Tarek Aziz en una imagen del 5 de septiembre de 2010 - AP

Condenan a la horca a Tarek Aziz, la cara amable del baazismo

El ex viceprimer ministro iraquí ha sido condenado a muerte por su papel en la depuración de los partidos religiosos

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Tres años después de la muerte en la horca de su presidente y amigo Sadam Husein, Tariq Aziz (Mosul, 1936) seguirá el mismo camino. Las dotes diplomáticas que le sirvieron para ganarse el apoyo de Estados Unidos a la causa iraquí durante la guerra con Irán o el posterior respaldo económico por parte de la Unión Soviética no han sido suficientes para convencer a la Justicia de Irak, que lo condena a muerte “por su papel en la eliminación de partidos islámicos”.

Unos partidos como el Dawa del actual primer ministro en funciones, Nuri Al Maliki, que intentaron acabar con su vida en 1980 con un atentado del que salió ileso.

Viceprimer ministro del régimen desde 1979 hasta su caída y ministro de Exteriores desde 1983 hasta 1991 –labor que le convirtió en el rostro exterior del régimen-, este político cristiano caldeo fue capturado por las fuerzas americanas el 24 de abril de 2003, apenas 15 días después de la caída de Bagdad.

Aziz fue el último gran cargo del régimen que compareció ante la prensa internacional en el hotel Ishtar Sheraton cuando las fuerzas americanas ya estaban a las puertas de Bagdad. Vestido de uniforme verde oliva y con boina, en lugar de su habitual traje y corbata, pero con sus inseparable gafas de pasta.

El periodista Jon Lee Anderson recoge en su libro ‘La caída de Bagdad’ una rueda de prensa en la que “el diminuto viceprimer ministro, que tenía el pavoneo y el aplomo de una gallinita de Bantam” insistió por última vez en su argumento de que “Gran Bretaña y Estados Unidos no buscaban las armas de destrucción masivas, sino las vastas reservas petrolíferas de Irak”.

Aziz se encuentra preso en la enorme base de Camp Croopper que rodea al aeropuerto internacional de la capital iraquí. A sus 74 años padece problemas de salud y el pasado enero sufrió un ataque que le llevó al hospital.

Su última aparición en prensa fue durante el verano en una entrevista concedida al diario británico The Guardian en la que quiso dejar claro que “todas las decisiones las tomaba Sadam, yo no participé en ninguno de los crímenes que se me imputan”. La pregunta que circula ahora es si al igual que ocurrió con Sadam, la Justicia lo entregará a las milicias chiís o no.