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La Marca Elcano

La primera circunnavegación lleva la marca española de Elcano y no es admisible la patrimonialización ni oscurecimiento de su figura

¿Las Vegas o Las Matas?

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La localidad madrileña recibe a sus visitantes con una copia «tuneada» del mítico cartel de la capital americana del juego

Jaque a la viruela

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La vacuna se transportaba en el interior del organismo de 22 huérfanos, por la imposibilidad de conservarlo en frío

ROBERTO MERINO MARTÍN Comentar
Guest - Trailer

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“Guest” tiene la forma de un diario de viaje. A lo largo de un año, aproximadamente, se da cuenta de los diferentes encuentros, retratos, observaciones, descripciones, pesquisas, crónicas y pequeños sucesos que jalonan los días pasados en Vancouver, Bogotá, São Paulo, La Habana, México DF, Nueva York, Boston, París, Tubinga, Lisboa, Hong-Kong, Macao, Seúl, Varsovia, Jerusalén… Estos pueden adoptar la forma del apunte fugaz o la del desarrollo secuencial, el registro de “cine-directo” o el “film-poema”.

El operador estadounidense de casinos LVS quiere abrir un 'mini Las Vegas' en España

El operador estadounidense de casinos Las Vegas Sands (LVS) negocia con autoridades locales españolas la posibilidad de construir un complejo hotelero dedicado al juego al estilo de los casinos que la compañía ya gestiona en Las Vegas, Singapur o Macao, y que supondría una inversión de entre 10.000 y 15.000 millones de euros y permitiría crear hasta 180.000 puestos de trabajo.

Celos en la «dinastía» Kim

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El díscolo hijo mayor del “Querido Líder”, apartado de la carrera por el trono norcoreano, se opone a que su hermanastro sea el sucesor de esta dinastía comunista

Lo español está de moda en Pekín

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La popular zona de ocio de Sanlitun en Pekín ya tiene su propio rincón español en un edificio de estilo andaluz que alberga una tienda de joyas, otra de comida, una de ropa, y cuatro restaurantes

Harbin, la ciudad de hielo

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Sus calles no están pavimentadas con asfalto, sino con nieve, y sus edificios no han sido construidos con ladrillos, sino con bloques de hielo. A 20 grados bajo cero, durante el invierno se mantienen

Tarquini «dobla» a Seat

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Si la veteranía es un grado, el italiano Gabriele Tarquini lo demostró ayer con creces en el circuito chino de Macao. Su título como campeón del mundo de pilotos de Turismos (WTCC, el tercer gran

España y Portugal: horizontes comunes

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En tiempos pasados nuestros dos países se lanzaron a la aventura de surcar los mares buscando nuevos horizontes y tierras que

JOSÉ ANTONIO MARTÍN PALLÍN Magistrado. Comisionado de la Comision Internacional de Juristas Comentar
La «fábrica global» de parados

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Un viejo ventilador y una deshilachada bolsa de tela a cuadros con ropa. Después de pasarse tres años trabajando en una fábrica de Guangdong, al sur de China, eso es lo único que se lleva de vuelta a

PABLO M. DÍEZ | GUANGZHOU/DONGGUAN (CHINA) Comentar

Muere Michael Jackson

Michael Jackson -el excéntrico cantante elevado en los ochenta hasta la categoría del rey del pop- falleció ayer víctima de una fulminante parada cardio-respiratoria sufrida en su residencia de Los

PEDRO RODRÍGUEZ | WASHINGTON Comentar
La «fábrica global» de parados

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Un viejo ventilador y una deshilachada bolsa de tela a cuadros con ropa. Después de pasarse tres años trabajando en una fábrica de Guangdong, en el sur de China, eso es lo único que se lleva de vuelta

