Sarkozy y Cameron ganan la carrera por Libia a Erdogán

Los dos líderes se adelantaron al primer ministro turco, que llega hoy a Trípoli, como primeros líderes mundiales que visitan el país tras la revolución

LUIS DE VEGA
ENVIADO ESPECIAL A TRÍPOLI Actualizado:

No hacía falta un Santo Tomás que metiera el dedo en la llaga por la que se desangra el régimen de Muamar Gadafi. Dudar de que Trípoli ha sido liberada es negar la realidad. Claro, que la presencia casi por sorpresa de Nicolas Sarkozy y David Cameron en la capital ha supuesto un auténtico bombazo de moral para los miembros del Gobierno transitorio y para los tripolitanos, que ayer no hablaban de otra cosa. La visita fue fugaz, de unas tres horas, pero bastó para internacionalizar la victoria rebelde en la batalla de Trípoli y de paso tratar de hundir un poco más en la miseria a los gadafistas.

Y bastó también para robar en el último momento la cartera al primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogán, que había anunciado su viaje a Libia con mucha más antelación que el francés y el británico y cuyo aterrizaje hoy tendrá menos chicha diplomática. Turquía flirteó con Gadafi hasta bien avanzada la revolución y después cambió de acera rápidamente cuando comprobó que el fin de la dictadura se acercaba. Ni Francia ni Gran Bretaña —impulsores directos de la operación internacional de castigo contra el régimen que desde el 19 de marzo lidera la OTAN y en la que no participa Ankara— querían que el colega turco se adelantase siendo el primer líder internacional en poner los pies en la Trípoli pos-Gadafi.

El secretario del Consejo Nacional Transitorio (CNT), Jaled Amer al-Turyuman, aseguró que Sarkozy tenía el derecho de ser el primer presidente en visitar el país, por la ayuda prestada por Francia a los rebeldes y dejó entrever que Erdogán perdió la carrera por un motivo religioso: «Él es musulmán y quiere estar en la plaza de los Mártires para el rezo, y eso, solo puede ser el viernes».

Aunque todos reconocieron que no hay que cantar victoria, las flores volaron en ambos sentidos en la comparecencia ante decenas de periodistas de todo el mundo que hicieron a cuatro atriles Sarkozy y Cameron junto al jefe del Gobierno rebelde, Mustafá Abdeljalil, y el primer ministro, Majmud Yibril. «Esta es vuestra revolución», dijo el «premier» británico, tras sentirse «impresionado» por la transformación de Trípoli pocos días después de la llegada de los opositores.

Permanencia de la OTAN

«Gadafi debe ser detenido», afirmó el presidente francés. «Los dictadores deben saber que no hay lugar en el mundo para que estén con impunidad», añadió en clara referencia a la que es una de las asignaturas pendientes de la nueva Libia, capturar al tirano. Yibril aprovechó la ocasión para pedir que la misión internacional de la OTAN siga protegiendo a los civiles y que se sigan descongelando en todo el mundo los fondos de las cuentas corrientes libias vinculadas al régimen anterior.

Ni Sarkozy ni Cameron quieren hablar del fin de los bombardeos de la alianza mientras haya ciudades como Sirte, Bani Walid o Sebha en manos de los leales al sátrapa. Cameron dijo, además, que podrían liberar 12.000 millones de libras además de los 1.000 millones ya liberados si sale adelante una nueva resolución que van a defender con Francia.

Ambas partes, europeos y libios, quisieron aclarar las dudas sobre posibles acuerdos entre bambalinas, pues nadie olvida que Libia es el noveno productor del mundo de petróleo y exporta el 80 por ciento a Europa. «La intervención de nuestros aliados y amigos no persigue ningún interés en forma de contratos. Nuestra prioridad será la transparencia», dijo Abdeljalil.

Ni Sarkozy ni Cameron pudieron apenas pisar las calles de Trípoli más allá de un hospital y el hotel donde comparecieron tras reunirse con los integrantes del CNT. La capital amaneció el jueves con decenas de agentes franceses alrededor de los lugares por los que se iban a mover ambos. Acompañaban a guerrilleros libios armados que trataron de impedir con más ahínco que en días anteriores que alguien quisiera aguar la fiesta con un atentado. De Trípoli la comitiva se dirigió en avión a Bengasi, bajo control absoluto de los insurgentes desde hace seis meses. Miles de personas recibieron en la plaza de la Liberación de Bengasi a Sarkozy y Cameron ondeando banderas francesas y británicas.