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La aventura asiática de la española Hawkers

La aventura asiática de la española Hawkers

La firma de gafas de sol ha creado la Asian Fit, una adaptación de sus productos a la fisonomía asiática, y ya prepara su expansión geográfica a países como Tailandia, Indonesia, Malasia, Singapur, Vietnam y Filipinas.

Sexo a escala industrial

Sexo a escala industrial

La mayoría de los juguetes eróticos que se venden en el mundo proceden de destartaladas factorías chinas donde se fabrican rutinariamente

Movistar lanza el primer smartphone «low cost»

Movistar lanza el primer smartphone «low cost»

Justo antes de que empiece la campaña de verano, Movistar rompe el mercado de los smartphones con un modelo, el IVY, de bajo coste, que fue presentado ayer en la ciudad china de Shenzhen. Su alianza

CRISTINA JIMÉNEZ ORGAZ | SHENZHEN (CHINA) Comentar

Ponga un Rembrandt chino en su casa

¿Cuánto cuestan "Los girasoles" de Van Gogh, "La ronda de noche" de Rembrandt o la serie de retratos de Mao realizada por Andy Warhol? En cualquier subasta de Christie´s o Sotheby´s valdrían millones

PABLO M. DÍEZ | PEKÍN Comentar

Ponga un rembrandt en casa

Cuánto cuestan «Los girasoles» de Van Gogh, «La ronda de noche» de Rembrandt o la serie de retratos de Mao realizada por Andy Warhol? En cualquier subasta de Christie´s o Sotheby´s valdrían millones

PABLO M. DÍEZ | CHINA Comentar

Casi auténtico Ponga un Rembrandt en casa

Cuánto cuestan «Los girasoles» de Van Gogh, «La ronda de noche» de Rembrandt o la serie de retratos de Mao realizada por Andy Warhol? En cualquier subasta de Christie´s o Sotheby´s valdrían millones

El hermano «chino» de Obama

El hermano «chino» de Obama

Dentro de su trascendental gira por Asia, la visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a China no sólo será la más importante por el ascenso internacional de este país, sino también por

PABLO M. DÍEZ | CORRESPONSAL PEKÍN Comentar

El rey de las baterías y de los coches eléctricos

Con 5.800 millones de dólares (3.906 millones de euros), Wang Chuanfu encabeza la lista de los magnates más ricos de China que acaba de elaborar la revista Forbes. Escalando desde el puesto 23 que

Pablo M. Díez Enviado especial a Shenzhen (China) Comentar
Emprendedoras «made in China»

Emprendedoras «made in China»

Detrás de cada chino hay un empresario en potencia. O detrás de cada china. Sometidas durante siglos por un machismo histórico que se remonta a la época de Confucio, quien recomendaba la obediencia

PABLO M. DÍEZ. CORRESPONAL | PEKÍN Comentar
«Gran Hermano» te vigila en China

«Gran Hermano» te vigila en China

Resulta prácticamente imposible dar diez pasos seguidos sin ser observado por una cámara de seguridad en la mayoría de las calles de Shenzhen, una boyante ciudad del sur de China fronteriza con Hong

PABLO M. DÍEZ | SHENZHEN Comentar
La «fábrica global» de parados

La «fábrica global» de parados

Un viejo ventilador y una deshilachada bolsa de tela a cuadros con ropa. Después de pasarse tres años trabajando en una fábrica de Guangdong, al sur de China, eso es lo único que se lleva de vuelta a

PABLO M. DÍEZ | GUANGZHOU/DONGGUAN (CHINA) Comentar
Las víctimas colaterales de la crisis

Las víctimas colaterales de la crisis

En China, la crisis no sólo ha sumido en el paro a 20 millones de trabajadores al cerrar en menos de un año más de 67.000 empresas por la caída de las exportaciones, sino que también ha dejado un

PABLO M. DÍEZ | DONGUAN (CHINA) Comentar
accidente ferroviario en china

accidente ferroviario en china

Al menos tres personas han muerto y 60 resultaron heridas tras la colisión de dos trenes en el centro de China. El accidente se ha producido hacia las 14 horas locales en la estación ferroviaria de la ciudad de Chenzhou, situada en la provincia de Hunan. El choque entre un tren que iba de Changsha a Shenzhen, ambas ciudades situadas al sur del país, con otro que se dirigía desde la lo calidad sureña de Tongren a Shenzhen, provocó el descarrilamiento de varios vagones.