PABLO M. DIEZ | ENVIADO ESPECIAL A GUANGZHOU/DONGGUAN (CHINA) Comentar
Pablo M. Díez Enviado especial Guangzhou/Dongguan (China) Un viejo ventilador y una deshilachada bolsa de tela a cuadros con ropa. Después de pasarse tres años trabajando en una fábrica de Guangdong, en el sur de China, eso es lo único que se lleva de vuelta a casa Wei Chianghai. A sus 55 años, este campesino de la provincia de Sichuan se ha cansado de esperar el «milagro económico» del gigante asiático y, desengañado, regresa a su pueblo. «Llevo tres meses sin cobrar mi sueldo y, antes de que la compañía cierre, prefiero marcharme», explica hundido a EMPRESA a las puertas de la estación de trenes de Guangzhou. En China, éste es el lugar al que cada año llegan millones de «mingong» («currantes») que acuden a la región industrial de Guangdong para trabajar en las factorías que pueblan las ciudades de Foshan, en los alrededores de Guangzhou; Zhuhai, próxima a Macao; o Dongguan, cerca de Shenzhen y Hong Kong. Pero también es el sitio por el que escapan la mayoría de los trabajadores que no han visto cumplidos sus sueños y retornan a sus hogares en las provincias agrícolas del interior. Son más los que se van Como cualquier otro día, los aledaños de este inmenso edificio de frío estilo funcional están inundados por una marea humana que acarrea pesados fardos y aguarda, sentada en el suelo sobre hojas de periódico, la hora de salida de su tren. En los últimos tiempos, son más los que se marchan que los que llegan, ya que 20 millones de personas han perdido sus trabajos en las fábricas chinas desde que estalló la crisis en septiembre del año pasado. «Al principio, mi jefe prometía un sueldo mensual de 1.200 yuanes (126 euros), pero luego sólo pagaba 800 yuanes (84 euros) porque nos descontaba el resto para los gastos de la comida y el alojamiento en el dormitorio colectivo», se lamenta Wei Chianghai, quien estaba empleado en una fábrica de tintes de Xintang. Aunque Wei confiesa sin pudor que «nunca he oído hablar de la crisis financiera global», es una de sus víctimas. «Junto a mi empresa hay otras fábricas que están cerrando o a punto de ir a la quiebra, ya que los pedidos se han reducido considerablemente desde finales del año pasado», desgrana antes de tomar el tren hacia Chengdu, la capital de Sichuan. Para este trayecto de 30 horas, Wei Chianghai se ha provisto de un par de pequeños botes de tallarines instantáneos. «Esto es lo único que podré comer durante todo el viaje», se queja junto a su hija de 18 años, Wei Damei, que lo ha acompañado a la estación para despedirlo. Gracias a su empleo en distintos talleres de tintes, el padre pudo costearle a la joven los estudios en el colegio, pero al final ésta también ha acabado trabajando en una fábrica de electrónica de Guangzhou, donde gana unos 1.500 yuanes (158 euros) mensuales. «Tenemos miedo de perder nuestros empleos porque vemos que los sueldos están bajando y que mucha gente se queda en el paro al cerrar las fábricas», se lamenta la muchacha, que tiene previsto reencontrarse con su padre durante las vacaciones del Año Nuevo chino (a principios de 2010). Siempre y cuando, claro, no tenga que volver antes a casa por la crisis.En menos de