Victoria republicana que puede tener su precio en las urnas
Boehner, portavoz republicano en la Cámara de Representantes - AFP

Victoria republicana que puede tener su precio en las urnas

Un partido dividido lucha por no perder a sus votantes más moderados

CORRESPONSAL EN WASHINGTON Actualizado:

La victoria sobre Barack Obama en el pulso mantenido sobre la crisis de la deuda tuvo ayer de momento escasas celebraciones entre los republicanos. Además de salir también con varias heridas, todas las energías se centraron en la votación que debía tener lugar en la Cámara de Representantes, donde los republicanos cuentan con mayoría y podían mostrarse más divididos que nunca, poniendo en peligro la aprobación final del acuerdo y dando una imagen irresponsable y de falta de autoridad.

«Un triunfo del Tea Party», tituló en su editorial «The Wall Street Journal», reconociendo que los trazos esenciales del acuerdo siguen las principales demandas planteadas por la derecha de los republicanos. Pero en su naturaleza de movimiento de revuelta, a la hora de votar el acuerdo podría primar más el criterio del todo o nada. Tampoco había plena satisfacción entre otros diputados del grupo parlamentario, con diversos congresistas preocupados por un posible exceso de recortes para el Pentágono.

«Si lo hubiera escrito yo, tendría otro aspecto. Pero no habría aceptado ponerlo a votación si violara nuestros principios o fuera a dañar la economía», manifestó John Boehner, presidente de la Cámara de Representantes. El liderazgo de Boehner al frente de los republicanos en esa Cámara estaba ayer en liza. Del proceso de negociación no ha salido personalmente triunfante e incluso hay quien le acusa de haber dado aire a los demócratas al no haber logrado ofrecer una imagen de completa unidad entre los republicanos.

El principal reto republicano ahora es evitar que la población los perciba como la derecha que solo busca recortar el gasto público sin asumir que los más ricos paguen también su parte la crisis. En las encuestas publicadas en los últimos días se han visto premiados por su presión para reducir el déficit, mientras Obama era visto como reticente. Un sondeo de Gallup ha llegado a otorgar al presidente una intención de voto del 39%, frente al 47% de un eventual candidato republicano. Pero los sondeos también muestran que los estadounidenses, incluidos votantes republicanos, consideran más justo que se terminen los premios fiscales a los ricos que aplicar recortes en los programas de salud.

Daños colaterales

«En el corto plazo todos sufren políticamente», ha dicho David Axelrod, estratega de Obama, al indicar que cada bando sale de la negociación con rasguños. Pero considera que «en el largo plazo los republicanos ha hecho un gran daño a su marca, porque ahora se les define por sus voces más estridentes». Para otros analistas, mientras Obama ve perjudicada su imagen como presidente, por la tardanza en llegar a un acuerdo y no haber liderado propiamente el proceso, encuentra beneficiada su imagen como candidato. Sus opositores le han llegado a calificar de socialista por las gastos realizados al comienzo de mandato —rescates de la economía y reforma sanitaria—. Ahora puede presentarse como alguien dispuesto a aplicar la tijera.