Alberto Fabra, en el embalse de El Toscar, donde presidió la puesta en funcionamiento del Trasvase Júcar-Vinalopó
Alberto Fabra, en el embalse de El Toscar, donde presidió la puesta en funcionamiento del Trasvase Júcar-Vinalopó - efe
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El Vinalopó necesita 50 hectómetros de agua del Júcar para asegurar su regadío

La sobreexplotación de los acuíferos constituye un serio problema medioambiental y encarece la extracción de agua

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El sector agrícola de las comarcas del río Vinalopó (Alicante) precisa de 50 hectómetros cúbicos de agua procedente del Júcar para garantizar su regadío en el año hidrológico que acaba de comenzar, según un informe del Instituto de Estudios Económicos de la Provincia alicantina (INECA).

En unas semanas en las que se decide cuántos hectómetros del Júcar se trasvasan a la cuenca alicantina, el estudio refleja que el regadío de las comarcas del Vinalopó crea unos 40.000 empleos directos y 50.000 más de tipo indirecto en sectores económicos como el transporte, la industria fitosanitaria e, incluso, el turístico.

El director de proyectos de INECA, Joaquín Melgarejo, ha informado de que, en un año de fuerte sequía en el campo de Alicante, esos 50 hectómetros cúbicos desde el Júcar son necesarios para mantener la viabilidad de explotaciones principalmente dedicadas a la uva de mesa, frutales de pepita, almendro y, en menor medida, a la hortaliza.

La superficie con derecho a riego del Vinalopó se sitúa en torno a las 50.000 hectáreas aunque en realidad únicamente se aprovechan la mitad, unas 25.000, «porque no hay agua suficiente para el resto», según Melgarejo.

El alto, medio y bajo Vinalopó afrontan el problema de la falta de agua en superficie y de la sobreexplotación de los acuíferos, cada vez más profundos (entre 400 y 600 metros), cuestión que, además de constituir un «serio» problema medioambiental, encarece sobremanera la extracción por el mayor gasto energético y empeora la calidad del agua.

Aproximadamente el 40% de lo que se saca de los acuíferos se dirige al abastecimiento de la población y el 60% restante a los regadíos.

Para paliar esta escasez y los problemas medioambientales fue concebido el trasvase Júcar-Vinalopó, que desde Alicante se pide que tenga una segunda toma en la zona alta de la cuenca cedente (Corte de Pallás) que garantice la calidad, con el fin de que el agua pueda usarse tanto para el campo como para el abastecimiento urbano, lo cual aliviaría la situación de los acuíferos.

La primera conducción ya ha sido ejecutada cerca de la desembocadura, en el azud de La Marquesa, en Cullera, pero este agua presenta una doble problemática: que la baja calidad sólo la hace apta para regar y no para el consumo urbano, y el alto coste que supone tener que elevarla desde el nivel del mar hasta la cabecera del Vinalopó.

Una toma en Corte de Pallás (cuyo coste energético sería tres veces menor que desde el azud de La Marquesa) permitiría dirigir una parte del agua a abastecimiento lo que, además de aliviar los acuíferos, haría que los agricultores vieran asequible pagar su parte de la factura al dividirla con los usuarios urbanos, lo que no ocurre con el agua de Cullera.

Con el objetivo de mejorar desde ya la situación de estos acuíferos del Vinalopó, desde donde también se surte a l'Alacantí, Melgarejo ha abogado por que 12 hectómetros cúbicos del Júcar lleguen a esta última comarca desde el embalse de Alarcón (de calidad).

Ese agua se dirigiría al Tajo-Segura y de ahí sería captada por la Mancomunidad de los Canales del Taibilla para l'Alacantí.

Además de director de proyectos de INECA, Melgarejo dirige el Instituto del Agua de la Universidad de Alicante y forma parte de la Mesa Provincial del Agua de Alicante, dependiente de la Diputación.