un año, en el coloso oriental han cerrado más de 67.000 empresas, concentradas en las provincias manufactureras de la costa, como Guangdong, Fujian, Zhejiang y Jiangsu. Debido a la caída de las exportaciones por la reducción del consumo en Estados Unidos y Europa, los sectores más afectados han sido aquéllos que emplean mano de obra intensiva, como el textil, calzado y el juguetero. Bancarrota sonada Precisamente, una de las bancarrotas más sonadas del año pasado fue la de He Jun (Smart Union Group), una gran empresa de juguetes que trabajaba para importantes multinacionales como Disney y Mattel. Fundada en 1996 por empresarios de Hong Kong, la compañía se hundió en octubre al no poder hacer frente a los salarios que adeudaba a sus más de 7.000 operarios (3,5 millones de euros) ni a los pagos a sus 800 proveedores. Sólo en la fábrica de Zhangmutou, un distrito de la ciudad industrial de Dongguan, trabajaban unos 5.000 empleados. Es el caso de Shu Xiaqin, una joven de Sichuan que estaba destinada en el almacén, mientras su marido, al que conoció en la factoría, ocupaba uno de los puestos de la línea de producción. «Incluyendo horas extra, entre los dos ganábamos 2.700 yuanes (284 euros), ya que entre 2004 y 2007 hubo una buena época y una nueva ley subió el salario mínimo de entre 400 y 500 yuanes (entre 42 y 52 euros) a 770 yuanes (81 euros)», recuerda la mujer, que tiene dos hijos y se ha pasado siete de sus 27 años colocada en la «fábrica global». Eran los tiempos de la bonanza económica, cuando todo el planeta consumía los baratísimos productos «made in China» y los empresarios de Guangdong tenían que subir los sueldos para evitar que los «mingong» emigraran a otras provincias. Pero ahora todo eso se ha acabado, ya que los problemas comenzaron en la segunda mitad de 2008, cuando los trabajadores se quedaron sin cobrar tres meses de sus sueldos y los directores robaban los materiales de la fábrica y la producción. «El 14 de octubre hubo una huelga y los empleados tomaron las calles. Al día siguiente, llegó la Policía para cortar la luz y el agua porque el dueño había huido con el dinero», rememora amargada la mujer. «Sin recibir ninguna indemnización, mi marido fue despedido cuando cerró la fábrica de He Jun. Entonces supe que habría muchos problemas porque todas las familias de aquí vivían de dicha factoría», continúa Shu Xiaqin, que tiene «más de diez primos y sobrinos que se vieron obligados a volver a Sichuan tras la quiebra de la compañía». Pero ella se niega a marcharse porque su esposo sigue probando suerte en las cadenas de montaje chinas. «Ahora gana 1.300 yuanes (137 euros) en una fábrica de ropa tras haberse buscado la vida en Shenzhen y Dongguan como guarda y en empresas de plástico y electrónica», se contenta la joven, cuya familia vive en una cochera de 25 metros por la que paga cada mes 250 yuanes (26 euros), la mitad de lo que costaba antes. Es el único efecto beneficioso de la crisis, que sigue dejando a millones de «mingong» en la calle y convirtiendo a China en la «fábrica global» de parados. La «fábrica global» de parados Atrás quedan años en los que los empresarios tenían que subir el sueldo a los «mingong» (currantes) para retenerlos

