El divorcio de Cristina Kirchner y su vicepresidente marca la investidura argentina
Cobos y Cristina Kirchner, en junio de 2008 - reuters

El divorcio de Cristina Kirchner y su vicepresidente marca la investidura argentina

Julio Cobos será el responsable de tomarle el juramento a la mujer que no le dirige la palabra desde hace casi cuatro años. El acto de este sábado pone fin a una tormentosa relación de amor y odio político

corresponsal en buenos aires Actualizado:

A horas de la investidura (la segunda) de Cristina Fernández de Kirchner, la atención en Argentina no apunta al discurso de la presidenta reelecta. Tampoco a su futuro Gabinete ( confirmó a casi todo el actual) y mucho menos a cuestiones menores como su vestuario (mantendrá el luto) o el de sus hijos Máximo y Florencia (él volverá a la corbata). La curiosidad, morbosa, apunta en otra dirección este sábado: la figura del todavía vicepresidente en ejercicio, Julio Cobos, responsable de tomarle el juramento a la mujer que no le dirige la palabra desde hace casi cuatro años, tantos como lleva en ejercicio este Gobierno.

Habrá abucheo, pataleo y frases hirientes, avisa el «kirchnerismo» fanático. La ceremonia seguirá su curso normal, sin escándalos, ni silbatina, anticipan los moderados. Cobos, exgobernador radical de la provincia de Mendoza, seducido por Néstor Kirchner en el 2007 para acompañar a la peronista Cristina Fernández en la «fórmula presidencial», se ha convertido en la bestia negra del oficialismo. La presidenta le considera un «traidor». El origen de todos los males de Cleto, como se conoce popularmente al vicepresidente que a su vez es titular del Senado, se encuentra en el campo o, dicho de otro modo, en su «voto no positivo», contra un proyecto de ley del Gobierno que grababa las exportaciones agrícolas y provocó una severa crisis en la Casa Rosada. Aquel día, el 17 de julio del 2008, se considera la fecha del divorcio político de un matrimonio mal avenido y nunca consumado.

Amado Boudou, vicepresidente electo y ministro de Economía sobre el papel, fue directo: «Me gustaría no tener nada que ver con Cobos, ni tenerlo cerca». La diputada Diana Conti, defensora a ultranza de una reforma constitucional que permita la reelección indefinida de Cristina Kirchner, consideró «probables» y justificados «los gestos» de repudio en una ceremonia de investidura que tendrá, entre otros representantes extranjeros presentes, al Príncipe de Asturias.

«Hasta el último día de mi mandato»

En este contexto, Cobos, con flema británica, ha reivindicado su función constitucional: «El ministro –en alusión a Bodou– debe comprender que ejerzo la función de vicepresidente hasta el último día de mi mandato. Si hay alguna acción que no comparta, podrá cambiarla y darle su impronta después del 10 de diciembre». Pero sus palabras no han logrado calmar los ánimos en el «kirchnerismo», que todavía le exige que no asista a la investidura y deje «el trámite» del juramento al siguiente en el escalafón.

La reacción y expresión de rechazo a Cobos más «contundente» salió de inmediato de los labios de Horacio Verbitsky, presidente del Cels (Centro de Estudios Legales y Sociales), miembro de Human Rights Watch, de la Fundación Nuevo Periodismo y confidente del fallecido Néstor Kirchner y de su viuda: « Andate Cobos, la puta que te parió», declaró sonriente.

Con estos antecedentes, es previsible que la mayoría de las miradas se fijen hoy más en «el desencuentro» de Cobos y la presidenta que en los gestos y las palabras que «ella» pronunciara para evitar sortear la fórmula del «yo juro» tradicional.