La «fábrica global» de parados

La «fábrica global» de parados

Un viejo ventilador y una deshilachada bolsa de tela a cuadros con ropa. Después de pasarse tres años trabajando en una fábrica de Guangdong, en el sur de China, eso es lo único que se lleva de vuelta

PABLO M. DIEZ | ENVIADO ESPECIAL A GUANGZHOU/DONGGUAN (CHINA) Comentar
Pablo M. Díez Enviado especial Guangzhou/Dongguan (China) Un viejo ventilador y una deshilachada bolsa de tela a cuadros con ropa. Después de pasarse tres años trabajando en una fábrica de Guangdong, en el sur de China, eso es lo único que se lleva de vuelta a casa Wei Chianghai. A sus 55 años, este campesino de la provincia de Sichuan se ha cansado de esperar el «milagro económico» del gigante asiático y, desengañado, regresa a su pueblo. «Llevo tres meses sin cobrar mi sueldo y, antes de que la compañía cierre, prefiero marcharme», explica hundido a EMPRESA a las puertas de la estación de trenes de Guangzhou. En China, éste es el lugar al que cada año llegan millones de «mingong» («currantes») que acuden a la región industrial de Guangdong para trabajar en las factorías que pueblan las ciudades de Foshan, en los alrededores de Guangzhou; Zhuhai, próxima a Macao; o Dongguan, cerca de Shenzhen y Hong Kong. Pero también es el sitio por el que escapan la mayoría de los trabajadores que no han visto cumplidos sus sueños y retornan a sus hogares en las provincias agrícolas del interior. Son más los que se van Como cualquier otro día, los aledaños de este inmenso edificio de frío estilo funcional están inundados por una marea humana que acarrea pesados fardos y aguarda, sentada en el suelo sobre hojas de periódico, la hora de salida de su tren. En los últimos tiempos, son más los que se marchan que los que llegan, ya que 20 millones de personas han perdido sus trabajos en las fábricas chinas desde que estalló la crisis en septiembre del año pasado. «Al principio, mi jefe prometía un sueldo mensual de 1.200 yuanes (126 euros), pero luego sólo pagaba 800 yuanes (84 euros) porque nos descontaba el resto para los gastos de la comida y el alojamiento en el dormitorio colectivo», se lamenta Wei Chianghai, quien estaba empleado en una fábrica de tintes de Xintang. Aunque Wei confiesa sin pudor que «nunca he oído hablar de la crisis financiera global», es una de sus víctimas. «Junto a mi empresa hay otras fábricas que están cerrando o a punto de ir a la quiebra, ya que los pedidos se han reducido considerablemente desde finales del año pasado», desgrana antes de tomar el tren hacia Chengdu, la capital de Sichuan. Para este trayecto de 30 horas, Wei Chianghai se ha provisto de un par de pequeños botes de tallarines instantáneos. «Esto es lo único que podré comer durante todo el viaje», se queja junto a su hija de 18 años, Wei Damei, que lo ha acompañado a la estación para despedirlo. Gracias a su empleo en distintos talleres de tintes, el padre pudo costearle a la joven los estudios en el colegio, pero al final ésta también ha acabado trabajando en una fábrica de electrónica de Guangzhou, donde gana unos 1.500 yuanes (158 euros) mensuales. «Tenemos miedo de perder nuestros empleos porque vemos que los sueldos están bajando y que mucha gente se queda en el paro al cerrar las fábricas», se lamenta la muchacha, que tiene previsto reencontrarse con su padre durante las vacaciones