La toxicidad afecta ya al suministro de agua potable de 10 localidades ribereñas del Gállego
La toxicidad afecta ya al suministro de agua potable de 10 localidades ribereñas del Gállego - abc
«Caso del lindano»

La toxicidad del agua deja sin suministro a otras cuatro localidades de Aragón

El Gobierno regional cree que la última contaminación ha podido deberse a un sabotaje, y ya son 10 los municipios sin agua del grifo

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Aún no se ha podido restablecer el suministro de agua potable en siete localidades aragonesas afectadas por la contaminación con lindano (un insecticida de alta toxicidad) y otras cuatro poblaciones se han sumado a la lista de municipios en alerta. Anzánigo, Latre, Estallo y Caldearenas son los pueblos que se han quedado ahora sin agua del grifo, que se añaden a los que están en la misma situación desde hace casi veinte días: Ardisa, Santa Eulalia de Gállego, Piedratajada, Villanueva de Gállego —localidad situada a poco más de diez kilómetros de Zaragoza capital—, Biscarrués y Marracos.

En total, la lista de habitantes afectados por esta alerta sanitaria y medioambiental supera ampliamente los 5.000. Todo por una contaminación que tiene su origen hace 40 años, cuya dimensión se manifiesta ahora con crudeza. El foco está en Sabiñánigo, en las toneladas de desechos que se acumularon por los vertidos ilegales realizados entre 1974 y 1989 por la fábrica de Inquinosa, que cerró en 1994 dejando un problema medioambiental de una dimensión tremenda.

Inquinosa fabricó lindano, un insecticida que hace años se prohibió en la Unión Europea por su peligrosidad para la salud humana y para el medio ambiente. Pero en Sabiñánigo el mal ya estaba hecho, y tardará décadas en borrarse. Hasta el momento, la Administración lleva invertidos más de 40 millones de euros, y harán falta más de 100 —aunque ni siquiera hay un cálculo preciso— para descontaminar las tierras afectadas.

Hace escasos días, a petición del Gobierno aragonés, el Ministerio de Medio Ambiente anunció un plan coordinado, con inversiones multimillonarias compartidas con la Comunidad autónoma —las cuantías tampoco se han detallado—, para acelerar esos procesos de descontaminación.

El problema no es solo el material tóxico acumulado en las tierras, que es una amenaza —confirmada como real— para las aguas del río Gallego, de las que se abastecen miles de personas de una larga lista de localidades situadas aguas abajo de Sabiñánigo. El otro problema son los propios trabajos de descontaminación, una extracción y traslado de residuos que resulta técnicamente delicada y con riesgo en sí mismo, ya que si coinciden con lluvias intensas, por ejemplo, o si se produce un derrame accidental —otro ejemplo— puede desencadenar un incremento de la presencia de lindano en las aguas del Gállego, como el ocurrido el pasado verano. Se produjo en pleno verano, pero no fue hasta más de un mes después cuando la Administración obtuvo los resultados de laboratorio, y fue entonces cuando se lanzó la alerta: en la penúltima semana de septiembre.

Ahora, sin embargo, el Gobierno aragonés cree que el último repunte de contaminación que se ha detectado, provocando la suspensión del suministro de agua potable a las cuatro localidades, no ha sido fruto de algo fortuito. De hecho, sospecha en firme en que ha sido intencionado, cree que hay indicios que apuntarían a un sabotaje, y como tal lo ha denunciado ante la Guardia Civil.

El origen de esta última alerta ha estado en una de las arquetas situadas en el viejo vertedero de Bailín, en Sabiñánigo. Las conducciones, construidas para contener los residuos tóxicos y evitar que se filtren incontroladamente por el subsuelo, han fallado. Una de las tuberías del sistema de drenaje de estos terrenos apareció obstruida, y los caudales con lindano acabaron saliendo de forma incontrolada.