EL RECUADRO

¿Abdican los juancarlistas?

«Yo no soy monárquico, soy juancarlista». Por descontado que no eres, hijo. Se es monárquico de la Institución, no de las personas

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¿Será por levantarse y acostarse, que la Historia de España parece un despertador, siempre tocando diana? Aunque no sé si de los que te despiertan con una musiquita agradable o de los que pegan tales campanazos que te dan ganas de tirarlo por la ventana. Digo lo del despertador porque ahora hay muchos pelusos que lo quieren poner en hora, qué antigüedad, en abril de 1931, cuando dijeron que España se acostó monárquica y se levantó republicana. Si supieran Historia, hasta podrían decir que igual que en aquellos entonces se sirvieron de unas elecciones municipales que nada tenían que ver con el invento, ahora quieren aprovechar que el Pisuerga de la tricolor pasa por el Valladolid de las europeas.

Y lo mismo que aquel despertador, hubo otro más reciente, el 23 de febrero de 1981, cuando muchos se acostaron cuanto menos escépticos en materia de forma de Estado y se levantaron fervientes juancarlistas. A los que gritaban el pareado ramploncete de «España mañana será republicana» les respondieron, sin rima, con un rotundo y masivo: «España hoy es juancarlista». En tiempos de Isabel II no hubo tantos isabelinos ni con Alfonso XIII tantos alfonsinos como juancarlistas en el Reinado de Don Juan Carlos I y Sofía después, como les puso el genial Tip en una dedicatoria.

¿Cuántas veces escuchó usted la frase, especialmente, como digo, tras el intento de golpe de Estado abortado por Su Majestad con dos co...ronas? La frase era:

—Yo no soy monárquico: soy juancarlista.

España era juancarlista. España sigue siendo juancarlista. Este tiempo que estamos viviendo en el final de una etapa aún no ha sido etiquetado por los historiadores, pero distanciándonos para coger perspectiva podríamos decir que tras el franquismo vino el juancarlismo. Suena bien: la España juancarlista, la época juancarlista, el esplendor económico juancarlista... La gente estaba muy contenta con esto de que todo el mundo se proclamase juancarlista y subrayara que no era monárquico. A mí, como El Piyayo a José Carlos de Luna, los juancarlistas me causan un respeto imponente, pero me dan pena. Y miedo. Ser juancarlista es la mejor forma de no ser monárquico. Con razón dicen lo ya citado de «yo no soy monárquico, soy juancarlista». Por descontado que no eres monárquico, hijo. Se es monárquico de la Institución, no de las personas: de quien ciñe la Corona en cada generación y Sanseacabó, como dice Curro Romero, que es monárquico «mariaísta», monárquico por la parte de Doña María, la madre de Don Juan Carlos, que era la primera y más egregia partidaria del Faraón de Camas.

Miedo me dan hoy los juancarlistas. ¿Qué harán ahora que su Rey ha abdicado? Aunque insistan en que no eran monárquicos, ¿se harán felipistas, partidarios fervientes de Don Felipe VI? ¿O abdicarán ellos también de la admiración, respeto y aprecio por la Institución, que han ligado, ay, a una persona y no a un concepto consustancial con la Corona, cual la continuidad dinástica? En esta hora me hubiera gustado que en España hubiera habido menos juancarlistas y más monárquicos a secas, sin nombres ni personalismos, de los de la Corona y Sanseacabó. Ya sé que esto es muy difícil en la España de los duales, del Barsa y del Real Madrid. Ser partidario de la Institución y no de quien la encarna es tan poco atrayente como ser seguidor del árbitro en un derbi o en El Clásico: todo el mundo con el «Hala Madrid» y tú con el «Aúpa Urízar Azpitarte» no pega. Espero que por el bien de todos y especialmente de España los juancarlistas no hayan abdicado de ser monárquicos a su manera y se hayan hecho ya felipistas. Cómo será la grandeza de la Monarquía, que verá usted cómo, tras la proclamación como Rey del Heredero, cuando se diga «felipista» nadie se va a acordar de González. El juancarlismo ha terminado: ¡viva la continuidad dinástica!