del Año Nuevo chino (a principios de 2010). Siempre y cuando, claro, no tenga que volver antes a casa por la crisis.En menos de un año, en el coloso oriental han cerrado más de 67.000 empresas, concentradas en las provincias manufactureras de la costa, como Guangdong, Fujian, Zhejiang y Jiangsu. Debido a la caída de las exportaciones por la reducción del consumo en Estados Unidos y Europa, los sectores más afectados han sido aquéllos que emplean mano de obra intensiva, como el textil, calzado y el juguetero. Bancarrota sonada Precisamente, una de las bancarrotas más sonadas del año pasado fue la de He Jun (Smart Union Group), una gran empresa de juguetes que trabajaba para importantes multinacionales como Disney y Mattel. Fundada en 1996 por empresarios de Hong Kong, la compañía se hundió en octubre al no poder hacer frente a los salarios que adeudaba a sus más de 7.000 operarios (3,5 millones de euros) ni a los pagos a sus 800 proveedores. Sólo en la fábrica de Zhangmutou, un distrito de la ciudad industrial de Dongguan, trabajaban unos 5.000 empleados. Es el caso de Shu Xiaqin, una joven de Sichuan que estaba destinada en el almacén, mientras su marido, al que conoció en la factoría, ocupaba uno de los puestos de la línea de producción. «Incluyendo horas extra, entre los dos ganábamos 2.700 yuanes (284 euros), ya que entre 2004 y 2007 hubo una buena época y una nueva ley subió el salario mínimo de entre 400 y 500 yuanes (entre 42 y 52 euros) a 770 yuanes (81 euros)», recuerda la mujer, que tiene dos hijos y se ha pasado siete de sus 27 años colocada en la «fábrica global». Eran los tiempos de la bonanza económica, cuando todo el planeta consumía los baratísimos productos «made in China» y los empresarios de Guangdong tenían que subir los sueldos para evitar que los «mingong» emigraran a otras provincias. Pero ahora todo eso se ha acabado, ya que los problemas comenzaron en la segunda mitad de 2008, cuando los trabajadores se quedaron sin cobrar tres meses de sus sueldos y los directores robaban los materiales de la fábrica y la producción. «El 14 de octubre hubo una huelga y los empleados tomaron las calles. Al día siguiente, llegó la Policía para cortar la luz y el agua porque el dueño había huido con el dinero», rememora amargada la mujer. «Sin recibir ninguna indemnización, mi marido fue despedido cuando cerró la fábrica de He Jun. Entonces supe que habría muchos problemas porque todas las familias de aquí vivían de dicha factoría», continúa Shu Xiaqin, que tiene «más de diez primos y sobrinos que se vieron obligados a volver a Sichuan tras la quiebra de la compañía». Pero ella se niega a marcharse porque su esposo sigue probando suerte en las cadenas de montaje chinas. «Ahora gana 1.300 yuanes (137 euros) en una fábrica de ropa tras haberse buscado la vida en Shenzhen y Dongguan como guarda y en empresas de plástico y electrónica», se contenta la joven, cuya familia vive en una cochera de 25 metros por la que paga cada mes 250 yuanes (26 euros), la mitad de lo que costaba antes. Es el único efecto beneficioso de la crisis, que sigue dejando a millones de «mingong» en la calle y convirtiendo a China en la «fábrica global» de parados. La «fábrica global» de parados Atrás quedan años en los que los empresarios tenían que subir el sueldo a los «mingong» (currantes) para retenerlos

