Los republicanos más conservadores cargan contra Romney y apoyan a Gingrich
A Mitt Romney se le multiplican los problemas - afp

Los republicanos más conservadores cargan contra Romney y apoyan a Gingrich

Rick Perry, que anuncia su retirada, y Sarah Palin respaldan al ex presidente de la Cámara de Representantes

CORRESPONSAL EN WASHINGTON Actualizado:

De pronto, a Mitt Romney le han comenzado a ir mal las cosas. A la falta de transparencia de sus finanzas personales, puesta de manifiesto los últimos días, se unió ayer la retirada de Rick Perry y el entusiasta apoyo de este a Newt Gingrich. Cuando falta solo un día para que se vote en las decisivas primarias de Carolina del Sur, un estado de fuerte voto conservador, Gingrich emerge como la «alternativa de derecha» al moderado Romney. También Sarah Palin, la «musa» del Tea Party, ha pedido el voto para él.

Las últimas encuestas incluso indican que es posible la victoria de Gingrich este sábado. El instituto Rasmussen le daba ayer el 33% del voto, frente al 31% de Romney. La consolidación de Gingrich se haría, además, a expensas de un Rick Santorum a la baja (11%), sin que este pueda capitalizar el hecho de que la revisión final de los caucus de Iowa le haya dado como ganador (primero fue declarado vencedor Romney por 8 votos, ahora lo es Santorum por 34, aunque se han perdido votos de ocho mesas).

Esto no priva a Romney de la etiqueta de favorito, pero le obliga a tomar medidas urgentes en relación a sus cuentas personales. El exgobernador de Massachusetts, con una fortuna personal de unos 250 millones de dólares, es una de las personas más ricas que jamás han optado a la presidencia de Estados Unidos. Pero aunque esto puede aceptarlo el electorado sin muchos reparos, más problemática es la percepción de que puede estar engañando a la hora de pagar impuestos.

El hecho de que Romney se haya negado a hacer pública su declaración de la renta y su expresa intención de darla a conocer en abril, cuando podría ya tener la nominación en el bolsillo, ha levantado las suspicacias. Solo ha indicado que «probablemente» paga el 15% de sus ingresos. Lo que viene a ser la mitad de lo que paga la clase media, aunque se ajusta a una situación en la que no hay salario y la mayor parte de las ganancias provienen de las rentas del capital. Ha admitido, por otra parte, que en un solo año haya ha percibido 370.000 dólares por pronunciar conferencias («no mucho», dijo, acentuando su imagen de rico que no percibe las necesidad de la gente de la calle).

No dejan de aparecer puntos oscuros. Uno es que, según la cadena ABC, podría tener hasta 33 millones de dólares invertidos en una docena de fondos con sede en el paraíso fiscal de las Islas Caimán. Su equipo de campaña asegura, sin dar detalles, que ese dinero invertido tributa en EE.UU. como si se tratara de inversiones en sociedades con sede en territorio nacional. Otro aspecto es el puesto de manifesto por «The Wall Street Journal», que estima «muy inusual» que Romney tenga parte de su fortuna en su fondo personal de pensiones, lo que le permite mayores desgravaciones fiscales. No sería algo ilegal, pero sí un mecanismo de ingeniería financiera para pagar menos impuestos.

Por otra parte, la revelación de que Romney, como mormón, paga una importante suma (el 10% de sus ingresos) a la Iglesia de los Santos de los Ultimos Días tampoco le ayuda ante un electorado evangélico que desconfía enormemente de los mormones, a los que no considera cristianos. Precisamente en el terreno religioso y del voto evangélico es donde más quiso incidir el gobernador de Texas, Rick Perry, al anunciar ayer su retirada y su apoyo a Gingrich. Le presentó como «verdadero conservador» y persona realmente religiosa.