Los santuarios de Al Qaida

ABC
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MAGREB

Peligroso abanico de Mauritania a Chad

Al Qaida del Magreb Islámico (AQMI) nació en el quinto aniversario del 11-S. Se asentó en el que era por entonces la banda terrorista más activa en la región: el argelino Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC). El GSPC sigue realizando ataques casi de manera cotidiana en Argelia, ha mejorado su aparato propagandístico y de comunicación y ha extendido sus tentáculos hasta convertir el norte de Malí en un importante santuario. Aquí mantiene a los extranjeros que secuestra en la región, como los tres cooperantes catalanes capturados en 2009. El grupo ha abierto un peligroso abanico de Mauritania hasta Chad.

AFGANISTÁN-PAKISTÁN

La frontera invisible

Las áreas tribales suponen aproximadamente el 25 por ciento de la superficie actual de Pakistán, en el área que va de Quetta a Peshawar. La población es mayoritariamente de etnia pashtún y vive a caballo entre Afganistán y Pakistán, sin tener que pasar fronteras o controles de aduanas. No pertenece a ningún país. Sus lealtades se deben a uno de los 400 clanes que conforman las cerca de sesenta tribus. Esta área, donde viven más de tres millones de personas (según el último censo de 2000) en una superficie de 27.220 kilómetros cuadrados, no la pudieron controlar ni los ingleses ni los rusos a lo largo de la historia. Ahora es el turno de paquistaníes y americanos que, tras la crisis de la Mezquita Roja, trabajan de forma conjunta desde tierra y aire en la lucha contra los grupos talibanes entre los que tienen refugio los milicianos de Al Qaida y sus líderes.

PENÍNSULA ARÁBIGA

La nueva amenaza global

Al Qaida en la Península Arábiga (AQPA), movimiento que integra a las facciones saudí y yemení de Al Qaida, ha logrado en dos años elevar el grado de amenaza de Yemen hasta la calificación de «global» gracias a sus acciones contra legaciones extranjeras en Saná y sus intentos de atentado en aviones con destino a Estados Unidos. Pero las raíces del grupo se remontan al final de la «yihad» en Afganistán, que trajo de vuelta a casa a luchadores que con el tiempo se convirtieron en la base de Al Qaida y que han vivido a salvo en suelo yemení tras una especia de acuerdo no escrito con las autoridades por el que no atentaban en sus fronteras. Esta regla se rompió en 2000 tras el ataque a un barco norteamericano en Adén y las autoridades estadounidenses y británicas movieron ficha. La cooperación con EE.UU. ha abierto la puerta en los últimos meses a los ataques selectivos de aviones no tripulados.

SURESTE ASIÁTICO

Un califato de Indonesia hasta Filipinas

En Indonesia opera el grupo islamista radical Jemaah Ansharut Tauhid (JAT), que comunicó ayer: «Al Qaida no ha muerto y la “yihad” no perecerá, porque es un mandato de la religión, no de particulares». JAT está liderada por el clérigo Abu Bakar Bashir, de 72 años. Es el fundador también de Jeemah Islamiyah (JI), el brazo de Al Qaida que pretende instaurar un califato islámico en Indonesia, Malasia, Singapur, Brunei y el sur de Filipinas. Se trata de un controvertido «maestro religioso»juzgado varias veces por sus violentos sermones y encarcelado por inspirar el atentado de Bali que en 2002 se cobró 202 muertos.

SOMALIA

Un millar de terroristas africanos para Al Qaida

Las brigadas somalíes de Al Shabab —consideradas la rama de Al Qaida en el Cuerno de África—asesinaron en julio, en dos atentados sincronizados, a cerca de 76 personas en Uganda. El grupo, liderado por el clérigo radical Abu Zubeyr, cuenta en estos momentos con un millar de terroristas, apoyados al parecer de forma económica y logística por el Gobierno de Eritrea.