El Pirineo suma cuatro terremotos en dos semanas
La cordillera es uno de los puntos de más actividad sísmica de la Península Ibérica - FABIAN SIMON
SOCIEDAD

El Pirineo suma cuatro terremotos en dos semanas

Aunque han sido de baja magnitud, evidencian la alta sismicidad de esta cordillera

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Cuatro temblores de tierra acumula el Pirineo aragonés en un par de semanas. Han sido de baja magnitud, pero alguno de ellos ha alcanzado intensidad suficiente como para que se haya sentido en amplias zonas de la mitad norte de la región, así como en otros territorios próximos como el entorno pirenaico navarro.

Se registró un seísmo de baja magnitud el día 18 de diciembre, otro el 31 (que fue el que se notó más, llegando a percibirse incluso en zonas próximas a Zaragoza capital), otro más el día 1 y el cuarto el pasado día 3 por la noche.

Ninguno de estos seísmos ha tenido su epicentro en el lado española de la cordillera. Todos han tenido su foco en la zona gala de Laruns, en el lado francés de los Pirineos, que es donde se concentra el mayor riesgo sísmico.

Aunque han sido de escasa magnitud y no han provocado daños materiales ni personales, estos temblores evidencian la actividad sísmica que se concentra en el Pirineo. ¿Por qué en esta cordillera? Los expertos explican que nació precisamente como consecuencia de la colisión de dos placas tectónicas, la ibérica y la europea.

Es una colisión técnicamente calificada como «suave». Eso hace que los temblores, aunque sean frecuentes, rara vez sean de magnitud elevada y alcancen intensidades que resulten destructoras. Ahora bien, que el riesgo de que se produzcan desastres por seísmos en el Pirineo no quiere decir que nunca tengan lugar. De hecho, hay antecedentes, como el seísmo ocurrido en el Valle de Arán (Pirineo catalán) en 1923, el que tuvo su epicentro en Arette (Francia) en 1967, o el terremoto que sufrió Benasque (Pirineo aragonés) en 1660.

En el Pirineo aragonés están acostumbrados a sentir temblores de tierra con cierta frecuencia. No es algo que resulte extraño a los lugareños. Los seísmos de baja magnitud son relativamente frecuentes, aunque en una gran parte de ocasiones ni siquiera se notan, pasan desapercibidos para la población.

En Aragón hay dos áreas con riesgo sísmico: la pirenaica y la de la Cordillera Ibérica. En el valle del Ebro el riesgo es prácticamente nulo. Aun con todo, el Ejecutivo regional puso en marcha hace un par de años un plan específico de protección civil frente al riesgo de terremotos.

Según diversos estudios científicos, desde el siglo XVIII hay constancia de diecisiete terremotos destructores que afectaron a distintas zonas del Pirineo, desde el extremo navarro-vasco al catalán, pasando por el área aragonesa.

Un trabajo de investigación realizado hace diez años con equipos móviles de medición sísmica registró, en diecisiete meses, 189 temblores de tierra en el Pirineo central (área navarro-aragonesa), a una media de diez por mes. Todos ellos fueron seísmos de magnitud baja o moderada y, de hecho, la mitad de ellos ni siquiera fueron registrados por los equipos fijos de medición que conforman la red permanente de vigilancia sismológica. Pese a la baja intensidad de esos temblores, la cifra de conjunto evidencia la alta actividad sísmica que se da en el Pirineo.

En su conjunto, en Aragón se vienen a registrar cada año una treintena de terremotos. La gran mayoría pasan desapercibidos para la población.