Pablo M. Díez Enviado especial Guangzhou/Dongguan (China) Un viejo ventilador y una deshilachada bolsa de tela a cuadros con ropa. Después de pasarse tres años trabajando en una fábrica de Guangdong, en el sur de China, eso es lo único que se lleva de vuelta a casa Wei Chianghai. A sus 55 años, este campesino de la provincia de Sichuan se ha cansado de esperar el «milagro económico» del gigante asiático y, desengañado, regresa a su pueblo. «Llevo tres meses sin cobrar mi sueldo y, antes de que la compañía cierre, prefiero marcharme», explica hundido a EMPRESA a las puertas de la estación de trenes de Guangzhou. En China, éste es el lugar al que cada año llegan millones de «mingong» («currantes») que acuden a la región industrial de Guangdong para trabajar en las factorías que pueblan las ciudades de Foshan, en los alrededores de Guangzhou; Zhuhai, próxima a Macao; o Dongguan, cerca de Shenzhen y Hong Kong. Pero también es el sitio por el que escapan la mayoría de los trabajadores que no han visto cumplidos sus sueños y retornan a sus hogares en las provincias agrícolas del interior. Son más los que se van Como cualquier otro día, los aledaños de este inmenso edificio de frío estilo funcional están inundados por una marea humana que acarrea pesados fardos y aguarda, sentada en el suelo sobre hojas de periódico, la hora de salida de su tren. En los últimos tiempos, son más los que se marchan que los que llegan, ya que 20 millones de personas han perdido sus trabajos en las fábricas chinas desde que estalló la crisis en septiembre del año pasado. «Al principio, mi jefe prometía un sueldo mensual de 1.200 yuanes (126 euros), pero luego sólo pagaba 800 yuanes (84 euros) porque nos descontaba el resto para los gastos de la comida y el alojamiento en el dormitorio colectivo», se lamenta Wei Chianghai, quien estaba empleado en una fábrica de tintes de Xintang. Aunque Wei confiesa sin pudor que «nunca he oído hablar de la crisis financiera global», es una de sus víctimas. «Junto a mi empresa hay otras fábricas que están cerrando o a punto de ir a la quiebra, ya que los pedidos se han reducido considerablemente desde finales del año pasado», desgrana antes de tomar el tren hacia Chengdu, la capital de Sichuan. Para este trayecto de 30 horas, Wei Chianghai se ha provisto de un par de pequeños botes de tallarines instantáneos. «Esto es lo único que podré comer durante todo el viaje», se queja junto a su hija de 18 años, Wei Damei, que lo ha acompañado a la estación para despedirlo. Gracias a su empleo en distintos talleres de tintes, el padre pudo costearle a la joven los estudios en el colegio, pero al final ésta también ha acabado trabajando en una fábrica de electrónica de Guangzhou, donde gana unos 1.500 yuanes (158 euros) mensuales. «Tenemos miedo de perder nuestros empleos porque vemos que los sueldos están bajando y que mucha gente se queda en el paro al cerrar las fábricas», se lamenta la muchacha, que tiene previsto reencontrarse con su padre durante las vacaciones del Año Nuevo chino (a principios de 2010). Siempre y cuando, claro, no tenga que volver antes a casa por la crisis.En menos de un año, en el coloso oriental han cerrado más de 67.000 empresas, concentradas en las provincias manufactureras de la costa, como Guangdong, Fujian, Zhejiang y Jiangsu. Debido a la caída de las exportaciones por la reducción del consumo en Estados Unidos y Europa, los sectores más afectados han sido aquéllos que emplean mano de obra intensiva, como el textil, calzado y el juguetero. Bancarrota sonada Precisamente, una de las bancarrotas más sonadas del año pasado fue la de He Jun (Smart Union Group), una gran empresa de juguetes que trabajaba para importantes multinacionales como Disney y Mattel. Fundada en 1996 por empresarios de Hong Kong, la compañía se hundió en octubre al no poder hacer frente a los salarios que adeudaba a sus más de 7.000 operarios (3,5 millones de euros) ni a los pagos a sus 800 proveedores. Sólo en la fábrica de Zhangmutou, un distrito de la ciudad industrial de Dongguan, trabajaban unos 5.000 empleados. Es el caso de Shu Xiaqin, una joven de Sichuan que estaba destinada en el almacén, mientras su marido, al que conoció en la factoría, ocupaba uno de los puestos de la línea de producción. «Incluyendo horas extra, entre los dos ganábamos 2.700 yuanes (284 euros), ya que entre 2004 y 2007 hubo una buena época y una nueva ley subió el salario mínimo de entre 400 y 500 yuanes (entre 42 y 52 euros) a 770 yuanes (81 euros)», recuerda la mujer, que tiene dos hijos y se ha pasado siete de sus 27 años colocada en la «fábrica global». Eran los tiempos de la bonanza económica, cuando todo el planeta consumía los baratísimos productos «made in China» y los empresarios de Guangdong tenían que subir los sueldos para evitar que los «mingong» emigraran a otras provincias. Pero ahora todo eso se ha acabado, ya que los problemas comenzaron en la segunda mitad de 2008, cuando los trabajadores se quedaron sin cobrar tres meses de sus sueldos y los directores robaban los materiales de la fábrica y la producción. «El 14 de octubre hubo una huelga y los empleados tomaron las calles. Al día siguiente, llegó la Policía para cortar la luz y el agua porque el dueño había huido con el dinero», rememora amargada la mujer. «Sin recibir ninguna indemnización, mi marido fue despedido cuando cerró la fábrica de He Jun. Entonces supe que habría muchos problemas porque todas las familias de aquí vivían de dicha factoría», continúa Shu Xiaqin, que tiene «más de diez primos y sobrinos que se vieron obligados a volver a Sichuan tras la quiebra de la compañía». Pero ella se niega a marcharse porque su esposo sigue probando suerte en las cadenas de montaje chinas. «Ahora gana 1.300 yuanes (137 euros) en una fábrica de ropa tras haberse buscado la vida en Shenzhen y Dongguan como guarda y en empresas de plástico y electrónica», se contenta la joven, cuya familia vive en una cochera de 25 metros por la que paga cada mes 250 yuanes (26 euros), la mitad de lo que costaba antes. Es el único efecto beneficioso de la crisis, que sigue dejando a millones de «mingong» en la calle y convirtiendo a China en la «fábrica global» de parados. La «fábrica global» de parados Atrás quedan años en los que los empresarios tenían que subir el sueldo a los «mingong» (currantes) para retenerlos

