Javier Fernández
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Sochi 2014: «El niño que tenía miedo al hielo»

Con 6 años temía entrar en la pista, pero después no había quien lo sacara. Quince años después, Javier Fernández es el mejor patinador de Europa

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Hace tanto tiempo que se calzó por primera vez unos patines que a Javier Fernández (Madrid, 1991) le cuesta recordar ese momento. De lo que sí se acuerda, como si fuera ayer, es del miedo que le daba entrar al hielo, aunque una vez dentro era casi imposible hacerle salir de la pista. «Al principio no quería ir a patinar. Era como si tuviera miedo, y luego, cuando veía que me lo pasaba tan bien allí, siempre salía el último», apunta. Una relación de amor-odio que, quince años después de aquel primer contacto, se ha traducido en dos medallas de oro europeas y un bronce mundial. Éxito que ha situado este deporte semidesconocido en el mapa.

Su historia comienza a escribirse en el sur de Madrid, en un barrio obrero en el que se destapa la ilusión de un niño que lo único que quería era imitar los movimientos de su hermana sobre el hielo. Con 6 años ya patinaba con una naturalidad que asombraba a sus entrenadores. Fue entonces, a finales de los 90, cuando germinó el triunfo dorado conseguido hace una semana. Un «boom» del patinaje artístico «a lo bestia», como reconocía el patinador hace unos días, nada más regresar del Europeo celebrado en Zagreb.

El cuádruple salto: «Es como meter siete goles en un partido. Es el límite físico de un patinador. Más allá de eso no hay nada»

La carrera deportiva de su hermana llevó a toda la familia Fernández hasta Jaca, donde Javi continúa sus entrenamientos de una forma cada vez más profesional. Era la primera vez que dejaba Madrid por el patinaje. Lo que no sabía entonces era que no iba a ser la última. Años más tarde, uno de los mejores entrenadores del mundo, Nikolai Morozov, le ofrece sus servicios y Javi no se lo piensa.

El amor de un grupo de padres por este deporte terminó por convertir una afición en un modo de vida. Gloria Stefanell, actual vicepresidenta de la Federación de Deportes de Hielo (FEDH) y responsable del equipo de patinaje, era una de las «madres» que poco a poco ayudaron a elevar el nivel de esos niños, creando campeonatos y haciendo más profesional su actividad. «Tratábamos de que todo fuera lo más parecido a los campeonatos internacionales, para que los niños se sintieran importantes. Les poníamos el himno, cuidábamos cada detalle… y así todos fuimos creciendo», señala a ABC, visiblemente emocionada tras el triunfo en el Europeo.

Aventura en el extranjero

Con solo 17 años se lía la manta a la cabeza y se marcha a Estados Unidos. Es el punto de inflexión de su carrera. «Una noche me encontré a solas en un apartamento en Nueva Jersey, montando muebles del IKEA a la luz de las velas. Me pregunté qué hacía allí, pero ahora no me arrepiento de nada», relata a ABC. Morozov le permitió hacerse un hueco en el patinaje internacional. Una disciplina que, a día de hoy, se mueve en muchos casos por nombres y en la que cuesta hacerse ver. Los métodos anárquicos del ruso comenzaron a pasarle factura cuando éste se trasladó a Rusia, donde Javi lo pasó muy mal. Su «momento más duro», en el que dudó de si seguir adelante. Es un año después de los Juegos de 2010 cuando su rumbo cambia radicalmente. Opta por irse a Canadá a entrenar con Brian Orser, otro de los gurús del patinaje internacional, que altera definitivamente su carrera. «En Canadá tengo todo lo que necesito. La gente es muy cálida y amable. ¡Hasta han puesto una bandera de España en el club en el que entreno», señala orgulloso el madrileño.

Aunque echa de menos a su familia y a sus amigos, reconoce que Canadá le aporta todo lo necesario para triunfar, como demostró en el Europeo la semana pasada, donde se convirtió en el primer español campeón de la disciplina. «No me asusta que me comparen con otros pioneros como Ángel Nieto, Ballesteros o Alonso. Lo que me gustaría es que algún día, el

patinaje pueda estar a la misma altura que lo están ahora esos deportes en los que ellos se abrieron camino». Para ganar el oro europeo, Fernández usó un programa basado en la ambivalencia de Chaplin. «Me gustaba mucho cómo se movía y por eso lo elegí », argumenta. Dentro de un ejercicio casi perfecto, Javi clavó los cuatro «cuádruples» que realizó, la técnica más complicada y extrema dentro del patinaje artístico. «Según las leyes de la Física, no hay nada más allá del cuádruple ahora mismo. Es el máximo al que podemos llegar. Para que la gente lo entienda, es como si un futbolista marcara seis o siete goles en un partido… pues eso es lo que hice yo, pero cuatro veces seguidas», explica.

Los Juegos en el horizonte

Lo hizo, además, sin haberse podido entrenar en la pista oficial, ya que sus patines —los únicos que utiliza a lo largo del año— llegaron de milagro a Zagreb. «Debido a la cuchilla que llevan, no podemos llevarlos en la cabina del avión y esta vez tuvimos tan mala suerte que me perdieron el equipaje y hasta el día antes del campeonato no llegaron a mis manos. No había podido patinar en cuatro días y ni siquiera pude probar la pista antes del programa corto, así que recuerdo que salté bastante asustado al hielo». El éxito alcanzado en el Europeo no le nubla la vista. Al contrario. Es ahora cuando se acuerda de los fracasos. Esos que «duelen más que las caídas en el hielo». «¿Los Juegos Olímpicos? No me va a poder la presión, porque llevo soportándola mucho tiempo. Sé que 2014 son mis Juegos y quiero luchar por esa medalla. Hay tiempo», asume.