Rodríguez Zapatero, en la Casa Blanca con George W. Bush en 2008. - ABC

España, ¿burros o elefantes?

Con la llegada de Rodríguez Zapatero, la Casa Blanca cerró puertas secretas que ya no se han vuelto a abrir

ANNA GRAU
CORRESPONSAL EN NUEVA YORK Actualizado:

Con la salida de José María Aznar de la Moncloa y la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero, las relaciones con la Casa Blanca de George W. Bush se enfriaron hasta la criogenia. Con Barack Obama llegó el deshielo, la foto de familia y hasta el veraneo en España de la primera dama. ¿Significa eso que la relación entre España y EE.UU. vuelve a su mejor momento? ¿Y qué mejor momento sería, con los republicanos (cuyo símbolo de partido es el elefante) o con los demócratas (simbolizados por el burro)?

Se tiende a olvidar que en España no todo el antiamericanismo es de izquierdas. Cuando Aznar decide dar un volantazo pro-americano va contra las esencias de cierta derecha «antiyanqui». Sobre todo porque su volantazo es ambicioso y trasciende el mero utilitarismo (bases militares a cambio de apoyo) de los acuerdos históricos entre Eisenhower y Franco.

Todos los presidentes que convivieron con el franquismo siguieron la línea de Eisenhower, incluido Kennedy. La democracia vuelve a España en pleno mandato de Gerald Ford, un presidente de transición. Le sucede Jimmy Carter, que tenía poca sintonía con Adolfo Suárez. Washington escudriña la España de los 80 como una sorprendente bola de cristal que puede romperse en cualquier momento, como casi pasa con el 23-F. Leopoldo Calvo Sotelo da confianza de que el futuro es la OTAN. Y llega el PSOE.

Felipe González escenifica el resentimiento de la oposición antifranquista por lo mucho que tardó Estados Unidos en considerarles un interlocutor válido. También le toca hacer gala de la ortodoxia izquierdista, antiamericana y anti-OTAN de toda la vida. Pero pone manos a la obra para llevarse bien: sí a la OTAN.

Si González se entendió con Ronald Reagan, Aznar se entiende con Bill Clinton. Nuevamente se quiebra el mito de que los republicanos se llevan mejor con la derecha, y los demócratas con la izquierda. Ciertamente es con Bush cuando la apuesta atlántica de Aznar se despliega en toda su extensión. La alianza Bush-Aznar llegó a ser tan fuerte que España accede como nunca antes a la intimidad de las grandes decisiones mundiales. Washington descuelga el teléfono para que Marruecos desocupe Perejil, y usa su poderoso programa de espionaje de las telecomunicaciones, Echelon, para cazar etarras.

La «retirada» de Irak

Con el cambio político en 2004, la salida de las tropas españolas de Irak y, sobre todo, la recomendación de Zapatero de que otros países también retiren las suyas, se rompen muchas cosas. No sólo a nivel diplomático. La ruptura más profunda afecta a capas más inmanentes. Por ejemplo a los oficiales del Pentágono que habían compartido información de inteligencia con sus homólogos españoles. En esencia, EE.UU. se pregunta si se equivocó al confiar en la promesa de Aznar de que España podía ofrecer algo más que bases militares.

¿Se arregla esto con Obama? Fuentes consultadas por ABC en ambos países sostienen que no. Que ahora el trato es más superficialmente distendido e incluye renovadas complicidades, por ejemplo en la relación con la ONU. Pero los ámbitos en los que Obama puede ser cómplice de Zapatero son menos prioritarios para EE.UU. que aquellos en que lo eran Bush y Aznar. Las puertas secretas que se cerraron ya no han vuelto a abrirse.