Soldados mauritanos patrullan el desierto en su lucha contra Al Qaida del Magreb Islámico - LUIS DE VEGA

Mauritania: ¿Qué hacer con la yihad?

Cada vez son más las voces que abogan por medidas de gracia para los terroristas de Al Qaida del Magreb

ENVIADO ESPECIAL A NUAKCHOT Actualizado:

Un mes después de que Al Qaida secuestrara en Mauritania a Albert Vilalta, Roque Pascual y Alicia Gámez las autoridades de este país abrieron un diálogo con los 68 presos salafistas de la cárcel de Nuakchot como parte de una estrategia nacional para hacer frente al extremismo islámico.

Era enero de 2010. Seis meses después el optimismo del Gobierno convive con el escepticismo de quienes creen que ese diálogo debe ir acompañado de un plan más amplio que abarque la rehabilitación y la reinserción de los detenidos. «Estamos ante una guerra ideológica», señala el especialista en «yihadismo» Isselmu Uld Mustafa. «El diálogo no ha sido seguido de medidas de acompañamiento como liberar y ayudar a reinsertar a aquellos que no han cometido crímenes o no han estado en los campos de entrenamiento de Al Qaida. Esto es un error».

«No basta con decirles que no es bueno matar a cristianos. Eso es bla-bla-bla», añade Uld Mustafa. «Creíamos que sacarían a alguno a la calle», reconoce en la misma línea sin querer ser citado un funcionario extranjero en Nuakchot. «No todos pueden ser considerados terroristas», estima un diplomático occidental con amplia experiencia en África que considera que el presidente Mohamed Uld Abdel Aziz ha apostado por la «defensa» mientras que su predecesor, Mohamed Uld Sheij Abdallahi, al que echó con un golpe de estado, apostó más por la «democracia».

«Es gente que ha asesinado y ha matado. La decisión final es de los jueces», afirma a ABC Abidine Uld Elkheir, ministro de Justicia, al tiempo que recalca, al contrario de lo que distintas fuentes no oficiales consultadas, que «el poder judicial es independiente» en Mauritania.

«Ha sido un diálogo fructífero» celebrado «en un clima de apertura y tolerancia para mostrarles el verdadero camino del Islam», señala el ministro de Asuntos Islámicos, Ahmed Uld Neini, antes de insistir en que el siguiente paso es que todos sean juzgados. El ministro no esconde que el presidente Mohamed Uld Abdel Aziz ha tomado esta decisión de dialogar presionado por los «hombres bomba» y los «secuestros».

La mayoría de los presos, 47, aceptaron la iniciativa y se mostraron arrepentidos. Los otros 21 no y además insisten en seguir adelante con la «yihad» (guerra santa). Alguno incluso se mostró desafiante delante del Gobierno, los periodistas y los demás presos en la ceremonia inaugural del diálogo. Uno de ellos tomó la palabra antes que nadie. «Lo que nosotros decimos y hacemos es la verdad y el camino correcto», dijo Khadim Uld Semman mientras levantaba el dedo índice y mostraba una camiseta en la que había dibujado a bolígrafo una granada y otros símbolos de Al Qaida.

«Permanecí imperturbable», comenta el ministro de Asuntos Islámicos al ser preguntado por este incidente que él vivió en directo. «Cada uno en ese diálogo pudo expresarse libremente» y dejarle hablar «lo único que hizo fue reforzar nuestra iniciativa».

De fondo persiste la «falta de democracia no sólo política, sino también económica y social», detalla al término de la oración de la tarde Mohamed El Habib, uno de los ulemas que dirigió el diálogo en prisión. «Hemos podido palpar la realidad. Entre esos presos los había que ni siquiera son musulmanes pacticantes».

El partido islamista Tawasul no fue legalizado hasta 2007 y desde entonces no ha dejado de ganar adeptos mientras sus líderes elevan la voz en público contra la deriva terrorista. El líder de esta formación, un ex preso islamista en tiempos de ex presidente Maauiya Uld Taya, explica porqué Al Qaida está golpeando a su país.

«En primer lugar, existen personas que optan por la violencia y la justifican al amparo de cierta cultura islamista. En segundo, la política del ex presidente Taya, un proisraelí que encarceló a todos los islamistas sin distinguir entre moderados y radicales, lo que llevó a algunos a optar por la violencia. Y tercero, la propia geografía de Mauritania», un enorme desierto de un millón de kilómetros con unas fronteras fuera de control, explica el presidente del Tawasul, Mohamed Jemil Uld Mansur.

De la fachada de la sede del partido cuelga una gran pancarta que recuerda el ataque a la flotilla humanitaria que iba a Gaza y fue atacada hace unos días por Israel. «La violencia no debe emplearse más que contra los ocupantes», opina Uld Mansur refiriéndose a los conflictos de Irak, Afganistán y, sobre todo, Palestina.