Lars Lokke Rasmussen, el ex primer ministro danés que se enfrenta a sus 'haters' cara a cara
Decidido a comprender el «odio digital» en su contra, el ministro de Exteriores convocó el fin de semana a sus detractores más críticos en las redes sociales, pero la mayoría no se presentaron
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Corresponsal en Berlín
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Iniciar sesiónEl pasado fin de semana, en el corazón del distrito de Kodbyen, en Copenhague, el ministro de Asuntos Exteriores de Dinamarca ha protagonizado una escena política tan insólita como reveladora. Lars Lokke Rasmussen convocó a sus críticos más feroces en las redes sociales a ... un encuentro presencial. El mismo político que fue primer ministro en dos periodos anteriores (2009–2011 y 2015–2019), decidido a comprender el «odio digital» que ha crecido en los últimos años contra su persona, retaba a un cara a cara en el Ungdommens Demokratihus, la Casa de la Democracia Juvenil, a las seis de la tarde del sábado. Como cabía esperar, sus 'haters' más feroces no dieron la cara para decir frente a frente lo que escupen desde el anonimato.
Previamente, Rasmussen había creado en octubre un grupo en Facebook titulado 'Alle os der hader Lars Lokke' ('Todos los que odiamos a Lars Lokke'), que rápidamente reunió a cientos de miembros. En un gesto que mezcla audacia política y sentido del humor, les escribió: «Escribís mucho aquí, así que vamos a vernos en la realidad. He conseguido un espacio y una mesa. Podéis venir y contarme por qué me odiáis. Prometo escuchar.» Rasmussen provocó a sus más agresivos detractores: «Si me odiáis tanto, al menos hacedlo mirándome a la cara».
Ante un público de unas 40 personas, menos del 10% de los miembros del grupo de Faceboook, Rasmussen hubo de escuchar críticas directas sobre su estilo político, su credibilidad y la percepción de que «no cumple lo que promete». Varios participantes le acusaron de ser un político que «dice una cosa y hace otra». Uno de ellos le espetó: «No confiamos en ti porque cambias de posición según te conviene». Algunos asistentes señalaron que ha pasado por distintos partidos y alianzas, lo que interpretan como una búsqueda constante de poder, más que de principios, y se le recordó que en su etapa como primer ministro había prometido reformas que nunca se materializaron. Un crítico le dijo: «Tus palabras no se convierten en hechos, y por eso la gente se siente engañada».
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Rasmussen tuvo ocasión de comprobar que su pragmatismo y disposición a pactar con el centro‑izquierda o el centro‑derecha indistintamente es percibido como falta de coherencia ideológica y «chaquetismo». Pero algunas de sus posiciones políticas más criticadas y defenestradas en redes ni siquiera aparecieron en el transcurso del acto, como su oposición a las ambiciones estadounidenses en Groenlandia, su defensa firme de Ucrania contra Putin y su firme condena a los ataques de Hamás de 2023 y su defensa del derecho de Israel a responder. «Las guerras de agresión y alterar fronteras deben ser cosa del pasado», dijo esta vez sin que nadie mostrase argumentos en contra.
Pese a la virulencia con la que muchos usuarios se expresan en redes, el encuentro presencial estuvo marcado por un tono mucho más moderado, seguramente porque los usuarios que más frecuentemente le insultan en línea brillaron esta vez por su ausencia. «En Facebook es fácil escribir cualquier cosa, pero aquí, mirándole a los ojos, es distinto», compartió uno de los que sí se atrevió a mostrar su rostro. Otro, que había publicado mensajes particularmente duros, apenas pudo articular un par de frases. Rasmussen, por su parte, escuchó con calma, sin interrumpir, y respondió con serenidad, según pudo observarse en la transmisión online del evento.
Benjamin Rud Elberth, experto danés en comunicación digital, califica esta iniciativa como «estratégicamente inteligente». Cree que Rasmussen «logró convertir la hostilidad en redes en un acto de transparencia política». En plena campaña electoral de cara a las elecciones de este martes, en las que serán elegidos 98 concejos municipales y 4 regionales, donde su partido Los Moderados no tiene grandes expectativas, considera que Rasmussen se ha anotado un tanto al «humanizar su figura y acercarse a votantes escépticos.
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