el caso del Museo de Néstor. Por cierto, ¿por qué no a exponer también la obra, sentidamente gran canaria a la vez que universal, de Pepe Dámaso?

El Castillo de la Luz y la carabela colombina «La Niña», convertidos en un moderno museo del mar muy didáctico al estilo inglés, podrían tener un gran atractivo para que los jóvenes aprendieran, divirtiéndose, la geometría y matemáticas necesarias para dibujar mapas útiles en navegación, desde saber interpretar los portulanos del antiguo medievo y los primeros instrumentos astronómicos para conocer la posición de un barco en alta mar, a cómo leer las detalladas cartas marinas o aeronáuticas de hoy en día y el uso del GPS o las radio ayudas actuales.

Si además se emplea un toque de creatividad y fantasía, ilustrando todo con la apasionante historia del Descubrimiento de América por el Almirante de las Mares Océanas, Don Cristóbal Colón, ese conjunto museístico puede llegar a tener un interés turístico que, con todos los respetos, dudo que posea una galería de arte. Cuesta mucho creer que de nuevo Gran Canaria prefiera y elija vivir de espaldas al mar, ¡siendo isleños sus habitantes!