Mónica, la mujer de Florencio Ávalos, y el hijo de ambos - CARMEN DE CARLOS

«Los dos decíamos siempre lo mismo: falta poquito»

Entrevista a Mónica Araya, la mujer Florencio Ávalos, el primer minero rescatado

C. DE CARLOS
MINA DE SAN JOSÉ (CHILE) Actualizado:

La mujer de Florencio Ávalos ha sido la afortunada. Su marido ha sido el primero en salir de la mina. Tímida, afable, le recordaba a ABC cómo ha pasado este tiempo y cómo se enteró de la noticia del derrumbe.

“Fue por la radio, a las ocho y media de la noche. El accidente se produjo a las dos de la tarde del 5 de agosto. Nadie me avisó, fui directa al hospital pero no había nada. Luego me vine a la mina y me quedé 17 días seguidos. Pensaba que estaba muerto pero no me movía porque quería que me entregaran su cuerpo”. Las primeras imágenes suyas la dejaron muy triste, “su carita estaba desfigurada. Me impresioné. La segunda vez fue mejor y ahora –después de semanas de verlo en el vídeo- su carita es la que es, la que era antes de esto”, asegura.

Su marido, de 31 años, era jefe de turno en San José. Se hizo célebre durante estos dos meses porque, “andaba con la cámara de vídeo filmando todo. Algo sabía porque en casa tenemos filmadora”, comenta antes de reconocer que se quedó sorprendida al comprobar su agilidad delante de una cámara.

De 33 años, “soy dos años mayor que Florencio”. Durante estos dos meses largos y después del 22 de agosto, fecha en la que descubrieron que los 33 vivían, habló con él todos los fines de semana. “No me pedía nada. Tampoco me contaba que tuviera problemas. Yo hacía lo mismo porque no quiero preocuparle. Los dos decíamos siempre lo mismo: Falta poquito”.

Dos hijos

Sus hijos, Alex, de 16 años y Byron, de 7 “le echan de mucho de menos”. Byron, un chaval simpático y despierto, se ha pasado los días correteando por el Campamento Esperanza. “la paso muy bien pero echo de menos jugar con mi papá a la pelota”, reconocía el chico.

Mónica, la afortunada en la lotería de la gran escapada de la mina San José, además, tiene un hermano y un cuñado “abajo” como los familiares de los mineros se referían al enorme pozo de casi setecientos metros donde los suyos han pasado 69 días.