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China, a toda máquina hacia la alta velocidad

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A 30 años luz de la China de Mao

Hace 30 años empezó a andar la nueva China del progreso y el crecimiento, la «fábrica global» que aspira a suceder a Estados Unidos como la primera potencia mundial. Entre el 18 y el 22 de diciembre

Pablo M. Díez. Corresponsal en Pekín Comentar
La crisis llega a la «fábrica global»

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Fábricas cerradas, trabajadores de patitas en la calle, puertos funcionando a medio gas y contenedores de mercancías varados en los almacenes a la espera de que los pedidos sean pagados. La crisis

PABLO M. DÍEZ CORRESPONSAL I PEKÍN. Comentar
El «crash» ataca al «Dragón rojo»

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Pablo M. Díez Corresponsal en Pekín Comentar
Sonidos españoles en el Pekín olímpico

Sonidos españoles en el Pekín olímpico

Los sonidos españoles conquistaron anoche el Pekín olímpico, donde se celebró, con gran éxito, un concierto de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla que, bajo la batuta del maestro Pedro Halffter

PABLO M. DÍEZ. CORRESPONSAL EN PEKÍN Comentar

Sonidos españoles en el Pekín olímpico

PABLO M. DÍEZ CORRESPONSALPEKÍN. Los sonidos españoles conquistaron anoche el Pekín olímpico, donde se celebró, con gran éxito, un concierto de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla que, bajo la