François-Marie Banier, el «amigo íntimo» de la dueña de L'Oreal - REUTERS

El «affaire Bettencourt» salpica a Sarkozy y hunde su popularidad

Suspendido el juicio de la hija contra el «amigo» de la millonaria

CORRESPONSAL EN PARÍS Actualizado:

Estamos ante un fabuloso escándalo, el de Liliane Bettencourt, con los ingredientes de evasión fiscal, corrupción política y sexo. El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, ha comentado: «Solo me faltaba esto».

«Esto» son los tentáculos del caso Liliane Bettencourt, la primera fortuna de Francia, heredera del grupo L'Oreal, cuyas millonarias donaciones a su «amigo íntimo», el fotógrafo François-Marie Banier, terminaron forzando la intervención de un consejero judicial de Nicolas Sarkozy. Acorralado está también Eric Woerth, ministro del Trabajo, responsable de la gran reforma del sistema nacional de pensiones, que era ministro del Presupuesto (2007- 2010) cuando comenzaron a revelarse las primeras grietas del edificio podrido.

Entre 2007 y 2009, la administración fiscal «observó» indicios de posible enriquecimiento ilícito en el «tren de vida» de Banier. Los inspectores advirtieron rápidamente a su autoridad jerárquica, en el ministerio del Presupuesto. El fotógrafo sufrió un control fiscal, pagó unos 100.000 euros de atrasos e impagados y se enterró el caso.

Sin embargo, Françoise Bettencourt-Meyers, la hija de Liliane, comenzó a sospechar que su madre era víctima de su «amigo íntimo». Y presentó la primera querella, que ha tardado varios años en comenzar a juzgarse, con un nuevo aplazamiento, ayer mismo.

La instrucción de ese proceso y la publicación de las conversaciones íntimas entre Liliane Bettencourt y el gestor de su patrimonio, Patrice de Maistre, han dejado al descubierto unas ramificaciones políticas inesperadas. Maistre cuenta con todo detalle sus citas y conversaciones, en el Elíseo, informando y recibiendo información de un consejero personal de Sarkozy. Quizá Sarkozy en persona pudo «influir» en el fiscal del tribunal de Nanterre, que instruyó el primer proceso contra Banier.

Tormenta de sospechas

Se trata de una sospecha «menor», comparada con la tormenta de indicios que azotan al ministro de Trabajo, Eric Woerth, y a su esposa, Florence. La instrucción del proceso que enfrenta a Françoise Bettencourt-Meyers con el «amigo íntimo» de su madre, y las grabaciones realizadas a escondidas, durante años, por un mayordomo despedido sobre la marcha (con 250.000 euros de indemnización), han dejado al descubierto estos indicios.

Entre el 2007 y abril de 2010, Liliane Bettencourt y el gestor de su fortuna discutieron en la intimidad todos los detalles de sucesivas operaciones de evasión fiscal: cuentas en Suiza, traslado de esas cuentas a Singapur y Hong Kong; compra y regalo de grandes propiedades (una isla, en las Sycheles), con un rosario de ilegalidades fiscales. Por esos mismos años, Florence Woerth trabajaba a las órdenes del gestor de la millonaria, en una empresa que se declaraba deficitaria, año tras año, cuando Bettencourt evadía impuestos masivamente.

Florence Woerth dimitió hace días de ese puesto. Pero en las conversaciones entre la millonaria y su gestor su nombre aparece una y otra vez, «la esposa del ministro, que trabaja para nosotros». Ayer mismo se descubría que el mismo ministro cenó en algunas ocasiones en casa de Liliane Bettencourt. Aconsejada por su gestor, Liliane Bettencourt hizo sucesivas donaciones, totalmente legales, para las campañas electorales de Sarkozy, Eric Woerth y otra ministra, Valery Pecresse. Se trata de sumas muy modestas, de 7.000 y 10.000 euros, el «techo» de la legalidad más absoluta. Nada que objetar. Sin embargo, tales donaciones son evocadas, en privado, con mucho cinismo: «No nos cuesta nada. Son cantidades irrisorias. Y nuestros amigos se quedan tan contentos», comenta Patrice de Maistre a Liliane Bettencourt.

La oposición socialista ha encontrado una «mina», pidiendo a toda hora la cabeza del ministro de la gran reforma del sistema nacional de pensiones. Y el escándalo ha terminado calando en la opinión. Según un sondeo que publicará mañana «Le Figaro Magazine», el 71 por ciento de los franceses «no confían» en Sarkozy, de quien solo tienen una opinión positiva el 26 por ciento de los franceses. La crisis también pesa mucho en la mala imagen del presidente. Pero el escándalo Bettencourt es percibido como una «guinda» podrida.