París y Berlín se oponen a la libre circulación de rumanos y búlgaros

Rechazan la entrada de Rumanía y Bulgaria en el espacio Schengen por la corrupción y el crimen organizado

ENRIQUE SERBETO
CORRESPONSAL EN BRUSELAS Actualizado:

La Presidencia húngara de la UE recibió ayer su primer disgusto antes siquiera de empezar formalmente su semestre. Una de sus prioridades anunciada por su ministro de Asuntos Exteriores, Janus Martonyi, para extender el tratado de Schengen a Rumanía y Bulgaria, no podrá ser completada porque Francia y Alemania han anunciado abiertamente que lo vetarán a causa de la persistencia de problemas con el control de sus fronteras exteriores, los escasos progresos en materia de lucha contra la corrupción y la notoria falta de avances en la lucha contra las bandas organizadas.

Para algunos se trata de una nueva demostración de fuerza del eje franco-alemán, para otros es sencillamente la consecuencia directa de la decisión del verano pasado de expulsar a miles de gitanos rumanos de Francia, a los que Schengen otorgaría el derecho a regresar libremente sin necesidad de mostrar siquiera sus documentos de identidad. Para Hungría es una contrariedad de cara a sus planes de abrir las puertas a todas las minorías húngaras que se encuentran en su vecindario inmediato.

Los ministros del Interior de Francia, Brice Hortefeux, y Alemania, Thomas de Maizière, enviaron esta carta al presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, y a la presidencia belga, que ejerce sus últimas dos semanas esperando poder entregar cuanto antes el relevo a los húngaros.

Budapest había anunciado ayer precisamente que la ampliación de Schengen era una de sus prioridades, precisamente para mejorar la comunicación con sus vecinos. Especialmente en Rumanía vive una numerosa minoría húngara que, bajo el paraguas de Schengen, podría circular como si ya no hubiera fronteras entre los dos países.

El plazo era marzo de 2011

La ampliación debía haber entrado en vigor en marzo del año entrante, de acuerdo con el calendario que Bulgaria y Rumanía habían anunciado en 2007. Sin embargo, debe ser aprobado por unanimidad de todos los demás países miembros, lo que no parece probable después de la carta enviada por Francia y Alemania.

En esta misiva, los ministros francés y germano afirman que por ahora no consideran posible entrar en esa discusión con los demás países porque no se dan las condiciones necesarias. «Estimamos que la decisión ha de tomarse cuando los principales asuntos de preocupación hayan sido resueltos, es decir, cuando se hayan producido progresos irreversibles en la lucha contra la corrupción y contra el crimen organizado», lo que a la hora de la verdad aplazaría tal objetivo a calendas griegas, a un plazo imprevisible por el momento. El eje franco-alemán considera en cualquier caso que es «prematuro» autorizar que se cumplan las previsiones iniciales de marzo de 2011.

El portavoz de la comisaria encargada de los asuntos de Interior, Cecilia Malmstrom, ha confirmado que la Comisión ha recibido esta carta, pero insiste en que la decisión no es competencia del ejecutivo comunitario, sino de los países que forman parte del espacio sin fronteras, que son todos los de la UE a excepción de los ya citados de Rumanía y Bulgaria, más Chipre que también esperaba entrar en 2011 y Reino Unido e Irlanda que aprovechan su insularidad para mantenerse fuera de este mecanismo. Otros cuatro países no comunitarios —Suiza, Noruega, Liechtenstein e Islandia— sí que forman parte de Schengen. Equipos de expertos de los países miembros han estado visitando las instalaciones de Bulgaria y Rumanía en los aeropuertos y puestos fronterizos para preparar un informe que debe permitir a los ministros del Interior tomar una decisión, según el teórico calendario preparado por la presidencia húngara en febrero.

Sin embargo, la misiva de Francia y Alemania anticipa que el dictamen de estos dos países será negativo. Es posible que Eslovaquia pueda estar en una posición similar, teniendo en cuenta que también tiene una minoría húngara en su territorio a la que, para su disgusto, Budapest decidió reconocer la nacionalidad, lo que provocó una crisis política entre ambos países.

Mensaje indirecto a Turquía

La diferencia entre la libre circulación de personas reconocida por los tratados y el espacio de Schengen es que en el primer caso no se suprimen los controles de identidad al cruzar la frontera, mientras que en el segundo lo que se suprime es la frontera misma y desaparece todo tipo de intervención administrativa.

Sobre Bulgaria y Rumanía se han impuesto retrasos en la aplicación de la libre circulación de personas en las condiciones de adhesión porque en algunos países se temían avalanchas de demandantes de empleo. Por otro lado, Rumanía ha acordado con la vecina Moldavia —una ex república soviética dividida en dos y gobernada por lo más parecido a bandas mafiosas— la concesión de su pasaporte a todos aquellos que se declaren rumanos de origen o hablen su lengua.

Después de la expulsión de gitanos de Francia —a los que la Presidencia húngara también se ha propuesto ayudar— la decisión de París era previsible. Con la inclusión de Alemania en el debate, no solo se refuerza el eje París-Berlín, sino que se multiplican las condiciones para que los dos países más atrasados en su integración accedan a una situación de normalidad en el seno de la UE, lo que a su vez podría enviar un mensaje indirecto a Turquía y sus aspiraciones de continuar las negociaciones de ingreso. Por ahora, el dossier turco está en la puerta... del congelador.