«Nunca habíamos recibido amenazas. Aquí se viene a rezar, ¿quién iba a imaginar esto?»
Sigue el intenso trabajo para limpiar los restos dejados por la explosión - FABIAN SIMON
EXPLOSIÓN EN LA BASÍLICA DEL PILAR

«Nunca habíamos recibido amenazas. Aquí se viene a rezar, ¿quién iba a imaginar esto?»

No se avisó de la colocación del explosivo ni hubo alerta previa por riesgo de atentados

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El artefacto colocado ayer en la Basílica del Pilar explotó sin que se hubiera recibido aviso previo de la colocación de la bomba de fabricación casera. No se hubo llamada alguna alertando de ello y al Cabildo de la Basílica del Pilar tampoco le constan amenazas previas. [Ve aquí las imágenes de la explosión]

Los dispositivos de seguridad en este gran templo que preside la zaragozana Plaza del Pilar son limitados de costumbre, pero tras la ocurrido tanto el Arzobispado como el propio Cabildo se plantean reforzarlos. Hasta ahora, la vigilancia en el templo se reduce a una discreta presencia de personal de una empresa de seguridad, y cámaras en puntos muy concretos del edificio especialmente sensibles por el valor histórico-artístico de piezas muy específicas.

En el interior de la Basílica no hay un circuito de cámaras de videovigilancia. «Nunca habíamos recibido amenazas ni nos podíamos imaginar que ocurriera lo que ha ocurrido. Aquí se viene a rezar, ¿quién puede imaginarse algo así?», declara a ABC el sacerdote Ignacio Sebastián, canónigo de la Basílica del Pilar encargado de su patrimonio artístico. Explica que es complicado asegurar la videovigilancia en el interior de un edificio de las dimensiones que tiene esta basílica, porque «los espacios son enormes y haría falta tal cantidad de cámaras para cubrirlos en su totalidad que es poco viable».

La explosión no ha dañado patrimonio artístico del templo. Cuando menos no de forma aparente tras la primera revisión que se ha llevado a cabo. La deflagración llenó de humo la basílica, pero no ha dañado elementos singulares. Uno de los puntos sensibles era el coro, cerca del que estalló el artefacto que se había colocado bajo uno de los bancos centrales situados entre el coro y el altar mayor. Los libros del coro tienen siglos de antigüedad y se acostumbra a tenerlos abiertos, si bien cada cierto tiempo se cierran sus tapas. Por fortuna, justo un par de días antes de la explosión se decidió cerrar sus tapas.

Llamamiento de la Policía

Mientras tanto, la Policía continúa con la investigación y sigue centrando su atención en círculos radicales de extrema izquierda, más aún después de que la acción haya sido reivindicada por el autodenominado «Comando Insurreccional Mateo Morral», de corte anarquista y que también reivindicóla colocación de otro artefacto en febrero en la madrileña catedral de La Almudena, que fue desactivado por las fuerzas de seguridad.

Ahora se analizan exhaustivamente los restos del explosivo que se recogieron en el interior de la Basílica, para detallar su composición y el mecanismo empleado, entre otros puntos el detonante que se utilizó y si, por ejemplo, iba acompañado de algún tipo de temporizador. Lo que se sabe con certeza es que el explosivo constaba de pólvora y de una bombona de cámping-gas.

Al trabajo de la policía científica se añade el de la Brigada de Información de la Jefatura Superior de Policía de Aragón, que es la que lidera las investigaciones. Se buscan datos que puedan poner sobre la pista de quien colocó el artefacto. Tras la explosión se tomó declaración a decenas de personas que en ese momento se encontraban en la basílica, que habían estado poco antes en la zona donde se produjo la explosión o que pudieron haber visto algo que sea relevante para la investigación. Las fuerzas de seguridad han hecho un llamamiento público a que si alguien estuvo allí y puede aportar datos colabore acudiendo a la Jefatura Superior de Policía de Zaragoza o a cualquier comisaría de la capital.