ANÁLISIS

Una visión desde Israel: ¿es esto una revolución?

El modo de Obama de gestionar la crisis proyecta una imagen negativa y plantesa serias dudas también en Israel

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La «revolución» de Egipto todavía es solo un levantamiento pero, aun así, puede considerarse un terremoto político y estratégico.

Israel ve con gran aprensión los acontecimientos que tienen lugar en Túnez, Egipto, Jordania, Yemen y más allá. No es que a los dirigentes y ciudadanos israelíes no les guste la idea de que se proclamen regímenes democráticos en estos países. El problema es que vivimos en este peligroso vecindario y somos conscientes de su historia reciente y más lejana.

Las «revoluciones» en esta zona se han convertido en regímenes militares autoritarios o dictatoriales (fíjense en Egipto, Argelia, Irán, Siria, Sudán). El Partido Islámico revolucionario de Irán ha asesinado y, en el mejor de los casos, encarcelado a sus colaboradores islamistas moderados, liberales y comunistas, y ha impuesto un régimen teocrático represivo. Las elecciones libres de la Autoridad Palestina llevaron al poder a Hamás, que mató a sus camaradas de Al Fatah en un golpe sangriento. ¿En qué situación está Líbano hoy, después del levantamiento popular de 2005 contra la ocupación siria y la victoria de las fuerzas del 14 de marzo en las elecciones de 2009? Ni siquiera la lenta islamización de Turquía con el AKP augura nada bueno para el futuro de la región.

En Egipto hay, a grandes rasgos, tres perspectivas posibles: la mejor sería que los militares estabilizasen la situación y encabezasen un lento proceso de democratización; la segunda son unas elecciones libres inmediatas que conduzcan a una coalición secular-liberal con la Hermandad Musulmana, aunque al final los islamistas se hagan con el poder por sus habilidades organizativas y su implacable determinación; la peor situación posible sería un periodo de caos y luchas internas como el que se está produciendo en Pakistán, con una actividad cada vez mayor de los radicales salafistas.

En los dos últimos casos, Hamás se verá reforzada en Gaza y el equilibrio en Cisjordania, y posiblemente en Jordania, podría también inclinarse del lado de los islamistas.

Quienes en Occidente están seguros de que «esto no es 1979 y de que los jóvenes egipcios aficionados a Facebook no van a seguir a la Hermandad Musulmana, que de por sí es poco más que una banda de fanáticos», no son conscientes de lo eficazmente que los islamistas y las redes de Al Qaida usan esas mismas herramientas modernas.

Oriente Próximo es presa de la agitación y cambiará enormemente aunque el levantamiento de Egipto fracase. Sin duda Israel pagará un precio. La televisión oficial egipcia ya acusa a los «judíos» de haber entrenado a «insurrectos» y se sabe que los enemigos liberales, nacionalistas y de izquierdas del régimen son extremadamente anti-israelíes, por no hablar de los islamistas.

Será muy interesante ver lo que pasa en Siria en los próximos días y semanas, y si allí la oposición se atreve a rebelarse contra el régimen dictatorial de Assad.

Podría darse un avance positivo si los acontecimientos en Egipto provocasen una revitalización del levantamiento reformista en Irán, donde la situación económica es desastrosa, y el odio hacia el régimen cada vez mayor después de la sangrienta represión.

El modo en que el Gobierno de Obama está gestionando la crisis y su repentina reprimenda al presidente Mubarak, el aliado más importante de Estados Unidos en Oriente Próximo, mientras que en junio de 2009 Obama no apoyó a las masas iraníes que se levantaron contra el régimen teocrático, proyecta una imagen muy negativa de EE.UU. ante otros dirigentes árabes y plantea serias dudas también en Israel.

Solo el tiempo dirá si un verdadero proceso de democratización es posible en Oriente Próximo, como sucedió en Europa del Este y Sudamérica, y si la paz y la estabilidad llegarán con él.

ELY KARMON ES EXPERTO ISRAELÍ EN ASUNTOS DE SEGURIDAD