El veto europeo provoca una crisis entre Clegg y Cameron

El líder liberal expresa su «profunda decepción» ante la decisión de no sumarse al acuerdo en Bruselas

CORRESPONSAL EN LONDRES Actualizado:

El viceprimer ministro británico, el liberal Nick Clegg, aprovechó ayer su entrevista en el confesionario de la clase política británica, el programa dominical de Andrew Marr en la BBC, para externalizar la frustración de los socios minoritarios del Gobierno que preside David Cameron. «Estoy amargamente decepcionado por el resultado de la cumbre. Creo que existe ahora el peligro de que el Reino Unido quede aislado y marginado dentro de la UE», dijo el líder liberal.

La histórica decisión de Cameron de emplear su derecho a veto, jaleada por los sectores euroescépticos y la prensa populista, ha tardado menos de 48 horas en convertirse en una crisis de gobierno. «No creo que sea bueno para el empleo ni para la City, no creo que sea bueno para el crecimiento», se desahogó Clegg, que intentó convalidar la actuación de su jefe refiriéndose a la «intransigencia de Francia y Alemania» y a la «posición difícil» en que le habían dejado los euroescépticos de su partido.

El joven político liberal no ha logrado impedir ir traicionando una a una, en aras de la gobernabilidad, las señas de identidad de su formación. La subida de las tasas universitarias le costaron el caudal de credibilidad gestado durante la campaña, y las políticas de austeridad son percibidas como un sapo con sabor conservador. Ahora, el portazo de Cameron es indigerible para una formación históricamente europeísta.

Clegg fue informado por teléfono por Cameron a las 4 de la mañana. El liberal «no se lo podía creer», según trascendió ayer, aunque ambas formaciones se esforzaron en presentar la decisión como concertada por ambos líderes. ¿Por qué no vetó Clegg el veto de Cameron?, se preguntan muchos liberales. Evaporadas las burbujas del champán que ha descorchado la rama euroescéptica radical del partido conservador, emergen cada vez más los contornos de un descomunal error táctico del Gobierno británico.

Los liberales, y el propio Cameron, llegaron al jueves convencidos de que podrían determinar el contenido de un acuerdo a 27. Para ello, la diplomacia británica hizo lo que siempre ha hecho con silenciosa eficacia en Bruselas: idear hasta el mínimo detalle técnico las salvaguardas, excepciones y protocolos con los que agujerear la legislación europea al servicio de Su Majestad. Pero no calibraron que el núcleo duro en torno a Sarkozy y Merkel estaba dispuesto guisárselo ellos mismos. Ni pudieron prever que la indignación de muchos países pequeños –enfadados por la estrategia de Londres de negociar menudeo en una cumbre para salvar la Unión— sería mayor incluso que la animadversión francesa. El 62% de los británicos apoyan, en todo caso, la decisión de su Gobierno, según una encuesta del «Mail on Sunday» ayer.

Liberales y laboristas han sacado el hacha de guerra contra los hipermovilizados euroescépticos. «Cameron actuó así porque la rama euroescéptica se ha apoderado , y eso no es bueno para el interés nacional», declaró ayer el líder laborista, Ed Miliband. En las filas liberales, crecen los rumores de que su otro hombre fuerte en el Ejecutivo, el ministro de Industria, Vince Cable, estudia dimitir. La estrategia del bulldog que exigían muchos conservadores ha terminado por estallar. «No hay nada bulldog en ver a Gran Bretaña planeando en algún lugar del Atlántico», dijo Clegg.