Sigler sufre varios desmayos tras salir de la cárcel en Cuba

Los Veintisiete revisan hoy en Luxemburgo la «posición común»

MADRID Actualizado:

Al excarcelar el sábado a Ariel Sigler Amaya, uno de los disidentes cubanos más enfermos y emblemáticos, el régimen de los Castro ha querido evitar una nueva muerte en prisión, después del escándalo mundial que provocó en febrero la de Orlando Zapata Tamayo. Porque la familia Sigler Amaya buscaba ayer desesperada una ambulancia para trasladarlo a un hospital debido a que «se encuentra en malas condiciones y muy deteriorado», según relató a ABC Juan Francisco, el mayor de los hermanos.

En este contexto, los ministros de Exteriores de la Unión Europea revisan hoy en Luxemburgo la llamada «posición común» respecto a Cuba, condicionada al respeto a los derechos humanos. Y mañana visita la isla el secretario del Vaticano para las Relaciones con los Estados, monseñor Dominique Mamberti. El papel de la Iglesia católica cubana ha sido clave para el traslado de doce presos de conciencia a centros penitenciarios en sus provincias de residencia y en la liberación de Sigler con licencia extrapenal por motivos de salud.

Demacrado e inválido, el opositor llegó a su casa de Pedro Betancourt, en la provincia de Matanzas. Atendió a los medios y a otros opositores, a quienes les dijo que los siete años de duras condiciones carcelarias le habían «arruinado la vida», pero que no cejaría en su lucha por la democracia en Cuba y la liberación todos los «hermanos» aún en cautiverio. Luego sufrió varios desmayos y pasó un noche de vómitos, diarrea, mareos y bajada de tensión. Juan Francisco Sigler aseguró que le administraron dos bolsas de suero y que querían hospitalizarlo. Sin concretar a qué centro.

Tratamiento en el exterior

El mayor de los cinco hermanos —Miguel vive desterrado por el régimen en Miami y Guido sigue en la prisión de Agüica con seis enfermedades crónicas— afirmó que la familia quiere que reciba tratamiento médico en el extranjero. Pero para ello necesita el permiso del régimen comunista. Durante los últimos meses, Miguel Sigler ha hecho gestiones en Estados Unidos, sin recibir aún respuesta.

Ariel, de 47 años, presidente del Movimiento Independiente Opción Alternativa, fue detenido en la oleada represiva de 2003 y condenado a 20 años de cárcel. Ex campeón provincial de boxeo, llama la atención el aspecto quijotesco al que ha llegado después de perder más de cuarenta kilos. Sigler se quedó parapléjico en prisión después de sufrir una «neuropatía carencial asociada a problemas nutricionales», entre otras enfermedades. Desde agosto de 2009 estaba ingresado en el hospital de rehabilitación Julito Díaz, en La Habana, bajo custodia de la Seguridad del Estado.

Ahora «no es ni un cadáver andante porque no anda, necesita silla de ruedas, es criminal lo que ha hecho la dictadura con él, un asesinato a cámara lenta», apuntó Juan Francisco. Su excarcelación, añadió, «no es un gesto humanitario, por ellos hubiera estado 20 años en la cárcel, pero sí temen a la presión internacional y a un escándalo como el de Zapata».

Al excarcelar el sábado a Ariel Sigler Amaya, uno de los disidentes cubanos más enfermos y emblemáticos, el régimen de los Castro ha querido evitar una nueva muerte en prisión, después del escándalo mundial que provocó en febrero la de Orlando Zapata Tamayo. Porque la familia Sigler Amaya buscaba ayer desesperada una ambulancia para trasladarlo a un hospital debido a que «se encuentra en malas condiciones y muy deteriorado», según relató a ABC Juan Francisco, el mayor de los hermanos.

En este contexto, los ministros de Exteriores de la Unión Europea revisan hoy en Luxemburgo la llamada «posición común» respecto a Cuba, condicionada al respeto a los derechos humanos. Y mañana visita la isla el secretario del Vaticano para las Relaciones con los Estados, monseñor Dominique Mamberti. El papel de la Iglesia católica cubana ha sido clave para el traslado de doce presos de conciencia a centros penitenciarios en sus provincias de residencia y en la liberación de Sigler con licencia extrapenal por motivos de salud.

Demacrado e inválido, el opositor llegó a su casa de Pedro Betancourt, en la provincia de Matanzas. Atendió a los medios y a otros opositores, a quienes les dijo que los siete años de duras condiciones carcelarias le habían «arruinado la vida», pero que no cejaría en su lucha por la democracia en Cuba y la liberación todos los «hermanos» aún en cautiverio. Luego sufrió varios desmayos y pasó un noche de vómitos, diarrea, mareos y bajada de tensión. Juan Francisco Sigler aseguró que le administraron dos bolsas de suero y que querían hospitalizarlo. Sin concretar a qué centro.

Tratamiento en el exterior

El mayor de los cinco hermanos —Miguel vive desterrado por el régimen en Miami y Guido sigue en la prisión de Agüica con seis enfermedades crónicas— afirmó que la familia quiere que reciba tratamiento médico en el extranjero. Pero para ello necesita el permiso del régimen comunista. Durante los últimos meses, Miguel Sigler ha hecho gestiones en Estados Unidos, sin recibir aún respuesta.

Ariel, de 47 años, presidente del Movimiento Independiente Opción Alternativa, fue detenido en la oleada represiva de 2003 y condenado a 20 años de cárcel. Ex campeón provincial de boxeo, llama la atención el aspecto quijotesco al que ha llegado después de perder más de cuarenta kilos. Sigler se quedó parapléjico en prisión después de sufrir una «neuropatía carencial asociada a problemas nutricionales», entre otras enfermedades. Desde agosto de 2009 estaba ingresado en el hospital de rehabilitación Julito Díaz, en La Habana, bajo custodia de la Seguridad del Estado.

Ahora «no es ni un cadáver andante porque no anda, necesita silla de ruedas, es criminal lo que ha hecho la dictadura con él, un asesinato a cámara lenta», apuntó Juan Francisco. Su excarcelación, añadió, «no es un gesto humanitario, por ellos hubiera estado 20 años en la cárcel, pero sí temen a la presión internacional y a un escándalo como el de Zapata».