<a href="">Alia Mossallam</a>

«Vienen heridos a navajazos»

Alia ha dejado a un lado su misión de observadora en Alejandría para asistir a los agredidos en Tahrir

ENVIADO ESPECIAL A EL CAIRO Actualizado:

Alia Mossallam sigue en primera persona los sucesos en la plaza de Tahrir. Junto a un grupo de amigos forma parte del núcleo duro que resiste el asedio de los seguidores de Mubarak. Desde la tarde del miércoles, éstos imponen su ley en las calles de El Cairo con total impunidad y tratan de hacerse con el control de la plaza. Ahora está en la capital, pero su trabajo como observadora de la organización Human Rights Watch le llevó a cubrir el estallido de la revuelta en Alejandría, segunda ciudad más importante, a 225 kilómetros al norte de El Cairo.

Allí realizó un informe sobre «la respuesta de las fuerzas de la seguridad ante las protestas», un trabajo que no puede realizar en Tahrir porque «aquí me dedico a atender a los heridos, están llegando muchos, sobre todo por piedras y navajas».

A sus 29 años, ha hecho un paréntesis en su doctorado (sobre la canción protesta en Egipto en los años 50 y 60 en la London School of Economics) para vivir «unos sucesos históricos» para el país. La misma decisión que han tomado miles de jóvenes egipcios en el extranjero, que han volado de vuelta a sus hogares para unirse a la revuelta. «Las protestas en El Cairo y Alejandría son diferentes debido al tamaño de las ciudades, allí todo ocurre más rápido. Aquí todo el mundo tiene que llegar hasta la plaza de Tahrir, pero en Alejandría la revolución empieza en cada calle», asegura Alia. En su informe recogió «los disparos de armas de fuego contra la multitud por parte de la Policía» y la «capacidad de los hospitales para convertirse inmediatamente en salas de emergencia para tratar al gran número de víctimas».

Tras la salida de los seguidores de Hosni Mubarak a las calles, la protesta pacífica de la oposición se ha convertido en una batalla campal que se ha cobrado al menos diez muertos y miles de heridos. «Es su forma de jugar, un intento de reventar lo que estaba siendo una protesta masiva y tranquila para pedir la dimisión del presidente, pero no lo conseguirán», augura esta joven activista. Lamenta además los ataques contra extranjeros —periodistas o no— y los enmarca dentro de «una política de silencio informativo» por parte de unas autoridades que «no quieren que el mundo vea lo que está pasando».