«Tras 40 años de ateísmo, Libia será del islam»
Varios gadafistas en una cárcel de la ciudad de Misrata - REUTERS

«Tras 40 años de ateísmo, Libia será del islam»

El gobierno provisional afirma que el hijo de Gadafi, Saif al Islam, en un intento por salvar su vida, quiere entregarse al Tribunal de La Haya

MIKEL AYESTARAN
ENVIADO ESPECIAL A TRÍPOLI Actualizado:

Los movimientos islamistas libios empiezan a perder el miedo después de cuatro décadas de clandestinidad y persecución. El régimen fue implacable con ellos, al igual que con el resto de partidos políticos prohibidos por Muamar Gadafi. Miles de personas acabaron entre rejas sin juicio previo y otros optaron por el exilio desde donde regresan ahora a la Libia liberada. La caída de Gadafi les ha abierto las puertas de la vida pública a la que regresan con la intención de orientar los pasos de un nuevo Estado cuya fuente única de jurisprudencia será la «sharía», según anunció el presidente del Consejo Nacional Transitorio (CNT), Mustafá Abdul Jalil, en el transcurso de la Declaración de la Victoria. El proceso de transición política es imparable aunque las autoridades insisten en la necesidad de capturar a Saif El Islam, hijo del dictador, para culminar el proceso.

Senussi, refugiado en Níger

El CNT informó precisamente de que Saif, único hijo de Gadafi que continúa con vida en Libia, y su ex jefe de Inteligencia, Abdulá al Senussi, al que ayer se situaba ya en Níger, propusieron su entrega al Tribunal Penal Internacional (TPI) en La Haya, extremo que sin embargo no fue confirmado por el TPI. Fue Saif quien en 2006 puso en marcha una política de amnistía a presos islamistas que culminó en 2010 liberando a miles de ellos.

Osama Ezanculi probó la cárcel y el exilio. Tras pasar cinco años en la prisión de Abu Salim sin conocer qué delito había cometido, fue liberado. Cogió un avión y voló al Reino Unido donde ha permanecido los últimos cuatro años. Ahora es el líder de la Brigada Tarhuna, una de las muchas integradas exclusivamente por salafistas que operan en el país. Sesenta jóvenes han peleado juntos los últimos meses y siguen uniformados «hasta que la situación se estabilice». Osama tiene muchas esperanzas en la nueva etapa porque «después de 42 años de ateísmo, por fin vamos a disfrutar de una Libia islámica».

Los grupos salafistas, una corriente rigorista del Islam, están captando a muchos jóvenes. «Recibimos solicitudes de ingreso cada día, pero la prioridad es ser buenos musulmanes», señala Osama en un inglés perfecto. Respecto a los cambios necesarios, este joven de 24 años piensa que «no es momento de imponer nada. La gente tiene fe y poco a poco irá entrando en la senda correcta. Con las mujeres, por ejemplo, pensamos que el uso del hijab (el velo) debe ser obligatorio como marca el Corán, pero la obligación debe partir de cada casa, padre o marido, no de las instituciones».

Hermanos Musulmanes

«La única diferencia entre los salafistas y los Hermanos Musulmanes es que los primeros no se meten en política», considera el jeque Mohamed Tabeth, que se declara «salafista moderado» y que acusa a los Hermanos de «desviarse del Islam verdadero para llegar al poder». El grupo nacido en Egipto en 1928 lleva operando en la clandestinidad en Libia desde 1967, pero ahora sus integrantes han salido del anonimato y quieren formar un partido político como en Túnez o Turquía. «En un mes decidiremos el nombre del nuevo partido y sus líderes. Nuestra aspiración es gobernar Libia y sabemos que si se celebran unas elecciones libres el pueblo votará a favor de un modelo islámico», apunta Abdul Majid Aburweim recién llegado de Estados Unidos donde ha pasado gran parte de su vida como exiliado del régimen. La presión de los servicios secretos le obligó a huir en 1995, otros compañeros no tuvieron la misma suerte y fueron condenados a muerte o, en el mejor de los casos, a cadena perpetua por su vinculación a los Hermanos Musulmanes.

El grupo es especialmente fuerte en el este del país. Aburweim eleva al millar el número de miembros activos que están poniendo en marcha la maquinaria, la mayor parte llegados del extranjero y con titulaciones superiores. «Nuestras patrias no son Libia, Egipto o Túnez, nuestra patria es el islam y en el exilio nos hemos conocido todos los hermanos que ahora estamos moviendo los hilos del cambio político, nos encontramos ante un verdadero cambio de modelo, ante el nacimiento de un nuevo islam político», afirma este ingeniero que combina su trabajo político, con la docencia en la universidad y los preparativos de su casa para que su familia pueda regresar de California después de casi dos décadas.