<a href="">Un soldad mauritano en el desierto de Lemghety</a> - luis de vega

Lucha en el desierto de Al Qaida

La elite del Ejército mauritano trata de frenar el avance terrorista en las fronteras con Malí y Argelia. Por primera vez Nuakchot abre esta zona militar a varios medios, entre ellos ABC

lemghety (mauritania) Actualizado:

Son las cinco de la mañana del 5 de junio de 2005. Casi todos duermen todavía en el pequeño acuartelamiento de Lemghety, un cruce de caminos en pleno desierto en el noreste de Mauritania cerca de Malí y Argelia. El terrorista argelino Mojtar Belmojtar y sus hombres aterrizan a bordo de varios vehículos y abren fuego. En el ataque matan a 17 de los 28 militares. Los mauritanos apenas tienen tiempo de gritar por la radio y responder con los escasos medios de los que disponen, porque los refuerzos más próximos se hallan en Zuerat, a unos 700 kilómetros a través de pistas y pedregales. Belmojtar, perfecto dominador de las trampas naturales que esconde el desierto, se retira tras la matanza hacia Malí tras recoger los cuerpos de sus seis hombres muertos.

Así transcurrió el primer ataque en la República Islámica de Mauritania del argelino Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), la banda que un año después, con nuevos bríos internacionales, pasó a llamarse Al Qaida del Magreb Islámico (AQMI) coincidiendo con el quinto aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Belmojtar, uno de los líderes de la expansión del terrorismo argelino a otros países africanos, abrió en Lemghety una espita de violencia que no se ha vuelto a cerrar en Mauritania, un país pobre de un millón de kilometros cuadrados, casi todos desierto, y de sólo tres millones de habitantes.

Mojtar Belmojtar es además el hombre que mantiene secuestrados desde hace casi siete meses a los voluntarios españoles Albert Vilalta y Roque Pascual, desaparecidos en una carretera mauritana el pasado 29 de noviembre junto a Alicia Gámez, que fue liberada en marzo. Todo apunta a que los españoles fueron trasladados a través del desierto mauritano hacia el norte de Malí, desde donde se sigue negociendo su liberación.

Unidades antiterroristas

«Sin la complicidad de gente y territorios extranjeros los españoles no podrían haber sido secuestrados y llevados al norte de Malí, se defiende el comandante Sidahmed Uld Sheij, al frente del segundo Grupo Especial de Intervención (GSI), las nuevas unidades móviles antiterroristas del Ejército que en turnos de tres meses peinan los confines del desierto. Lo hace durante una visita de varios periodistas, entre ellos este corresponsal, a Lemghety, a más de 26 horas en coche desde Nuakchot, la capital. Nunca antes el Gobierno mauritano había accedido a enseñar tan de cerca y sobre el terreno cómo tratan de poner freno a Al Qaida.

A 150 kilómetros de Malí y 350 de Argelia, el cuartel de Lemghety es poco más que un pequeño barracón sin agua corriente ni luz que no nos dejan fotografiar por medidas de seguridad. Llegar hasta aquí cruzando un territorio inmenso casi sin rastro de vida de ningún tipo es suficiente explicación para comprender las dificultades que entraña plantar cara a unos terroristas cada vez más preparados con los medios de los que dispone Mauritania a

pesar de la ayuda de estadounidenses y franceses. Además de crear hace un par de años los GSI después de que Al Qaida decapitara a una docena de militares mauritanos, Nuakchot ha ampliado y reforzado más recientemente los pasos fronterizos y ha decretado desde enero de 2010 zona militar cerrada un tercio del país.

La principal misión de los 800 hombres que conforman los tres GSI es tratar de impermeabilizar, tanto de entrada como de salida, los 350 kilómetros más sensibles de la frontera, cerca de Argelia y Malí, de los casi 6.000 con que cuenta Mauritania. Los traficantes y los terroristas se mueven bien en ese terreno, según informaciones facilitadas por el Ejército.

Los primeros suelen ir en convoyes de uno o dos camiones con un par de hombres por vehículo y, a veces, viajan armados. Los segundos van en caravanas de dos o tres todoterrenos con entre dos y cuatro personas por coche y armados de fusiles y ametralladoras. A veces ambos unifican sus fuerzas. El pasado febrero fue interceptado en esta región un envío de hachís escoltado por miembros de Al Qaida.

Ahora «no hay rincón del país que no esté vigilado y «casi hemos puesto fin a la entrada de terroristas desde el norte de Malí, añade el comandante Sidahmed. Pero «el riesgo cero no existe», sentencia. «Los pasillos de entrada para los miembros de Al Qaida del Magreb Islámico son numerosos, reconoce en un documento facilitado a ABC el mando del segundo GSI con base en la ciudad de Atar.

El presidente Mohamed Uld Abdel Aziz, un general que llegó al poder en 2008 por un golpe de estado antes de ganar en 2009 las elecciones, «se ha gastado mucho dinero en modernizar el Ejército», reconoce una fuente extranjera en Nuakchot. «Sus capacidades han mejorado», piensa otro diplomático occidental con años de experiencia en África, pero «también se ha reforzado Al Qaida, que es ahora de ámbito regional, ha reclutado a más gente y cuenta con más dinero».

4 países de la región

Cuatro países de la región (Argelia, Mauritania, Malí y Níger con Burkina y Libia de observadores) acaban de formar un mando conjunto con base en la ciudad argelina de Tamanraset para hacer frente a a red terrorista de Al Qaida. Aunque no es más que un anuncio hecho hace pocas semanas, el proyecto es visto como un buen paso para romper las diferencias que hay entre vecinos a la hora de afrontar la lucha contra el terrorismo. Así lo reconocen los militares mauritanos y las fuentes extranjeras consultadas.

Controlar a los terroristas y los traficantes es la prioridad del Gobierno del Presidente Uld Abdel Aziz por encima incluso de la democracia, reconoció a ABC hace unos días abiertamente su ministro de Defensa, Hamadi Uld Baba Uld Hamadi. En Lemghety, la humilde tumba de los 17 militares asesinados el 5 de junio de 2005 parece recordarlo cada día.