Republicanos y demócratas vislumbran el final del túnel

El Congreso y la Casa Blanca ultiman un acuerdo que evite la quiebra, con fuertes recortes y un mayor endeudamiento para aplacar a los mercados

CORRESPONSAL EN WASHINGTON Actualizado:

Un pacto para elevar el techo de la deuda estadounidense parecía anoche abrirse finalmente paso, a tiempo para la apertura hoy de los mercados financieros, que de lo contrario podrían haber castigado severamente el caos político en Washington. El acuerdo, que al cierre de esta edición contaba ya con firma del líder demócrata en el Senado y quedaba pendiente la rúbrica republicana, iba a ser aprobado esta madrugada en la Cámara Alta, para luego ser sometido a votación esta tarde (hora española) en la Cámara de Representantes, a solo unas horas de la anunciada entrada en suspensión de pagos, que así sería evitada.

El acuerdo permitirá incrementar el techo de deuda en unos 2,4 billones de dólares, que darán oxígeno al Gobierno federal hasta 2013, a cambio de unos recortes del gasto público de unos 3 billones de dólares en los próximos diez años. El pacto recoge la mayor parte de las reivindicaciones de los republicanos. Su intransigencia tal vez les acarrée el castigo de la opinión pública, pero ha probado ser eficaz al aplicar un importante recorte del déficit sin aumento de impuestos.

Concesiones de Obama

Las concesiones de Obama llevaron a varios demócratas a rechazar el pacto en una votación celebrada a mediodía en el Senado (50 votos frente a 49), cuando aún no se conocían todos los detalles del pacto y seguían las conversaciones. Esa reacción endureció las posturas de la Casa Blanca en las negociaciones, con la advertencia entonces de los republicanos de que habría dificultades para que el texto tuviera la aquiescencia de la Cámara de Representantes. En ésta bastaría que el grueso del grupo republicano se apuntara al consenso, dejando descolgados a los miembros del Tea Party que no desearan sumarse.

La votación en el Senado en realidad fue una farsa, ya que lo que se votó fue el plan del líder de la mayoría demócrata, Harry Reid, que será enmendado para acoger los términos pactados entre la Casa Blanca y el líder de la minoría republicana en el Senado, Mitch McConnell. Pero se utilizó ese mecanismo para no tener que esperar a tener el plan final sobre la mesa y entonces solicitar su votación, lo que habría retrasado la tramitación parlamentaria, sin poder alcanzar la fecha límite del 2 de agosto.

Así, el plan que se abre paso es el de Mitch McConnell, no el de Reid ni el del jefe de la mayoría republicana en la Cámara Baja, John Boehner, aunque asume la mayor parte de los requerimientos de éste. Del planteamiento de los demócratas, prácticamente solo se acepta subir el techo de la deuda hasta 2013, sin un nuevo debate y votación el próximo año, algo que Obama creía que perjudicaría su campaña para la reelección.

Uno de los elementos clave es el que McConnell apuntó diez días atrás: que la autorización de más deuda se ejecute sin que se vote sobre las condiciones en que se produciría, evitando así la incomodidad de numerosos congresista en votar apartados que no comparten. De esta forma, el techo de endeudamiento, que mañana alcanzará el tope autorizado de 14,3 billones de dólares, se elevará a no ser que dos tercios de las dos Cámaras se opongan.

Dos tramos

La subida del límite de deuda se haría en dos estadios. El primero sería inmediato, permitiendo un endeudamiento extra de alrededor de 1 billón de dólares, a cambio de recortes del gasto por una cantidad similar a lo largo de los próximos diez años. El segundo estadio tendría lugar el año que viene, con la autorización de 1,4 billones más de deuda, que estaría sujeta a una reducción del gasto de al menos 2 billones de dólares. La clave de esta segunda fase es que el montante final y las partidas a recortar deberán ser fijadas por un nuevo supercomité bipartidista integrado por doce miembros, con el fin de hacer más manejables las negociaciones.

Ambas ideas, la de permitir mayor endeudamiento en dos fases y la de crear ese supercomité, proceden de los republicanos, que además anoche parecían lograr que no se explicite ninguna subida de impuestos.

Algunos de los últimos flecos tuvieron que ver precisamente con los mecanismos que obligarían a la nueva comisión a alcanzar un acuerdo sobre futuros recortes del déficit. Una manera de forzar el pacto en esa comisión, según se discutió en las negociaciones, sería la amenaza de recortar un 4% los gastos en Defensa y Seguridad Social (partidas sagradas, respectivamente, para republicanos y para demócratas) en caso de que la comisión no se pusiera de acuerdo de dónde aplicar la tijera.

La jornada transcurrió entre mensajes optimistas sobre un posible final feliz de las negociaciones y avisos desde ambos lados de que todo se estaba torciendo. La portavoz demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi puso aún más intriga, al descolgarse con una declaraciones que le añadían más suspense a las negociaciones: «Podría ser que no todos seamos capaces de apoyarlo». Por su parte, el líder de los republicanos en en esta misma Cámara, John Boehner, fue menos radical, aunque señaló que había «una serie de puntos que aún tienen que ser resueltos».