Pablo M. Díez Enviado especial Guangzhou/Dongguan (China) Un viejo ventilador y una deshilachada bolsa de tela a cuadros con ropa. Después de pasarse tres años trabajando en una fábrica de Guangdong, en el sur de China, eso es lo único que se lleva de vuelta a casa Wei Chianghai. A sus 55 años, este campesino de la provincia de Sichuan se ha cansado de esperar el «milagro económico» del gigante asiático y, desengañado, regresa a su pueblo. «Llevo tres meses sin cobrar mi sueldo y, antes de que la compañía cierre, prefiero marcharme», explica hundido a EMPRESA a las puertas de la estación de trenes de Guangzhou. En China, éste es el lugar al que cada año llegan millones de «mingong» («currantes») que acuden a la región industrial de Guangdong para trabajar en las factorías que pueblan las ciudades de Foshan, en los alrededores de Guangzhou; Zhuhai, próxima a Macao; o Dongguan, cerca de Shenzhen y Hong Kong. Pero también es el sitio por el que escapan la mayoría de los trabajadores que no han visto cumplidos sus sueños y retornan a sus hogares en las provincias agrícolas del interior. Son más los que se van Como cualquier otro día, los aledaños de este inmenso edificio de frío estilo funcional están inundados por una marea humana que acarrea pesados fardos y aguarda, sentada en el suelo sobre hojas de periódico, la hora de salida de su tren. En los últimos tiempos, son más los que se marchan que los que llegan, ya que 20 millones de personas han perdido sus trabajos en las fábricas chinas desde que estalló la crisis en septiembre del año pasado. «Al principio, mi jefe prometía un sueldo mensual de 1.200 yuanes (126 euros), pero luego sólo pagaba 800 yuanes (84 euros) porque nos descontaba el resto para los gastos de la comida y el alojamiento en el dormitorio colectivo», se lamenta Wei Chianghai, quien estaba empleado en una fábrica de tintes de Xintang. Aunque Wei confiesa sin pudor que «nunca he oído hablar de la crisis financiera global», es una de sus víctimas. «Junto a mi empresa hay otras fábricas que están cerrando o a punto de ir a la quiebra, ya que los pedidos se han reducido considerablemente desde finales del año pasado», desgrana antes de tomar el tren hacia Chengdu, la capital de Sichuan. Para este trayecto de 30 horas, Wei Chianghai se ha provisto de un par de pequeños botes de tallarines instantáneos. «Esto es lo único que podré comer durante todo el viaje», se queja junto a su hija de 18 años, Wei Damei, que lo ha acompañado a la estación para despedirlo. Gracias a su empleo en distintos talleres de tintes, el padre pudo costearle a la joven los estudios en el colegio, pero al final ésta también ha acabado trabajando en una fábrica de electrónica de Guangzhou, donde gana unos 1.500 yuanes (158 euros) mensuales. «Tenemos miedo de perder nuestros empleos porque vemos que los sueldos están bajando y que mucha gente se queda en el paro al cerrar las fábricas», se lamenta la muchacha, que tiene previsto reencontrarse con su padre durante las vacaciones del Año Nuevo chino (a principios de 2010). Siempre y cuando, claro, no tenga que volver antes a casa por la crisis.En menos de un año, en el coloso oriental han cerrado más de 67.000 empresas, concentradas en las provincias manufactureras de la costa, como Guangdong, Fujian, Zhejiang y Jiangsu. Debido a la caída de las exportaciones por la reducción del consumo en Estados Unidos y Europa, los sectores más afectados han sido aquéllos que emplean mano de obra intensiva, como el textil, calzado y el juguetero. Bancarrota sonada Precisamente, una de las bancarrotas más sonadas del año pasado fue la de He Jun (Smart Union Group), una gran empresa de juguetes que trabajaba para importantes multinacionales como Disney y Mattel. Fundada en 1996 por empresarios de Hong Kong, la compañía se hundió en octubre al no poder hacer frente a los salarios que adeudaba a sus más de 7.000 operarios (3,5 millones de euros) ni a los pagos a sus 800 proveedores. Sólo en la fábrica de Zhangmutou, un distrito de la ciudad industrial de Dongguan, trabajaban unos 5.000 empleados. Es el caso de Shu Xiaqin, una joven de Sichuan que estaba destinada en el almacén, mientras su marido, al que conoció en la factoría, ocupaba uno de los puestos de la línea de producción. «Incluyendo horas extra, entre los dos ganábamos 2.700 yuanes (284 euros), ya que entre 2004 y 2007 hubo una buena época y una nueva ley subió el salario mínimo de entre 400 y 500 yuanes (entre 42 y 52 euros) a 770 yuanes (81 euros)», recuerda la mujer, que tiene dos hijos y se ha pasado siete de sus 27 años colocada en la «fábrica global». Eran los tiempos de la bonanza económica, cuando todo el planeta consumía los baratísimos productos «made in China» y los empresarios de Guangdong tenían que subir los sueldos para evitar que los «mingong» emigraran a otras provincias. Pero ahora todo eso se ha acabado, ya que los problemas comenzaron en la segunda mitad de 2008, cuando los trabajadores se quedaron sin cobrar tres meses de sus sueldos y los directores robaban los materiales de la fábrica y la producción. «El 14 de octubre hubo una huelga y los empleados tomaron las calles. Al día siguiente, llegó la Policía para cortar la luz y el agua porque el dueño había huido con el dinero», rememora amargada la mujer. «Sin recibir ninguna indemnización, mi marido fue despedido cuando cerró la fábrica de He Jun. Entonces supe que habría muchos problemas porque todas las familias de aquí vivían de dicha factoría», continúa Shu Xiaqin, que tiene «más de diez primos y sobrinos que se vieron obligados a volver a Sichuan tras la quiebra de la compañía». Pero ella se niega a marcharse porque su esposo sigue probando suerte en las cadenas de montaje chinas. «Ahora gana 1.300 yuanes (137 euros) en una fábrica de ropa tras haberse buscado la vida en Shenzhen y Dongguan como guarda y en empresas de plástico y electrónica», se contenta la joven, cuya familia vive en una cochera de 25 metros por la que paga cada mes 250 yuanes (26 euros), la mitad de lo que costaba antes. Es el único efecto beneficioso de la crisis, que sigue dejando a millones de «mingong» en la calle y convirtiendo a China en la «fábrica global» de parados. La «fábrica global» de parados Atrás quedan años en los que los empresarios tenían que subir el sueldo a los «mingong» (currantes) para retenerlos

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