Un afgano señala desde su tanque a un avión americano - AP

Tanques americanos, último recurso contra los talibanes

Por primera vez en nueve años de guerra, Estados Unidos recurrirá a los tanques

mikel ayestaran
Actualizado:

“El despliegue de tanques no ayudará a que Estados Unidos gane la guerra. Nuestro pueblo tiene además muy amargo recuerdo de los tanques soviéticos”. El comandante Hafizullah sabe de lo que habla ya que durante años lideró a un grupo de muyahidines en la yihad contra el Ejército Rojo, una guerra santa cuya huella más visible está formada por la chatarra en la que se han convertido los miles de tanques rusos que descansan en valles afganos.

Sus reacciones al diario The New York Times se produjeron el mismo día que el Pentágono anunció el envío de una compañía de tanques Abrams M1 para combatir a la insurgencia en Helmand, todo un mensaje de la escalada de violencia que le espera a esta provincia a partir de primavera, una especie de epílogo a las operaciones Moshtarak y Khanjar que la OTAN lanzó en 2009 para hacerse con el control de diferentes distritos. Por primera vez en nueve años de guerra, Estados Unidos recurrirá a los tanques.

Los Abrams americanos poco tienen que ver con los viejos T-55 que usaron los soviéticos y heredaron posteriormente las fuerzas afganas. A diferencia de los helicópteros MI17, aun operativos y usados por la nueva Fuerza Aérea, los tanques rusos rehabilitados por la infantería afgana no abandonan las bases. Pese a sus 68 toneladas de peso son “los más rápidos y mortíferos” que existen, según fuentes de los Marines citadas por la cadena CNN, y permitirán llevar a cabo “misiones más agresivas mitigando el riesgo de los soldados”. 16 aparatos y cien tripulantes se desplegarán en las zonas desérticas de Helmand, alejados de montañas y valles donde resultan más vulnerables a las armas de la insurgencia.

Lección iraquí

La llegada de estos nuevos vehículos blindados de combate supone además seguir en la línea de aplicación de las lecciones aprendidas en Irak ya que su aportación fue “decisiva”, según los mandos estadounidenses, para derrotar al enemigo en la provincia iraquí de Al Anbar. De esta manera el general David Petraeus varía la filosofía de trabajo marcada por su antecesor, Stanley McChrystal, y apuesta por el aumento de la fuerza para intentar reconducir la situación de seguridad. Una escalada que, sin embargo, pretende vaya de la mano de “la protección de los civiles, porque con cada civil muerto por fuego de la coalición solo ganamos enemigos”, una fórmula complicada como han demostrado los últimos datos de distintas organizaciones que denuncian que este ha sido el año más sangriento para los civiles desde la invasión de 2001.

Junto a la contundencia que ofrecerán los cañones de 120 milímetros de los nuevos tanques, con capacidad de alcanzar objetivos a dos kilómetros de distancia, la OTAN ha intensificado los bombardeos aéreos, las operaciones nocturnas de las fuerzas especiales y se ha puesto en marcha una campaña de destrucción de edificaciones abandonadas que podrían servir de refugio para el enemigo en las zonas de mayor resistencia. Todo esto mientras al otro lado de la frontera, en suelo paquistaní, los aviones no tripulados (UAV, según sus siglas en inglés) han llegado a la cifra récord de casi un ataque al día en los últimos dos meses.

Canadá y Dinamarca ya los usan

Los tanques americanos se unirán a los que las fuerzas de Canadá y Dinamarca tienen desplegados desde hace varios años en Kandahar y Helmand respectivamente. Se trata de modelos Leopard 2A 6M que han colaborado “activamente en la limpieza de focos de insurgencia lugares fáciles de defender pero muy complicados de atacar como por ejemplo las viñas”, según los mandos militares canadienses, que planean iniciar su retirada de suelo afgano el próximo 1 de julio. La experiencia canadiense también ha demostrado “su capacidad disuasoria porque logran que el enemigo desaparezca cuando les ve aparecer”.

La OTAN no ofrece información sobre tanques que la insurgencia ha podido destruir durante la guerra, pero canadienses y daneses advierten que pese a su potente blindaje no son inmunes a los potentes IED (artefactos explosivos improvisados) empleados en Afganistán.