La renuncia de EE.UU. a liderar la operación divide a los aliados

Italia sólo reconoce el mando de la OTAN para la utilización de sus bases

ENRIQUE SERBETO
CORRESPONSAL EN BRUSELAS Actualizado:

Los ministros de Exteriores europeos apenas lograron ayer disimular las divergencias de puntos de vista esenciales entre los dos elementos motores de la maquinaria europea: Francia, que ejerce un papel esencial en la operación militar contra el régimen de Gadafi, y Alemania, que arrastra sus reticencias junto a un grupo de países del este como Polonia. La falta de un liderazgo claro de Washington, que tampoco está participando con entusiasmo y no tiene claro si quiere derribar a Gadafi, se deja sentir también en la OTAN, que ayer celebró una enésima reunión sin llegar a un acuerdo salvo para volver a reunirse hoy en su afán por intentar aclarar cuál es su papel en este conflicto.

Los europeos aprobaron una declaración diciendo que están «determinados a actual colectivamente» en Libia, pero a efectos prácticos eso se reduce solamente a una posible acción humanitaria. La Alta Representante Catherine Ashton dijo que «no aceptaba comparaciones con ninguna situación anterior» cuando fueron citadas referencias a las divisiones en la guerra de Irak, pero lo cierto es que las diferencias son cada vez más difíciles de disimular.

En la OTAN, hasta ahora se sabía que el principal obstáculo eran las reticencias de Turquía, intentado delimitar en todo lo posible la intervención de la Alianza. Sin embargo, ayer quedó claro que tampoco Francia quiere que la OTAN tenga un papel destacado en las operaciones en Libia, por temor a que los países árabes que la apoyan se sientan incómodos con su propia presencia en la coalición internacional.

El ministro de Exteriores, Alain Juppé, lo admitió ayer en la reunión con sus colegas de la Unión Europea en Bruselas. «Los que piden que la OTAN participe son los que piden también que se escuche a los árabes cuando los árabes ya han dicho claramente que no desean una implicación directa de la OTAN» dijo el ministro francés. Su colega española, Trinidad Jiménez, ha resuelto la disyuntiva con una solución salomónica: «Para España está tan bien que la operación la coordine la coalición como que lo haga la OTAN». En estos momentos el mando está en manos de Estados Unidos, que quisiera descargar este papel en manos de la Alianza cuanto antes, pero según fuentes diplomáticas europeas, la eventual participación de la OTAN se limitaría al refuerzo de la operación marítima de embargo de armamento. Esta misión podría basarse en una resolución anterior del Consejo de Seguridad de la ONU si la OTAN no llega a hacerse cargo de la zona de exclusión aérea.